Muchos comparan el secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del sábado en Caracas con la operación Causa Justa en Panamá en enero de 1990, en la que el ejército de EE.UU. detuvo al presidente Manuel Noriega, acusado, como Maduro aunque con mucho más fundamento, de ser narcotraficante.
No hay cambio de régimen ni elecciones sino un acuerdo “salomónico” para lograr inversión del Big Oil
Muchos comparan el secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del sábado en Caracas con la operación Causa Justa en Panamá en enero de 1990, en la que el ejército de EE.UU. detuvo al presidente Manuel Noriega, acusado, como Maduro aunque con mucho más fundamento, de ser narcotraficante.
Pero hay dos diferencias clave. Una: aunque Donald Trump dijo en su rueda de prensa que no tiene miedo a “poner las botas en suelo” venezolano, una invasión al estilo panameño, donde fueron desplegadas 20.000 soldados, parece improbable.
Segundo: tras la caída de Noriega -un ex agente de la CIA- , EE.UU. reinstaló el sistema de democracia liberal en Panamá. En cambio, Donald Trump no habló de elecciones en su comparecencia y descartó que la opositora María Corina Machado lidere el país, ya que “carece del apoyo y el respeto dentro del país”. Trump anunció el plan de Estados Unidos para “gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y prudente”, indicando que Marco Rubio, el secretario de Estado, y Pete Hegseth, el secretario de Guerra, serían los gobernantes de Venezuela, sin explicar cómo.
“Esto no es otro Panamá, o sea una invasión a plena escala tras desmantelar y destruir las fuerzas de defensa panameñas”, dice Noel Maurer, ex militar y autor de la historia del canal de Panamá The Big Ditch, ahora experto en América Latina de la Universidad de George Washington. Al “tirar a Machado debajo del autobús (…) queda claro que Trump tampoco quiere reestablecer la democracia”, dijo.
Desplegando 150 aviones -incluidos F-22, F-35, F-18, E-2-, decenas de helicópteros y fuerzas en tierra, los militares estadounidenses “usaron fuerza abrumadora, y esa sí es una lección sacada de Panamá”, dice Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida en Miami. “Pero no se aprendió la otra lección de Panamá: que no deberías quedarte para gobernar el país invadido”. Trump dijo en su rueda de prensa que “no vamos a salir (…) vamos a tomar el control” pese a que ya se habían retirado los soldados empleados para secuestrar a Maduro en su residencia en Miraflores.
He aquí el misterio de la operación Resolución Absoluta llevada a cabo el sábado en Caracas. ¿Cómo pretende Trump gobernar el país si no realiza una invasión y ocupación militar?
¿Cómo pretende Trump “gobernar Venzuela” sin una ocupación?
La respuesta es que, lejos de cambiar de régimen, Trump ha decidido mantener el actual gobierno chavista, bajo la presidencia de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que ha asumido las riendas del poder desde la salida de Maduro. “El chavismo se mantiene en el poder, no hay señales de un golpe; van a continuar ejerciendo el control militar,” dice Francisco Rodríguez, ex asesor de Henry Falcon de la oposición moderada, ahora afincado en EE.UU. La decisión de dar la espalda a Machado puede responder a que Trump “haya decidido que la estructura del Estado con el chavismo es más gobernable”, prosigue.
Esta tesis fue corroborada por fuentes en la Administración Trump citadas en el New York Times que elogiaron el pragmatismo de Rodríguez: “No estoy diciendo que ella sea la solución definitiva a los problemas del país, pero sin duda es alguien con quien creemos que podemos trabajar”, dijo uno.
El desafío para Delcy Rodríguez será mantener, durante un largo periodo de transición, un gobierno nominalmente soberano con el apoyo de las fuerzas armadas y otros centros de poder chavista, sin provocar a Trump. El presidente estadounidense amenazó a la nueva presidenta en una entrevista publicada el domingo en la revista The Atlantic: “Si ella (Rodríguez) no hace lo que debe, pagará un precio muy alto, probablemente más alto que Maduro”.
Rodríguez intentará aplacar a Trump mediante concesiones a las grandes petroleras estadounidenses, con las que ella mantiene buenas relaciones. Según Gamarra, la buena química entre Rodríguez y el magnate petrolero estadounidense Harry Sargeant III, un importante donante a la máquina política trumpista, está detrás del acuerdo.
