Abdul El-Sayed, de 42 años, se ha convertido en el primer musulmán que gana un escaño en el Senado de Estados Unidos. Su éxito en Michigan se produjo a pesar de que ha sido objetivo de una dura campaña islamófoba y de una traición interna cuando en el cierre de campaña la congresista Haley Stevens, a la que derrotó en las primarias demócratas, se pasó de bando y compareció junto al candidato republicano, Mike Rogers.
El candidato demócrata ha sobrevivido a una campaña llena de ataques y descalificaciones
Abdul El-Sayed, de 42 años, se ha convertido en el primer musulmán que gana un escaño en el Senado de Estados Unidos. Su éxito en Michigan se produjo a pesar de que ha sido objetivo de una dura campaña islamófoba y de una traición interna cuando en el cierre de campaña la la congresista Haley Stevens, a la que derrotó en las primarias demócratas, se pasó de bando y compareció junto al candidato republicano, Mike Rogers.
El-Sayed estuvo toda la noche al frente en el recuento, que se prolongó durante horas. Su carrera en esta elecciones contó con el apoyo del senador Bernie Sanders, ya legendario líder de la izquierda socialista. A pesar de ser atacado por el presidente Donald Trump, que le acusó de yihadista y comunista, entre otras lindezas, El-Sayed ah recuperado buena parte del voto musulmán que en el 2024 impulsó al actual presidente a la victoria en Michigan.

Hijo de un inmigrante egipcio, se crio en el sureste del estado, donde fue a escuelas públicas. Se graduó en la Universidad de Míchigan, se doctoró en Medicina en Columbia y obtuvo un segundo doctorado en Oxford en salud pública, en 2011, gracias a una beca Rhodes.
A lo largo de la campaña, ya desde las primarias, ha estado en el punto de mira de los conservadores por su postura crítica respecto a las relaciones entre EE.UU. e Israel, uno de los ejes de su discurso. Esto provocó oposición en parte de la comunidad judía de Míchigan. Las primarias estuvieron marcadas por más de 60 millones de dólares que los lobbies pro israelíes destinaron a su rival.
El auge de El-Sayed también estuvo marcada por su relación con el polémico streamer de izquierdas Hasan Piker, con quien colaboró para atraerse el voto de los jóvenes.
Sin embargo, el historial de declaraciones incendiarias de Piker desató duras críticas. El republicano Mike Rogers utilizó esa relación como arma en anuncios para presentar a El-Sayed como demasiado extremista. Además, destacados demócratas proisraelíes y moderados expresaron una profunda preocupación. Algunos retuvieron sus apoyos y advirtieron de que la asociación podría alejar a los votantes judíos en un estado clave y muy disputado. Frente a estas críticas, el candidato demócrata trató de distanciarse de Piker.
Todos esos obstáculos no han impedido que se impusiera en estas elecciones. Todo ello pese a haber pedido la sanidad universal y la abolición del ICE, la agencia de inmigración y aduanas cuyos agentes siembran el terror por el país a las órdenes de Trump.
“Espero llevar a Washigton toda vuestra esperanza”, dijo en la madrugada del miércoles a sus seguidores en su comparecencia en Detroit ya como ganador.
“En la campaña hablamos de un Míchigan más luminoso, más grande y más esperanzador. Ellos, en cambio, hicieron una campaña publicitaria financiada por grandes corporaciones, diseñada para engañar y distraer. En lugar de intentar unirnos para afrontar la crisis de la gasolina o de los alimentos, la oposición decidió intentar dividirnos. Al principio señalaron mi nombre y mi fe, como diciendo, ‘ya sabes, es un poco diferente’. Y cuando eso no funcionó, intentaron culparme por asociación con otros (alusión a Piker). Y cuando tampoco eso funcionó, se lanzaron de lleno a una de las campañas más feas que hemos visto en nuestras vidas”, lamentó.
El-Sayed alardea de que es el único candidato que no ha recibido dinero de grandes corporaciones.
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