“Como Defensor del Lector he descubierto hasta qué punto los suscriptores y lectores aprecian el diario y le exigen lo mejor”, afirmó Joel Albarrán, subdirector y Defensor del Lector de La Vanguardia, durante un encuentro con suscriptores celebrado esta tarde en la Casa Cupra Raval de Barcelona y moderado por el vicedirector Enric Sierra.
Encuentro del subdirector y Defensor del Lector de La Vanguardia con suscriptores del diario
“Como Defensor del Lector he descubierto hasta qué punto los suscriptores y lectores aprecian el diario y le exigen lo mejor”, afirmó Joel Albarrán, subdirector y Defensor del Lector de La Vanguardia, durante un encuentro con suscriptores celebrado esta tarde en la Casa Cupra Raval de Barcelona y moderado por el vicedirector Enric Sierra.
El acto derivó pronto hacia la vertiente que más interés despertaba entre los asistentes: su labor como Defensor del Lector, por encima de su responsabilidad como subdirector. Muchos suscriptores aprovecharon la ocasión para trasladarle en directo quejas, sugerencias y dudas sobre el funcionamiento del diario. Albarrán escuchó con atención, tomó notas en varias ocasiones y se comprometió a trasladar cada comentario a los departamentos correspondientes.

Albarrán explicó que recibe “unos cuantos mensajes al día” y que, aunque hoy existen más canales de participación, el correo directo sigue siendo una vía relevante. Subrayó que muchas de esas comunicaciones nacen precisamente de la alta estima que los lectores tienen por el diario: “Cuando alguien se queja, muchas veces es porque espera mucho de nosotros y no le ha gustado un error que considera impropio”.
Entre las reclamaciones más habituales citó fallos lingüísticos, imprecisiones geográficas o cuestiones deontológicas, además de aspectos más cotidianos, como cambios en secciones o hábitos de lectura: “Desde cómo se presenta un sudoku hasta la desaparición de un contenido al que estaban acostumbrados”.

Albarrán también detalló su método de trabajo: analiza cada caso, consulta con redactores y responsables de sección y ofrece una respuesta personalizada. Además, cada quince días recoge algunas de estas cuestiones en su columna dominical, donde no solo aborda errores concretos, sino también fenómenos más amplios como la desinformación. “No basta con tener razón, hay que poder demostrarla”, apuntó, insistiendo en la importancia de la verificación rigurosa.
Las intervenciones del público fueron diversas: desde críticas a la experiencia de lectura en dispositivos móviles o la publicidad en la web, hasta reflexiones sobre la línea editorial o el papel del periodismo de investigación. En todas ellas, Albarrán insistió en su función como “puerta de entrada” para canalizar inquietudes y mejorar el producto final, reivindicando la escucha activa como parte esencial de su trabajo.

En la recta final del encuentro, un suscriptor pidió consejo para su hija, que quiere estudiar periodismo en un momento que parece que el oficio atraviesa una etapa incierta. Albarrán respondió explicando que cuando él empezó el panorama tampoco era especialmente alentador. “Pero yo tenía esa voluntad y esa vocación, y me ha ido bien. Por lo tanto, vale la pena seguir lo que uno siente y quiere, y después ya se verá. Es un oficio muy bonito, y mi consejo es mantener la pasión, la curiosidad, estar abierta a entender lo que dicen los demás y especializarse en algún ámbito que realmente te interese”.
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