Estados Unidos tiene un motivo más para abrazar al fútbol, por el que siempre ha sentido un profundo rechazo. Folarin Balogun, delantero del Mónaco, educado desde niño en la cantera del Arsenal, marcó dos de los cuatro goles del equipo estadounidense en la sonora victoria sobre Paraguay, país que abraza al fútbol con pasión desde hace más de un siglo, pero que ha perdido las razones de su viejo prestigio. Solía ser un equipo firme, correoso, antipático para los rivales. No esta vez. Se arrugó frente a Estados Unidos, que llegaba entre dudas a un momento crucial no solo para el equipo, sino para el proyecto fútbol en su país, diseñado por la FIFA en colaboración con los grandes mercaderes del negocio.
Estados Unidos tiene un motivo más para abrazar al fútbol, por el que siempre ha sentido un profundo rechazo. Folarin Balogun, delantero del Mónaco, educado desde niño en la cantera del Arsenal, marcó dos de los cuatro goles del equipo estadounidense en la sonora victoria sobre Paraguay, país que abraza al fútbol con pasión desde hace más de un siglo, pero que ha perdido las razones de su viejo prestigio. Solía ser un equipo firme, correoso, antipático para los rivales. No esta vez. Se arrugó frente a Estados Unidos, que llegaba entre dudas a un momento crucial no solo para el equipo, sino para el proyecto fútbol en su país, diseñado por la FIFA en colaboración con los grandes mercaderes del negocio.Seguir leyendo…
Estados Unidos tiene un motivo más para abrazar al fútbol, por el que siempre ha sentido un profundo rechazo. Folarin Balogun, delantero del Mónaco, educado desde niño en la cantera del Arsenal, marcó dos de los cuatro goles del equipo estadounidense en la sonora victoria sobre Paraguay, país que abraza al fútbol con pasión desde hace más de un siglo, pero que ha perdido las razones de su viejo prestigio. Solía ser un equipo firme, correoso, antipático para los rivales. No esta vez. Se arrugó frente a Estados Unidos, que llegaba entre dudas a un momento crucial no solo para el equipo, sino para el proyecto fútbol en su país, diseñado por la FIFA en colaboración con los grandes mercaderes del negocio.
En sí mismo, el partido dijo mucho de los cambios y novedades en la cultura deportiva norteamericana. Se jugó en el estadio que aloja los partidos de los Rams y los Chargers, franquicias de la NFL que han recorrido otras ciudades antes de instalarse en Los Ángeles, por cuestiones de visibilidad y audiencia principalmente. Se le ha cambiado el césped artificial por uno similar al que se emplea en Europa. También se le ha cambiado el nombre al campo, por obligación de la FIFA, así que Estados Unidos jugó en el estadio de Los Ángeles, no en el SoFi, acrónimo de la empresa Social Finance, Inc, que paga un dineral por asociar su marca a uno de los más lujosos recintos del mundo.
Es un momento clave para el proyecto del fútbol en el país, diseñado por la FIFA y los mercaderes
En 1994 se disputó el primer Mundial en Estados Unidos, con más éxito de público que de crítica. Se pretendía romper la barrera cultural que separaba a la sociedad norteamericana del deporte más popular del planeta. Rechazar el fútbol, incluso como imaginario artefacto político, era una cuestión de orgullo nacional, especialmente en el sector más conservador. Al fútbol, que penaliza las manos, excepto en los porteros, lo llamaron soccer , y a su particular variación del rugby la denominaron fútbol, dominado por las manos. Esa discrepancia en los términos explica mucho de un desdén que este Mundial pretende corregir.
La naturaleza del equipo estadounidense ha girado de manera radical desde 1994. Contra Paraguay, ocho de los titulares eran negros. En aquel Mundial solo había dos afroamericanos entre los 22 convocados. Se trataba de una selección en la que el 75% de sus integrantes se había formado en las Ligas universitarias. En la edición actual, solo ocho de los 26 seleccionados (30%) se han adiestrado en las universidades. Es un equipo configurado alrededor de un alto número de jugadores pertenecientes a clubs europeos, entre ellos McKennie (Juventus), Pulisic (Milán), Richards (Crystal Palace), Adams (Bournemouth), Robinson (Fulham) y Balogun.

Los ha reclutado Mauricio Pochettino, que ha visto mucho mundo como futbolista y entrenador. Por lo que se vio frente a Paraguay, ha construido una selección dispuesta a rendir por encima de las expectativas iniciales. Goleó, jugó con dinamismo y soltura, enganchó al público, preso de un fervor creciente, y ya puede considerarse dentro de la siguiente fase. La victoria indica que Estados Unidos tiene un 93% de entrar en los dieciseisavos de final de un torneo que clasificará a 32 de las 48 selecciones en la próxima fase.
El excelente rendimiento de la joven selección estadounidense en el primer partido dispara el entusiasmo y la atención de su país. En la prensa ya se coloca al equipo entre los favoritos del Mundial. Si la ola continúa, será difícil que no se produzca el definitivo abrazo popular con un juego que lleva tiempo haciendo todo lo posible por americanizarse.
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