Se cumplen ahora 30 años de Caiga quién caiga en la tele en España: unos reporteros-comediantes, alcachofa en mano, asaltaban a políticos y famosos para tirarles preguntas divertidas por extravagantes e irreverentes. De paso, regalaban al asaltado unas gafas de sol (el rey Juan Carlos I se llevó unas). En casa reíamos: había ingenio y travesura en las preguntas y era novedoso aquel acercamiento sin pompas al mandamás. Aquella dinámica audiovisual desconcertó –al principio– a los políticos, para acabar jugando al juego: ¡deseaban ver aparecer a los reporteros de gafas oscuras! Porque eran asaltos lúdicos, jocosos… y favorecían su popularidad (los españoles agradecimos dejar atrás la inercia franquista del temor reverencial al que manda). No eran asedios sangrantes, no eran acosos denigratorios, no eran irrupciones amenazantes, sino careos cómplices: mérito del talante de Caiga… fue tejer complicidad juguetona entre políticos, periodistas y televidentes. No confrontó, no polarizó, ¡al contrario!: fue una gimnasia de convivencia, de cordialidad, de humor y buen tono. Nos hizo sentir a todos más traviesos y mejores. Es falsa la caricatura interesada según la que fueron periodistas de izquierdas contra políticos de derechas. No. Era un juego divertido y compartido. Todo lo contrario de lo que hoy perpetra Vito Quiles (o Bertrand N’Dongo o Cake Vinuesa), que al preguntar lacera y denigra, achata la crítica y ofende la inteligencia. Es barbarie disfrazada de periodismo, es burdo activismo caníbal y carnavalesco. Aconsejo esto al asaltado por Vito Quiles: sonríe (ah, y saluda a la familia o envía un mensaje de tu interés). Es el modo de que esto no acabe mal, como aquí temía ayer Sergi Pàmies a cuento de la campaña contra la tertuliana Sarah Santaolalla –“mitad tonta, mitad tetas”, dice Rosa Belmonte–, bestia negra de Vito Quiles, que solo acosa a comunistas muy peligrosos.
Se cumplen ahora 30 años de Caiga quién caiga en la tele en España: unos reporteros-comediantes, alcachofa en mano, asaltaban a políticos y famosos para tirarles preguntas divertidas por extravagantes e irreverentes. De paso, regalaban al asaltado unas gafas de sol (el rey Juan Carlos I se llevó unas). En casa reíamos: había ingenio y travesura en las preguntas y era novedoso aquel acercamiento sin pompas al mandamás. Aquella dinámica audiovisual desconcertó –al principio– a los políticos, para acabar jugando al juego: ¡deseaban ver aparecer a los reporteros de gafas oscuras! Porque eran asaltos lúdicos, jocosos… y favorecían su popularidad (los españoles agradecimos dejar atrás la inercia franquista del temor reverencial al que manda). No eran asedios sangrantes, no eran acosos denigratorios, no eran irrupciones amenazantes, sino careos cómplices: mérito del talante de Caiga… fue tejer complicidad juguetona entre políticos, periodistas y televidentes. No confrontó, no polarizó, ¡al contrario!: fue una gimnasia de convivencia, de cordialidad, de humor y buen tono. Nos hizo sentir a todos más traviesos y mejores. Es falsa la caricatura interesada según la que fueron periodistas de izquierdas contra políticos de derechas. No. Era un juego divertido y compartido. Todo lo contrario de lo que hoy perpetra Vito Quiles (o Bertrand N’Dongo o Cake Vinuesa), que al preguntar lacera y denigra, achata la crítica y ofende la inteligencia. Es barbarie disfrazada de periodismo, es burdo activismo caníbal y carnavalesco. Aconsejo esto al asaltado por Vito Quiles: sonríe (ah, y saluda a la familia o envía un mensaje de tu interés). Es el modo de que esto no acabe mal, como aquí temía ayer Sergi Pàmies a cuento de la campaña contra la tertuliana Sarah Santaolalla –“mitad tonta, mitad tetas”, dice Rosa Belmonte–, bestia negra de Vito Quiles, que solo acosa a comunistas muy peligrosos.Seguir leyendo…
Se cumplen ahora 30 años de Caiga quién caiga en la tele en España: unos reporteros-comediantes, alcachofa en mano, asaltaban a políticos y famosos para tirarles preguntas divertidas por extravagantes e irreverentes. De paso, regalaban al asaltado unas gafas de sol (el rey Juan Carlos I se llevó unas). En casa reíamos: había ingenio y travesura en las preguntas y era novedoso aquel acercamiento sin pompas al mandamás. Aquella dinámica audiovisual desconcertó –al principio– a los políticos, para acabar jugando al juego: ¡deseaban ver aparecer a los reporteros de gafas oscuras! Porque eran asaltos lúdicos, jocosos… y favorecían su popularidad (los españoles agradecimos dejar atrás la inercia franquista del temor reverencial al que manda). No eran asedios sangrantes, no eran acosos denigratorios, no eran irrupciones amenazantes, sino careos cómplices: mérito del talante de Caiga… fue tejer complicidad juguetona entre políticos, periodistas y televidentes. No confrontó, no polarizó, ¡al contrario!: fue una gimnasia de convivencia, de cordialidad, de humor y buen tono. Nos hizo sentir a todos más traviesos y mejores. Es falsa la caricatura interesada según la que fueron periodistas de izquierdas contra políticos de derechas. No. Era un juego divertido y compartido. Todo lo contrario de lo que hoy perpetra Vito Quiles (o Bertrand N’Dongo o Cake Vinuesa), que al preguntar lacera y denigra, achata la crítica y ofende la inteligencia. Es barbarie disfrazada de periodismo, es burdo activismo caníbal y carnavalesco. Aconsejo esto al asaltado por Vito Quiles: sonríe (ah, y saluda a la familia o envía un mensaje de tu interés). Es el modo de que esto no acabe mal, como aquí temía ayer Sergi Pàmies a cuento de la campaña contra la tertuliana Sarah Santaolalla –“mitad tonta, mitad tetas”, dice Rosa Belmonte–, bestia negra de Vito Quiles, que solo acosa a comunistas muy peligrosos.
Cumple 30 años ‘Caiga quien caiga’: tejió una cordial complicidad con los políticos, que pronto jugaron al jovial juego
‘DAY ONE’. He visto Day One (Prime Video), miniserie con Jordi Mollà como el tecnogurú Diskin, cóctel de Steve Jobs y Zuckerberg, Gates y Musk. Con escenarios barceloneses: Universitat Pompeu Fabra, Torre Glòries, torre de Collserola, Sincrotrón, Supercomputing Center, Mobile World Congress y su Talent Arena… Hace ilusión. Es un thriller liviano, entretenido. Pérfido, Diskin quiere dominar tu mente, ¡qué cosas…! – @amelanovela
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