¿Es malo que Leica sea china? El caso de Hasselblad demuestra que no

Bloomberg levantó la liebre en enero al deslizar que Blackstone e incluso la familia Kaufmann sopesan desprenderse de sus participaciones en la marca alemana, la más histórica y longeva de la fotografía. HSG, ex rama asiática de Sequoia, se postula como compradora Leer Bloomberg levantó la liebre en enero al deslizar que Blackstone e incluso la familia Kaufmann sopesan desprenderse de sus participaciones en la marca alemana, la más histórica y longeva de la fotografía. HSG, ex rama asiática de Sequoia, se postula como compradora Leer  

Audio generado con IA

A principios de este siglo, Leica, la marca más icónica de la fotografía, bordeaba el abismo de la quiebra. Durante su siglo de historia, la compañía nunca ha dejado de operar desde Wetzlar, en el Land de Hesse, a unos 50 minutos en coche de la poderosa Fráncfort. Su filosofía artesanal, con cámaras telemétricas donde el enfoque depende de la vista del fotógrafo (maldita presbicia), estuvo a punto de costarle caro al sacudir a la industria la ola digital. Hoy, las cámaras sin espejo, con interfaces más propias de un mini ordenador y ayudas de todo tipo, dominan el mercado mundial, aunque con cifras muy alejadas de la gloria de 2010.

Salvadora fue la entrada en el capital del austriaco Andreas Kaufmann, cofundador junto a otros miembros de su familia de la firma de inversión ACM Projektentwicklung desde la misma Wetzlar. En 2004, ACM se hizo con un 27,4% de la empresa, porcentaje elevado al 55% en la actualidad (la otra parte del pastel pertenece a Blackstone). El giro de timón decretado por los Kaufmann fue clave: Leica se internó en la esfera digital tanto a través de su línea M (aún cámaras telemétricas, salvo en el caso de un modelo con visor electrónico), como de la más reciente gama SL, las compactas Q y algunos modelos con sensores más pequeños. La cosa salió bien: en el ejercicio fiscal que va de abril de 2024 a marzo de 2025, Leica facturó 596 millones de euros, un 7,6% más que el año anterior. Es la cifra de ventas más alta de su historia.

El pasado enero, Bloomberg desveló que Blackstone sopesa desprenderse de su participación en la marca germana. Posteriormente, se informó de que la familia Kaufmann podría estar interesada en sumarse a la operación, de modo que todo o casi todo el tuétano de Leica pasaría a nuevas manos. Dos nombres se anotaron en esta carrera: el de la china HSG y el del fondo sueco Altor Equity Partners. Con el transcurso de los meses, los chinos, originariamente el brazo asiático de Sequoia, se han postulado como favoritos para llevarse el gato al agua, aunque la negociación no está cerrada. Entre sus operaciones más sonadas en Europa destacan el desembolso de 1.000 millones por hacerse con la cuota mayoritaria en Marshall (famoso fabricante de amplificadores y equipos de audio) y la adquisición de la marca de moda Golden Goose a cambio de 2.500 millones.

HSG gestiona más de 60.000 millones en activos y podría resolver con su entrada el principal problema de Leica. Los de Wetzlar no pueden competir en el plano de la ingeniería de software con los referentes mainstream (Sony, Canon, Nikon) y sus sistemas de autoenfoque quedan por debajo de la competencia. Ese es un factor decisivo para el fotógrafo profesional, que siempre pedirá dos cosas: una cámara que le obedezca y una experiencia libre de fallos aparatosos como la congelación del aparato en mitad de una sesión.

Los puristas alegarán que, de entrar un fondo chino, el futuro de Leica, su legado y su alma, quedarán comprometidos. Pero el caso de Hasselblad demuestra justo lo contrario. Otro actor de la potencia asiática, DJI, conocida por su hegemonía en el vertical de los drones, aterrizó en la sueca en dos fases. En noviembre de 2015 compró una participación minoritaria (sin cifra pública) y obtuvo un puesto en el consejo. Para enero de 2017 había ampliado esa posición hasta convertirse en accionista mayoritario, con control efectivo sobre la dirección de la compañía.

A Hasselblad, el cambio le ha sentado de maravilla: conserva la potestad del (hermoso) diseño industrial, su último modelo (X2D C 100II) es la referencia absoluta del medio formato digital, la crítica se ha deshecho en elogios hacia su sistema de autoenfoque y la calidad de sus últimos objetivos, y en 2024 —último dato disponible— los ingresos rondaron los 160 millones de euros, un 73% más que en 2023.

La ventaja de este modelo (capital chino, talento europeo) es que permite al equipo original centrarse en lo que mejor sabe hacer (estética, experiencia de usuario, diseño óptico), dejando la magia del software y los algoritmos a conglomerados mucho más potentes o, directamente, pidiendo los recursos que necesita para asumir esas tareas sin perjudicar al conjunto. Un comprador final que se acerca a Hasselblad o Leica busca, ante todo, prestigio e historia, aunque sin renunciar a llevarse bien con su máquina.

 Actualidad Económica // elmundo

Noticias Similares