La degradación ferroviaria

En el AVE Madrid-Barcelona con salida programada ayer a las 10.27 h de la estación de Atocha se escuchó nada más iniciar el viaje un aviso a los pasajeros: por decisión de los trabajadores de Renfe, el convoy no superaría los 230 km/h. A esa hora, Adif había levantado la restricción de velocidad anunciada el martes. Así que el mensaje solo podía interpretarse tal que así: diga lo que diga Adif, la seguridad no está garantizada. Por lo tanto, vamos a ir más despacio.

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 En el AVE Madrid-Barcelona con salida programada ayer a las 10.27 h de la estación de Atocha se escuchó nada más iniciar el viaje un aviso a los pasajeros: por decisión de los trabajadores de Renfe, el convoy no superaría los 230 km/h. A esa hora, Adif había levantado la restricción de velocidad anunciada el martes. Así que el mensaje solo podía interpretarse tal que así: diga lo que diga Adif, la seguridad no está garantizada. Por lo tanto, vamos a ir más despacio.Seguir leyendo…  

En el AVE Madrid-Barcelona con salida programada ayer a las 10.27 h de la estación de Atocha se escuchó nada más iniciar el viaje un aviso a los pasajeros: por decisión de los trabajadores de Renfe, el convoy no superaría los 230 km/h. A esa hora, Adif había levantado la restricción de velocidad anunciada el martes. Así que el mensaje solo podía interpretarse tal que así: diga lo que diga Adif, la seguridad no está garantizada. Por lo tanto, vamos a ir más despacio.

El día había amanecido con el ministro de Transportes, Óscar Puente, atribuyendo la huelga anunciada por los maquinistas a su estado de ánimo tras los accidentes de Adamuz y Gelida. El ministro, ahora también psicólogo a ratos libres, quizás olvida que menospreció al colectivo de maquinistas en agosto, cuando ni siquiera dio respuesta a sus advertencias sobre el deterioro de la red de alta velocidad. Lejos de eso, Puente anunció en noviembre actuaciones en el trazado Barcelona-Madrid para que los trenes alcanzaran los 350 km/h. Desde el presente, parece un chiste si se confronta con la realidad.

Cuando el servicio se presta tan a precario, el tren más seguro es el que está parado

No hay que escribir consignas políticas en las tapas de los ataúdes. Tampoco hay que abonar el miedo de los usuarios. Verdades del barquero, tantas veces traicionadas. Solo que esta vez ha sido el propio gestor de infraestructuras quien ha alimentado el resquemor de los usuarios. Ese es el efecto si se anuncia una revisión de urgencia de la vía Barcelona-Madrid tras un grave accidente, pues hace explícita una relación causal entre la tragedia de Adamuz y la reducción de velocidad de los trenes que unen la capital catalana y la española. A veces, quien pide serenidad es quien ya ha perdido los nervios.

Sea como fuere, el AVE al menos funcionó. Lejos de sus prestaciones, pero funcionó. A la misma hora que ese convoy de alta velocidad iniciaba su andadura, el servicio de cercanías estaba suspendido en toda Catalunya. Y así permaneció todo el día. ¡La culpa es del cambio climático!, dicen los chistosos tratando al populacho de idiota. Como si un temporal de levante ya venido a menos y nada extraño en nuestras latitudes pudiera justificar la suspensión de todo el servicio ferroviario. Es verdad que llueve, y mucho, sobre mojado. Pero no en el sentido literal del término, sino en el metafórico. Porque el mejor momento histórico del tren, que diría el inefable ministro de Transportes, coincide con la degradación más extrema de las infraestructuras ferroviarias en Catalunya.

El ministro Óscar Puente
El ministro Óscar PuenteJAVIER SORIANO / AFP

La precaución es necesaria. Pero cuando la suspensión integral de un servicio viene motivada por un fenómeno climatológico que no pasará a los libros de historia, estamos ante algo más. Y ese algo es la certeza de que el servicio se presta tan a precario que no es necesario que suceda algo extraordinario para que el riesgo sea inasumible. Es entonces cuando el tren más seguro es el que está parado en el andén. Por cierto, ayer se echó mucho de menos un plus de beligerancia de la Generalitat socialista para con su hermano mayor de la Moncloa, pues hay que recordar que el PSOE gobierna España desde el 2018.

El tren de alta velocidad referido en el primer párrafo recibió una información de servicio cuando había dejado atrás Guadalajara. Adif anunció de nuevo que volvía a reducir la velocidad en algunos tramos de la línea a 160 km/h.

Fíjense en el despropósito. La infraestructura por la que circuló ayer este tren, salido de Atocha a las 10.27 h era la misma que la de antes de ayer. Nada había cambiado físicamente. Pero en ese plazo pasaron muchas cosas. Los billetes se adquirieron con la restricción de velocidad anunciada por Adif en vigor. El embarque se llevó a cabo con esas restricciones levantadas. Aun así, los profesionales de Renfe mantuvieron las suyas propias. Y, antes de finalizar el viaje, Adif había vuelto a imponer las suyas, limitando la velocidad a 160 km/h. ¡Un circo! Ante esta tragicomedia de mal gusto, ¿es o no necesario preguntarse si hay algún maquinista político al mando? Es una falsa pregunta, pues sabemos que sí lo hay. Entonces, la cuestión debe ser otra: ¿está capacitado para cumplir con su responsabilidad? Ante tanta degradación, cuesta imaginar que pueda mantenerse un sí por respuesta.

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