Florentino Pérez saca pecho en medio de las olas presentes y las que están por venir

No se prodiga demasiado. Como buen político (su pasado en la UCD en los 80), Florentino Pérez entiende que en el fútbol es mejor ser fiel al dicho de que palabras, las justas. Por eso cada intervención lleva una alta dosis de trascendencia. Y la última, la de ayer en la entrega de las 730 insignias de oro y brillantes que concedió el club a los socios que alcanzaron los 50 y los 60 años de fidelidad de forma continua.

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 El presidente lanzó un discurso ensalzando los grandes éxitos pasados y poniendo en valor lo que conseguido a las puertas de la vuelta ante el Bayern München  

No se prodiga demasiado. Como buen político (su pasado en la UCD en los 80), Florentino Pérez entiende que en el fútbol es mejor ser fiel al dicho de que palabras, las justas. Por eso cada intervención lleva una alta dosis de trascendencia. Y la última, la de ayer en la entrega de las 730 insignias de oro y brillantes que concedió el club a los socios que alcanzaron los 50 y los 60 años de fidelidad de forma continua.

No fue en esta ocasión un Florentino magnánimo que habla del brillante futuro que le espera a la entidad; el presidente sacó pecho de los méritos conseguidos hasta este momento. Miró al pasado en vez de dibujar el futuro. “Venimos de ganar 58 títulos en los últimos 15 años, entre ellos seis Copas de Europa de fútbol y tres Copas de Europa de baloncesto. Esto demuestra nuestro nivel de autoexigencia, pero también nos lleva a hacer una reflexión: que valoremos las cosas en su justa medida y que seamos conscientes de las dificultades de conseguir cada triunfo y cada título”, explicó. Y ahondó en otros aspectos del club que también cuentan en su haber, como la construcción de la ciudad deportiva, la reforma del Bernabéu (“un orgullo de Madrid y España”), los proyectos de la Fundación y el liderazgo en los rankings económicos que le da “prestigio” al club.

El presidente, que no oculta de puertas para adentro su preocupación por el devenir del equipo estas dos últimas campañas –se encamina hacia el segundo curso en blanco–, instó a todos a seguir confiando en la remontada ante el Bayern, porque “sabéis bien que aquí nadie se rinde y que vamos a seguir luchando, año tras año, hasta el último momento para intentar seguir sumando títulos al mayor palmarés de la historia del deporte, que es el que tiene el Real Madrid”.

En el que será su último mandato al frente de la entidad (finaliza en el 2029), Florentino Pérez tiene por delante un año de retos que van más allá de lo que suceda en el césped. Ratificada el área deportiva en un comunicado la semana pasada, la junta directiva debe abordar el cambio del modelo de propiedad que propuso el presidente y que requiere la aprobación en una junta extraordinaria. En él, y con tal de poder competir, según razonan en los despachos del Bernabéu, con una Premier que ha ido creciendo en ingresos y que carece de un férreo control económico, se deberá autorizar la venta de ese 10% del club a inversores privados que le puedan dar una liquidez importante para dar un salto a nivel presupuestario. No es ahora mismo el mejor escenario para unos debates tan profundos y de tanta carga emocional teniendo en cuenta los silbidos que ha ido despertando el equipo este curso y las miradas que apuntan al palco. Pero no puede demorarlo demasiado según vertió en la pasada asamblea.

Al margen de este aspecto, y sumido el Bernabéu en los litigios del parking (el club recurrió al no ser favorable la primera sentencia) y de los ruidos, que por ahora impiden los famosos ingresos extraordinarios por conciertos, al Madrid le cuadran los balances, pero no le sobra nada. Lo que también afecta las inversiones deportivas que se quieran realizar.

“Con vuestro cariño y lealtad nos animáis a seguir trabajando para que se cumplan los sueños de todos los madridistas”, se dirigió el presidente a los asistentes, buscando la complicidad a la hora de tomar decisiones inminentes para reconducir una situación que puede ser dramática el martes o esperanzadora. Ahora mismo, el club vive en medio del oleaje.

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