Estado Islámico reivindica un atentado con siete muertos en un restaurante chino de Kabul

Estado Islámico en Jorasán ha reivindicado este martes el atentado suicida que ayer por la tarde dejó siete muertos en Kabul. El objetivo de la explosión fue el restaurante chino de un hotel, en el barrio relativamente acomodado de Shar-e-Now, de la capital afgana. Veinte víctimas fueron trasladadas a centros hospitalarios, pero siete de ellas (seis afganos y un chino musulmán que responde al nombre de Ayub), llegaron ya sin vida. Entre los heridos hay cuatro mujeres y un niño. 

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 Uno de los fallecidos es un musulmán chino y el resto afganos, en un ataque suicida que deja trece heridos  

Estado Islámico en Jorasán ha reivindicado este martes el atentado suicida que ayer por la tarde dejó siete muertos en Kabul. El objetivo de la explosión fue el restaurante chino de un hotel, en el barrio relativamente acomodado de Shar-e-Now, de la capital afgana. Veinte víctimas fueron trasladadas a centros hospitalarios, pero siete de ellas (seis afganos y un chino musulmán que responde al nombre de Ayub), llegaron ya sin vida. Entre los heridos hay cuatro mujeres y un niño. 

El restaurante de fideos chinos o de pasta uigur estaba particularmente dirigido a los residentes chinos de origen musulmán, en un calle conocida por sus floristas. El copropietario, un chino llamado Abdul Majid, montó el establecimiento con un socio afgano en este barrio considerado seguro de Kabul, con presencia diplomática. 

Estado Islámico (EI) habría reivindicado la autoría a través de su agencia de noticias Amaq, según SITE, empresa de rastreo online dirigida por una israelí. Según esta nota, EI habría declarado que los chinos eran el objetivo explícito del atentado “por los crímenes del gobierno chino contra los uigures”. Un lenguaje relativamente moderado, en comparación con el del Congreso de EE.UU., que cataloga directamente de “genocidio” las medidas de reinserción de islamistas en Xinjian.

El gigante asiático mantiene una relación aceptable con el gobierno talibán, aun sin reconocer oficialmente al Emirato Islámico de Afganistán. En cambio, quien sí lo ha hecho es Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, recibió la semana pasada al enviado talibán a Moscú, uno más entre los 32 nuevos embajadores en la ceremonia de presentación de credenciales en el Kremlin. 

La victoria islamista en Siria, con el apoyo de Occidente, abre ahora incógnitas sobre el futuro de los dos mil yihadistas uigures (según algunos cálculos) que combatían contra el gobierno de Bashar el Asad, en muchos casos manteniendo a sus familias a buen recaudo en Estambul. Otros cuarenta uigures en tránsito, que llevaban una década retenidos en Bangkok, fueron finalmente deportados a Xinjiang, China, hace once meses. 

Los restos de Estado Islámico en Jorasán, supuesta rama del fantasmagórico EI en esa parte del mundo, no son rival para los talibanes, cuyo control de Afganistán es absoluto. La guerra civil ha terminado, después de más de cuarenta años. Sin embargo, el terrorismo segó hace un año la vida de otro ciudadano chino, trabajador del sector minero en el nordeste de Afganistán. 

El balance es mucho peor en el vecino Pakistán, donde en los últimos cinco años han sido asesinados veinte trabajadores  chinos, en catorce atentados, en Beluchistán, Pastunistán y Karachi. La mayoría de ellos eran empleados de empresas vinculadas al Corredor Económico Pakistán-China -pieza clave de las Nuevas Rutas de la Seda- aunque también hubo tres profesores de mandarín. 

Cabe señalar, por último, que empresas chinas llevan un año y medio poniendo  a punto para su explotación la mina de Mes Aynak, segundo mayor yacimiento de cobre del mundo, adquirido durante la ocupación estadounidense de Afganistán. 

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