La reentrada de las petroleras estadounidenses de la Big Oil en Houston estaría garantizada en ese escenario, aunque Rodríguez haría lo posible para evitar la privatización radical de PDVSA defendida por Corina Machado. Chevron, que se ha llevado bien con los regímenes chavistas, facilitaría el proceso en el cual Trump pretende movilizar “miles de millones de dólares” a través de inversiones de “nuestras empresas petroleras muy grandes”. Pero Rubio explicó el domingo que el bloqueo petrolero se mantendrá para presionar al gobierno.
“Si ella no hace lo que debe pagará un precio muy alto”, amaneazó Trump
En su primera rueda de prensa el sábado, Rodríguez llamó a la movilización del país contra una agresión cuyo “objetivo es el cambio de régimen”. Pero, según Trump, la nueva presidenta ya había negociado con Rubio un modus vivendi con EE.UU. Un grupo de países liderados por el gobierno de Lula en Brasil han reconocido a Rodriguez como la legítima presidenta del país.
El reto para Trump, por su parte, será cuadrar sus declaraciones sobre el control estadounidense sobre Venezuela con la realidad de que el chavismo, por debilitado que esté, sigue en el poder. Contará con que el efecto de juzgar a Maduro en un tribunal estadounidense sea suficiente como para satisfacer a los segmentos de su coalición que quieren un cambio de régimen inmediato liderado por Maria Corina Machado. Pero Rodríguez ya se consolida en el poder.
”A diferencia de Panamá hemos decapitado al gobierno venezolano, pero el estado se mantiene intacto (…) el régimen bolvariano aun esta vivo,” dice Maurer.
Tras la disputa entre el neoconservadurismo de Marco Rubio y Stephen Miller, defensores del cambio de régimen, y el pragmático Rick Grenell, próximo a Chevron, que apoyaba un acuerdo con Maduro, “han buscado una solución salomónica”, dice Gamarra. Eso sí, Delcy Rodríguez “tiene que seguir fingiendo que esté luchando contra Trump”, añade.
Esta solución salomónica podría saltar por los aires en cualquier momento. Por un lado, Delcy Rodríguez intentará ganar espacio de maniobra explotando los recelos que existen en la Casa Blanca —a pesar de la fanfarronería de Trump— a invadir Venezuela. Con el chavismo ya en las calles y muchos venezolanos dispuestos a tomar armas contra un invasor, una ocupación fácilmente se convertiría en un baño de sangre. “A mi Maduro me importa poco pero tomaré armas para defender la patria” dijo Luis Martinez de la Universidad central de Caracas en una conversación con La Vanguardia el mes pasado en la capital venezolana.
Rodríguez usará las buenas relaciones Rusia y China para frenar a quienes en el entorno de Rubio aún pretenden aniquilar el chavismo. Tanto Moscú como Beijing condenaraon enérgicamente la agresión estadounidense a la soberanía venezolana
Por otro lado, Trump intentará mantener a Rodríguez bajo su control mediante las habituales amenazas ahora respaldadas por el éxito de la operación para secuestrar a Maduro . El presidente estadounidense dijo el sábado que había tanteado una “segunda ola ” de ataques militares, pero que “por el momento” no había sido necesario. “Lo mismo puede pasar a todos los líderes políticos y militares en Venezuela que a Maduro”, dijo el presidente estadounidense en tono intimidatorio durante la rueda de prensa el sábado.
Pero estas amenazas, asi como la rápida operación de secuestro a Maduro, más que una muestra de fuerza total, pueden ser un indicio de debilidad. Trump no puede ocupar Venezuela militarmente por motivos políticos. “Trump actúa de esta forma tan prepotente y grosera, porque sabe que tiene esa debilidad, que sería suicida para Estados Unidos ocupar el país con botas en el terreno” , dijo el analista venezolano Andrés Pierantoni.
Importantes voces de la corriente aislacionista de la coalición MAGA como Tucker Carlson y Marjorie Taylor-Greene ya han arremetido contra el plan de controlar directamente a un país latinoamericano. Ellos saben que la norma de Panamá aún es vigente: si no hay apoyo a un golpe de Estado dentro de las fuerzas armadas, solo la ocupación militar bastará para realizar un cambio de régimen.
Internacional
