Esto acabará mal

El programa En boca de todos (Cuatro) participa de la moda de formatos que comentan la actualidad. La escenografía se repite: una mesa muy iluminada, cinco o seis colaboradores, conexiones varias y un moderador que reparte juego siguiendo una idea, propia o inducida, del tono y del sesgo ideológico que más conectará con la audiencia. La polarización es el motor del formato, que sigue los principios de un sensacionalismo que disfraza el guirigay rabioso de debate plural.

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 El programa En boca de todos (Cuatro) participa de la moda de formatos que comentan la actualidad. La escenografía se repite: una mesa muy iluminada, cinco o seis colaboradores, conexiones varias y un moderador que reparte juego siguiendo una idea, propia o inducida, del tono y del sesgo ideológico que más conectará con la audiencia. La polarización es el motor del formato, que sigue los principios de un sensacionalismo que disfraza el guirigay rabioso de debate plural.Seguir leyendo…  

El programa En boca de todos (Cuatro) participa de la moda de formatos que comentan la actualidad. La escenografía se repite: una mesa muy iluminada, cinco o seis colaboradores, conexiones varias y un moderador que reparte juego siguiendo una idea, propia o inducida, del tono y del sesgo ideológico que más conectará con la audiencia. La polarización es el motor del formato, que sigue los principios de un sensacionalismo que disfraza el guirigay rabioso de debate plural.

Nacho Abad representa una deontología que encuentra en el sensacionalismo el secreto de su éxito

LA ESPIRAL. El moderador es Nacho Abad, con un pasado brillante como figura del museo del lado carroñero del medio y practicante de una deontología singular. Ahora En boca de todos ha sido noticia porque una de sus tertulianas, Sarah Santaolalla, lleva semanas siendo perseguida y acosada por el periodista Vito Quiles. Este juego de tensiones, amparado por una interpretación cobarde de la libertad de expresión y del derecho a la información, acabará fatal. Quiles acosa a Santaolalla con una agresividad impune, graba la escena y la explota como contenido –la madre de todas las coartadas– de sus antropofágicas redes sociales. Santaolalla denuncia a Quiles porque afirma que la ha agredido y acude al programa con el brazo en cabestrillo, según ella por prescripción médica. En las redes sociales, Quiles responde que Santaolalla hace comedia. En el programa, el tertuliano Antonio Naranjo se indigna y, aceptando la tesis de la comedia (instigada, evidentemente, por la maldad de Pedro Sánchez), interpela a Santaolalla con una agresividad que Abad no solo no interrumpe sino que, quién sabe si espoleado por las órdenes del pinganillo, mantiene en antena. Después, la web de Cuatro explota la escena, igual que las redes sociales, que reconvierten un problema de libertad pública (la de Santaolalla, no la de Quiles) en un espectáculo denigrante. El resumen de la escena, muy exitoso, dura casi seis minutos. Vemos como Santaolalla subraya su condición de víctima y como Naranjo destaca en el papel de fiscal deshumanizado. ¿La manera más sensata de haber evitado este descompensado choque de egos? Que Abad hubiera intervenido. Sin embargo, manteniendo la discusión (Santaolalla se levanta y se marcha llorando del plató), consigue que sus jefes le feliciten por la audiencia y el eco viral en todos los medios que, con un celo parasitario, participamos –este artículo también–, de esta peligrosa espiral.

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