Kon Knueppel llegó a la NBA con fama de gran tirador tras una temporada, la pasada, brillante en la Universidad de Duke. Tan brillante que mereció ser el número 4 en el último draft de la NBA, lo que le llevó a Charlotte. Y en Carolina del Norte ha confirmado su fama de certero. Sus 270 triples, con un 42,7% de acierto, han batido el récord de más triples anotados por un novato en la historia de la Liga. Un récord, por cierto, que detentó Rudy Fernández (159 triples en la 2008-09), que ostentaba Keegan Murray (206 en la 2022-23) y que Knueppel ha hecho añicos.
El novato de los Hornets, que ha batido el récord de más triples anotados por un ‘rookie’, se formó entre los 14 y los 18 años en las ligas de gimnasio que organizaba su padre en Wisconsin
Kon Knueppel llegó a la NBA con fama de gran tirador tras una temporada, la pasada, brillante en la Universidad de Duke. Tan brillante que mereció ser el número 4 en el último draft de la NBA, lo que le llevó a Charlotte. Y en Carolina del Norte ha confirmado su fama de certero. Sus 270 triples, con un 42,7% de acierto, han batido el récord de más triples anotados por un novato en la historia de la Liga. Un récord, por cierto, que detentó Rudy Fernández (159 triples en la 2008-09), que ostentaba Keegan Murray (206 en la 2022-23) y que Knueppel ha hecho añicos.
Ser un gran tirador no depende tanto del talento, del tamaño o de la habilidad como del esfuerzo. “Se trata del trabajo que haces cuando nadie está mirando”, ha dicho al respecto Stephen Curry, probablemente el mejor tirador de la historia de la NBA. Por no dejarlo todo en manos de los contemporáneos, Larry Bird también consideraba que el trabajo es clave. “No sé si entrené más que nadie, pero desde luego entrené lo suficiente”. Para ello existen infinidad de rutinas, drills y ejercicios que los tiradores de elite practican una y otra vez. Dentro de la heterodoxia del tiro, la ortodoxia es el ensayo.
Knueppel ha sido también un ortodoxo del entrenamiento. Y al mismo tiempo, un heterodoxo. Además de lo que todo el mundo hacía, el joven alero de los Hornets añadió —no siempre a su gusto— una rutina más: jugar en las ligas de veteranos que su padre organizaba en su Wisconsin natal.
“Era el peor jugador, fácilmente”, reconoce Knueppel sobre su papel en las ligas de veteranos que organizaba su padre
Kon Knueppel, el padre del hoy Hornet, fue un jugador estelar en el mismo instituto que su hijo, pero no tuvo —ni de lejos— su carrera. La madre de Kon Jr, Chari Norgaard, también brilló en el baloncesto universitario. Kon es sobrino, por cierto, de Jeff Norgaard, exjugador del Bilbao (1997) que acabó nacionalizándose polaco y representando a su país de adopción en algún Eurobasket.
Ese pedigrí ha ayudado al nuevo récordman triplista de la NBA, aunque no le define. Kon Jr estudió y jugó en el High School de Wisconsin Lutheran en Milwaukee (Wisconsin). Pero al mismo tiempo, su padre le llevó, de los 14 a los 18 años, a jugar con sus colegas en las ligas de gimnasio.
Uno puede pensar que un jugador con futuro NBA destacaría jugando contra cuarentones de mucho menos talento. Pero no es así. Las ligas amateur de adultos en la que jugó Knueppel, las llamadas Closed Gym Leagues (CGL), no están hechas para la belleza. La que organizaba su padre, tampoco. Las defensas eran duras, los árbitros —si había— pitaban poco o nada y, por falta de talento o forma física, el balón no volaba hacia la mejor opción. “No vas a tener tiros liberados. Tienes que ganártelo todo”, explica un veterano de las CGL a The Wall Street Journal.

Así, el adolescente Knueppel tenía que cruzar bloqueos duros, chocar contra adultos con el doble de volumen que él, recibir dos o tres faltas que el árbitro no veía (o decidía no ver) y sacarse las castañas del fuego para sacar espacio en el que recibir un mal pase y tener un tiro medianamente liberado. Una y otra vez durante cuatro años. “Era el peor jugador de esa Liga, fácilmente”, reconoce Knueppel, también en The Wall Street Journal.
Con el tiempo y la mejora física y de condiciones, Knueppel fue destacando en las ligas amateur. El volumen ya no era un problema, la rapidez le daba ventaja. Cuando se acercó a la élite y empezó a jugar con iguales en calidad, con árbitros que ya pitaban falta algo más que de vez en cuando, y recibiendo pases en el momento preciso y en las circunstancias adecuadas, su paso por las CGL cobró sentido.
Las ligas de papá le habían hecho un mejor tirador, precisamente por lo caro que resultaba ejecutar un buen tiro. Y sus 270 triples como novato son prueba de ello.
Deportes
