En la fábrica de la japonesa Hitachi que alimentará el tsunami de los centros de datos en Aragón: «La demanda ya está aquí y el salto es brutal»

Alfredo García-Borreguero, responsable de la división de Energía en España, apunta a un «superciclo» eléctrico que durará hasta 2050, con los centros de datos como gran vector de crecimiento Leer Alfredo García-Borreguero, responsable de la división de Energía en España, apunta a un «superciclo» eléctrico que durará hasta 2050, con los centros de datos como gran vector de crecimiento Leer  

En 1964, un jovencísimo Rafael Moneo aceptó el encargo de los hermanos José María y Luis Diestre, herederos de una de las sagas de empresarios más influyentes de Aragón, para levantar una fábrica con la que escalar el negocio de su pequeño taller de transformadores eléctricos sumergidos en aceite. Seis décadas después, aquella planta ha vivido muchas vidas y pasado por muchas manos. Sus transformadores -piezas críticas para transportar electricidad a grandes distancias- ahora son secos y, tras la última operación corporativa, la venta del negocio de redes de la suiza ABB a la japonesa Hitachi Energy, la fábrica ha quedado bajo el paraguas del grupo nipón. Moneo es hoy uno de los arquitectos más prestigiosos de España y su primer encargo está a punto de cerrar definitivamente esta etapa. El futuro ya no cabe entre sus muros.

El boom de las redes eléctricas y las promesas de la economía de la IA en Aragón -la región acumula anuncios de centros de datos por unos 47.000 millones- han empujado a Hitachi a pensar a lo grande e invertir más de 30 millones en una nueva planta, una nave de 22.000 metros cuadrados, el equivalente a unos tres campos de fútbol, diseñada para alimentar ese tsunami eléctrico. «Sin transmisión no hay transición energética», asevera Alfredo García-Borreguero, country manager director de Hitachi Energy en España.

La compañía anunció la construcción de la nueva planta zaragozana hace justo un año. En realidad, el movimiento formaba parte de una ambiciosa estrategia de expansión del gigante japonés, presente en más de 140 países, que va a movilizar 1.500 millones para multiplicar su potencia de fabricación a nivel mundial. Urge subirse al tren de la electrificación.

«Ampliar una fábrica lleva tiempo. No puedes esperar a que las cosas pasen. Hay que interpretar el mercado y anticiparse. La demanda ya está aquí, no es algo que vaya a empezar: ya ha arrancado y con un salto brutal», corrobora el directivo. Sus previsiones apuntan que la demanda eléctrica va a escalar desde el 20% del consumo total de energía actual, a representar el 50% para 2050. Para García-Borreguero, los números prueban que ha llegado un «superciclo» eléctrico que no es flor de un día. «Llevo 30 años en esto y he vivido algunas burbujas, pero esto es una tendencia que va a continuar en el tiempo hasta 2050».

Buena parte de esa expectativa descansa sobre los hombros de los centros de datos. El debate está servido. «Para nosotros es un vector de crecimiento, pero es cierto que es un nuevo competidor y, lógicamente, con una demanda más alta, el precio de la electricidad subirá. Es un debate que no está cerrado», sugiere.

Asume que el Gobierno de Pedro Sánchez no es muy favorable a los data center. «Tuve la oportunidad de estar con el presidente y lo dijo negro sobre blanco, que un centro de datos sin un entorno que genere empleo, riqueza o talento no tiene sentido». Así se lo trasladó a la asociación de fabricantes de equipos eléctricos (Afbel), donde Hitachi es socio, y causó revuelo. «Solo fui el mensajero».

«Es lo de siempre. Queremos electricidad, pero no centrales de carbón ni tampoco molinos. Si queremos Netflix y 5G, alguien tendrá que instalar centros de datos. Decir que no nos gustan es demasiado simplista», defiende.

El gran cuello de botella, en España y en Europa, son las redes. «Se habló mucho de renovables y alguien se ha acordado ahora de que todo eso solo tiene sentido si hay una red a la que conectarse. Esto se le había olvidado, incluso, a la Unión Europea». Aunque tarde, el directivo asegura que nuestro país está «poniendo los mimbres» para revertirlo.

La demanda en España no está creciendo al ritmo previsto, pero hay apetito. Las renovables son la miel que está atrayendo a un aluvión de nuevos consumidores. «Rompiendo ese mantra que he escuchado durante muchísimos años, de que la energía renovable es cara. Bueno, uno de los motivos por los que no nos conectamos a Francia es porque sus nucleares no pueden competir con la eólica y la fotovoltaica. España siempre había sido un país importador, ahora es netamente exportador».

Pero España sigue siendo una isla energética sin apenas intercambio con el exterior. Su nivel de interconexión es exiguo, menor al 3%, a años luz del objetivo europeo del 15% para 2030. «Reino Unido, que es una isla física, está mucho más interconectado que España. Francia es un tapón y sus intereses están por delante de cualquier otra cosa».

Esto sigue acarreando consecuencias desastrosas en situaciones de crisis. «No fue el motivo fundamental del apagón de abril, pero un país más interconectado lo habría vivido de forma totalmente distinta», enfatiza el ejecutivo, que recuerda que la nueva conexión submarina entre Gatika (Vizcaya) y Francia, un proyecto de 400 kilómetros y casi 3.000 millones de euros, llevará tecnología de Hitachi.

Pese a su origen japonés, Hitachi ha echado raíces en España. Solo su división de energía da empleo a 1.500 personas desde sus fábricas de Córdoba y Zaragoza. Por eso, García-Borreguero no se siente aludido ante el debate de la autonomía industrial europea. «Hacer una transición energética con productos que vienen de China es como para hacérselo mirar. Europa no puede competir con una industria súper subvencionada que opera con otras reglas de juego».

«Yo no hablaría de proteccionismo, que es una palabra como maldita, sino de tener en la Unión Europea autonomía de productos y sistemas. De lo contrario, dependes de un país que tiene otra agenda, como China. Si cierran el grifo, estamos muertos», advierte.

Si bien, reconoce que habrá que contarle a la gente que priorizar la industria local conlleva un coste. «Hay que explicar que no es más caro porque sí, lo es porque ese dinero, al final, vuelve de alguna manera a los ciudadanos. Pero luego cada uno mira su bolsillo y el que trabaja en un supermercado puede pensar que no le compensa el sobrecoste. En nuestro caso, si trajésemos todo de China, 1.500 personas en España se irían a la calle«.

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