Hay gente que, cuando ve subir la extrema derecha, mira al algoritmo. Y después hay quien mira qué pasa en la calle. Eso sí, mientras contemplamos o tiramos de inercia, como ha ocurrido en Alemania con una AfD que ahora ha triunfado en Sajonia-Anhalt, podemos hacer arrasar a fuerzas como Aliança Catalana. Y es que, en todas partes, el fracaso de los demás es lo que alimenta la expectativa de éxito de políticos como Silvia Orriols.
Hay gente que, cuando ve subir la extrema derecha, mira al algoritmo. Y después hay quien mira qué pasa en la calle. Eso sí, mientras contemplamos o tiramos de inercia, como ha ocurrido en Alemania con una AfD que ahora ha triunfado en Sajonia-Anhalt, podemos hacer arrasar a fuerzas como Aliança Catalana. Y es que, en todas partes, el fracaso de los demás es lo que alimenta la expectativa de éxito de políticos como Silvia Orriols.Seguir leyendo…
Hay gente que, cuando ve subir la extrema derecha, mira al algoritmo. Y después hay quien mira qué pasa en la calle. Eso sí, mientras contemplamos o tiramos de inercia, como ha ocurrido en Alemania con una AfD que ahora ha triunfado en Sajonia-Anhalt, podemos hacer arrasar a fuerzas como Aliança Catalana. Y es que, en todas partes, el fracaso de los demás es lo que alimenta la expectativa de éxito de políticos como Silvia Orriols.
Es el mismo fenómeno que ha hecho emerger la AfD en Alemania, Vox en España, Meloni en Italia, Farage en Reino Unido, Le Pen en Francia, Trump en Estados Unidos y tantos otros.
De tanto hablar de ellos. De tanto aplicarles cordones sanitarios que mezclan churras con merinas y que no hacen funcionar a las instituciones. De tanto no hablar claro de los problemas reales. De tanto enfrentamiento y reproches entre partidos que comparten horizonte. De tanto desistir de defender una agenda propia en seguridad, asistencia médica, vivienda o movilidad. De tanto prometer eficacia y acabar ofreciendo servicios deficientes.

Porque, para mucha gente, digan lo que digan el resto, Aliança Catalana tiene una presunción de bondad que otras formaciones, con mucho más recorrido y plomo en las alas, hace tiempo que agotaron. Más aún: cuanto más se metan con ellos, con mejores ojos les mirará mucha gente.
Nadie puede solucionarlo todo. Quien lo promete, miente. Pero cuando la percepción ciudadana todavía empeora unos resultados a menudo insuficientes, la distancia entre personas y representantes se convierte en sideral.
Sajonia-Anhalt apunta, así, a una demolición del sistema de partidos clásicos ya producida en otros países. ¿Para siempre? Nada es eterno. Pero esa sacudida puede durar. Y, también en Catalunya, por ahora, esto dependerá más de lo que hagan los demás, que de los aciertos o errores de partidos como Aliança.
Las redes sociales son, en este sentido, una respuesta muy a medias. Es evidente que Vox, Trump, Orriols, Meloni y tantos otros juegan bien la liga del algoritmo. Pero esto no lo es todo. La red amplifica; no necesariamente crea el malestar. El regalo decisivo para formaciones como AC es la no resolución de los problemas que los partidos centrales han acumulado.
No se puede decir que eres “el gobierno de todos” y asumir que la vuelta a la escuela se encarece un 15% mientras los sueldos de los padres se estancan. No se puede insistir en empobrecer a la clase media mientras gobiernos que recaudan más que nunca ofrecen una gestión muy mejorable y servicios públicos deteriorados que esa misma clase media financia. Si gobiernos y partidos centrales siguen sin reaccionar, será normal que la gente siga cabreada y votando en función de ello.
Pero así un país no avanza. También así crece una polarización que a algunos de los que dicen combatirla parece que ya les vaya bien.
Todo esto no se combate con gritos, sino con coherencia y acción eficaz. Mientras no se enfoque hacia aquí, se seguirá abonando el camino para que arrasen quienes mejor señalan con el dedo acusador y mejor ayudan a desahogarse a los descontentos.
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