Gane Argentina o España el partido de hoy…, propongo poner la Copa del Mundo a los pies de Leo Messi. Y que se la deposite Lamine Yamal. Contengo –felizmente– escasas trazas de nacionalismo, lo que me habilita hoy para gozar muchísimo del mejor fútbol del planeta. Me da igual quién gane, gana el fútbol y gano yo.
Gane Argentina o España el partido de hoy…, propongo poner la Copa del Mundo a los pies de Leo Messi. Y que se la deposite Lamine Yamal. Contengo –felizmente– escasas trazas de nacionalismo, lo que me habilita hoy para gozar muchísimo del mejor fútbol del planeta. Me da igual quién gane, gana el fútbol y gano yo.Seguir leyendo…
Gane Argentina o España el partido de hoy…, propongo poner la Copa del Mundo a los pies de Leo Messi. Y que se la deposite Lamine Yamal. Contengo –felizmente– escasas trazas de nacionalismo, lo que me habilita hoy para gozar muchísimo del mejor fútbol del planeta. Me da igual quién gane, gana el fútbol y gano yo.
No soy futbolero, tampoco, aunque sí aprecio el arte: lo que sale de la cabeza, el corazón y los pies de Messi o Lamine es arte (en forma de fútbol). Mis pocas trazas de futbolero se deben a los muchos pelotazos que me llevé cada día a casa, niño miope, desde el patio del colegio de los Escolapios de Diputación. Con seis años, ante la transmisión en el televisor –recién entrado en casa– de un partido de futbol, sentí esta perplejidad que expresé a mi padre: “Pero, papá… ¿son personas mayores?” Sí, me confirmó, y recuerdo mi estupefacción (y contrariedad) al saber que los adultos ¡jugaban a patear un balón! tan alocados como los chavales de mi cole.
Barcelona, la ciudad que me parió y que construyó a Messi y a Lamine, es la ganadora hoy, y la que gana es la convivencia
Gane Argentina o gane España, hoy gana Barcelona. Hasta aquí mi nacionalismo: Barcelona, la ciudad que parió a mi padre, y a mí, y a mis hijos, es la ciudad que ha construido a Messi y a Lamine. Barcelona es la ciudad a la que aspiran personas de todas las razas y continentes y a la que llegan los más valientes, y es Barcelona la ciudad en la que quieren vivir todos los argentinos, porque (Casciari dixit ) es la ciudad que los argentinos sienten que merecerían como capital… si hubiesen hecho las cosas mejor. Gane Argentina o gane España el partido de esta noche, propongo poner la Copa del Mundo a los pies de Barcelona. Ya digo, me da igual quién gane, gana el fútbol y gano yo.
Gana, también –¡y mucho!–, Televisión Española. La espléndida inversión que nuestra televisión pública estatal ha hecho para que podamos ver a la selección española de fútbol –conformada por futbolistas culés encantados de darle a España su segunda estrella mundialista– rinde beneficios jugosísimos en audiencia (¡más del 70% de cuota de pantalla!) y en dinero, pero también en términos sociales, vecinales, humanos, de convivencia. Seas facha o rojo, racista, unionista, autonomista o putaespañista, hoy serás mejor persona un rato: compartirás con millones de conciudadanos la alegría del juego y la diversión, la ilusión de ser amigos. Ganamos todos, gana el fútbol y, siempre, gano yo. – @amelanovela
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