En solidaridad con los que creen que la Semana Santa es un fin de semana largo, recupero, en el 33, el programa Els caps de setmana llargs d’en Rick Stein. Stein es un cocinero simpático, curioso, inquieto e inglés y su programa sigue la estructura de tantos otros, en los que se mezcla el carisma del anfitrión, el país o la ciudad visitada y, sobre todo, la cocina de cada territorio. El lunes vi el capítulo dedicado a Berlín, espléndido, ameno y trufado de descubrimientos (por ejemplo: un cocinero afirma que la cocina alemana no existe, y que si alguien habla de ella significa que es austriaco). Stein también cocina, y lo hace muy bien, pero no es el ingrediente más importante del programa. Lo importante son las visitas a restaurantes y lugares lo suficientemente insólitos para justificar reflexiones, conversaciones y observaciones que no solo no cansan, sino que, de anécdota en anécdota, te abren las ganas de comer y de viajar. Puede que algunos de los restaurantes que Stein visita ya hayan cerrado, como la espléndida cantina La soupe populaire. Stein come allí unas magníficas albóndigas de ternera con puré de remolacha y salsa con sémola y caldo de pollo. No sé si el formato es reciente o ha caducado, ni si lo conservan en latas o en formol, pero no pienso perderme los fines de semana largos que Stein anuncia que pasará en Bolonia, Reikiavik, Viena, Lisboa o Cádiz.
En solidaridad con los que creen que la Semana Santa es un fin de semana largo, recupero, en el 33, el programa Els caps de setmana llargs d’en Rick Stein. Stein es un cocinero simpático, curioso, inquieto e inglés y su programa sigue la estructura de tantos otros, en los que se mezcla el carisma del anfitrión, el país o la ciudad visitada y, sobre todo, la cocina de cada territorio. El lunes vi el capítulo dedicado a Berlín, espléndido, ameno y trufado de descubrimientos (por ejemplo: un cocinero afirma que la cocina alemana no existe, y que si alguien habla de ella significa que es austriaco). Stein también cocina, y lo hace muy bien, pero no es el ingrediente más importante del programa. Lo importante son las visitas a restaurantes y lugares lo suficientemente insólitos para justificar reflexiones, conversaciones y observaciones que no solo no cansan, sino que, de anécdota en anécdota, te abren las ganas de comer y de viajar. Puede que algunos de los restaurantes que Stein visita ya hayan cerrado, como la espléndida cantina La soupe populaire. Stein come allí unas magníficas albóndigas de ternera con puré de remolacha y salsa con sémola y caldo de pollo. No sé si el formato es reciente o ha caducado, ni si lo conservan en latas o en formol, pero no pienso perderme los fines de semana largos que Stein anuncia que pasará en Bolonia, Reikiavik, Viena, Lisboa o Cádiz.Seguir leyendo…
En solidaridad con los que creen que la Semana Santa es un fin de semana largo, recupero, en el 33, el programa Els caps de setmana llargs d’en Rick Stein. Stein es un cocinero simpático, curioso, inquieto e inglés y su programa sigue la estructura de tantos otros, en los que se mezcla el carisma del anfitrión, el país o la ciudad visitada y, sobre todo, la cocina de cada territorio. El lunes vi el capítulo dedicado a Berlín, espléndido, ameno y trufado de descubrimientos (por ejemplo: un cocinero afirma que la cocina alemana no existe, y que si alguien habla de ella significa que es austriaco). Stein también cocina, y lo hace muy bien, pero no es el ingrediente más importante del programa. Lo importante son las visitas a restaurantes y lugares lo suficientemente insólitos para justificar reflexiones, conversaciones y observaciones que no solo no cansan, sino que, de anécdota en anécdota, te abren las ganas de comer y de viajar. Puede que algunos de los restaurantes que Stein visita ya hayan cerrado, como la espléndida cantina La soupe populaire. Stein come allí unas magníficas albóndigas de ternera con puré de remolacha y salsa con sémola y caldo de pollo. No sé si el formato es reciente o ha caducado, ni si lo conservan en latas o en formol, pero no pienso perderme los fines de semana largos que Stein anuncia que pasará en Bolonia, Reikiavik, Viena, Lisboa o Cádiz.
El estudio afirma que las películas más programadas por Semana Santa son Ben-hur y Quo Vadis
BEN-HUR. ¿Hace unos días, El País informaba de que, entre el 2008 y el 2025, las dos películas más emitidas por la televisión durante la Semana Santa fueron Ben-Hur (85 veces) y Quo Vadis (73). Intento imaginarme a alguien que, por disciplina católica o adicción televisiva, no se haya perdido ni una. Si es un telespectador de edad avanzada, además de las veces que recoge el estudio debería sumarle las anteriores al 2008. La leyenda negra explica que en el rodaje de la escena de las cuadrigas murieron más de cien caballos, pero no fue en el Ben-Hur de Charlton Heston, de 1959, sino en el de 1925, cuando aún no se tomaba medidas para proteger a los animales. Yo vi Ben-Hur en un cine de reestreno de París a mediados de los sesenta. Era la primera vez que cuando entraba en el cine hacía un sol despampanante, y que, al salir, era de noche. Eso me impresionó casi tanto como la escena de los leprosos, que, todavía hoy, me horroriza. Y confieso que, aunque hubiera visto 85 veces la escena de la carrera de cuadrigas, si ahora me la ponen, me vuelvo a enganchar.
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