Ahora ya sabemos lo que ocultaba Julio Iglesias en ese perfil que no dejaba ver a nadie: no una arruga, ni una cicatriz sino una mancha Leer Ahora ya sabemos lo que ocultaba Julio Iglesias en ese perfil que no dejaba ver a nadie: no una arruga, ni una cicatriz sino una mancha Leer
Con razón no quería Julio Iglesias que le fotografiaran un lado de la cara. El lado izquierdo. Supuestamente por una mala cirugía que le había dejado una arruga o una cicatriz. Se hizo tan famosa la anécdota que hasta los fotógrafos lo temían. Y según reveló su mánager, Alfredo Fraile, en su libro Secretos confesables, el cantante despidió a personas de confianza por haber filtrado imágenes de su perfil izquierdo. Tanta era su obsesión por mantener una imagen perfecta, tanto era su control y tanto fue el cántaro a la fuente, que al final se rompió. Ahora ya sabemos lo que ocultaba Julio Iglesias en ese perfil que no dejaba ver a nadie: no una arruga, ni una cicatriz sino una mancha.
La mancha la definió Claire Dederer en su libro Monstruos. ¿Se puede separar al autor de su obra? (Península, 2023). Es la metáfora que encuentra Dederer para contar ese momento en el que la biografía de un artista se mancha para siempre y la obra toma un nuevo matiz del que ya no puede desprenderse: «Cuando alguien dice que tenemos que separar la obra del artista lo que nos está pidiendo es que eliminemos la mancha. Que dejemos a la obra inmaculada. Pero no es así como funcionan las manchas».
Durante esta semana ya todas y todos hemos visto el peor lado del cantante en las muchas imágenes públicas que han circulado sin parar. La presunción de inocencia hay que guardarla para los hechos gravísimos denunciados por sus dos exempleadas, pero esto no significa que la sociedad tenga que callarse ante las imágenes públicas donde se muestra a Julio Iglesias agrediendo sexualmente a periodistas en sus puestos de trabajo.
Lo que muchos están tildando de hipocresía es en realidad madurez social. Que en su día estos hechos no fueran considerados delito, porque la sociedad no estaba preparada para llamarlos así, no implica que no fueran repugnantes. Lo son. Son asquerosos. Son vomitivos. Y nadie debería defender que un cantante acosara a las periodistas que le entrevistaban y que las forzara a besarle, a veces incluso utilizando la fuerza física, como ocurrió con la presentadora Susana Giménez o la periodista Brigitte Martínez. Aunque Julio Iglesias quisiera hacerse de nuevo solo fotos de su lado bueno ya no va a ocurrir.
Con la mancha pasa una cosa y es que no se puede dejar de ver. Por mucho que sus amigos salgan a intentar limpiarla, la mancha está. Existe. No se puede borrar y es indeleble. Y además nadie la ha puesto ahí, se manchó él solito. El tamaño de la mancha es lo que tendrá que determinar la justicia.
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