El Papa deja España en el Falcon del Rey tras siete días históricos

El papa León XIV permaneció en España bastante más tiempo del previsto. La salida del Pontífice desde Tenerife, última etapa de su viaje apostólico, se retrasó casi tres horas por una incidencia técnica en el avión de Iberia que debía llevarle de regreso a Roma.

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 El avión que debía trasladar a Prevost sufrió una avería y Felipe VI le cedió el suyo  

El papa León XIV permaneció en España bastante más tiempo del previsto. La salida del Pontífice desde Tenerife, última etapa de su viaje apostólico, se retrasó casi tres horas por una incidencia técnica en el avión de Iberia que debía llevarle de regreso a Roma.

En el Airbus A320 de Iberia viajaban también los cerca de 80 periodistas de más de 50 medios internacionales —entre ellos La Vanguardia — que han acompañado al Papa en su primer viaje a España, además de 25 miembros del equipo vaticano y 16 agentes de seguridad. Fue el final rocambolesco de un viaje —el primero de un Pontífice a España en quince años— que llevó a Robert Prevost a Madrid, Barcelona y Catalunya, además de Gran Canaria y Tenerife en un periplo histórico durante siete días.

Finalmente se encontró una solución: un Falcon del Ejército del Aire cedido por Felipe VI, que había acudido al aeropuerto para despedirle. La incidencia, que en ningún momento fue considerada grave y cuyos detalles no han sido aclarados, provocó un notable trastorno en el amplio dispositivo de seguridad que ha acompañado al Pontífice desde el 6 de junio, día de su llegada a Madrid-Barajas.

Visto desde dentro del avión, todo parecía normal. Incluso el pequeño retraso inicial podía explicarse por la gran cantidad de personas que habían participado en los últimos actos del Papa en Tenerife. Los anuncios de la tripulación antes de un despegue rara vez son escuchados con atención. Mucho menos cuando a bordo viaja un Papa y la principal preocupación de los periodistas es lograr que los cables lleguen hasta el asiento desde el que se celebrará la tradicional rueda de prensa del vuelo de regreso.

Juan Pablo II tuvo que realizar una escala de emergencia en Malta por problemas técnicos en 1990

Esta vez, sin embargo, el anuncio comenzó con una disculpa y las alarmas se encendieron inmediatamente. El Papa ya se había despedido con todas las formalidades del protocolo. Felipe VI le había esperado en la base aérea de Tenerife Norte, las autoridades canarias estaban formadas para el saludo oficial y también estaba presente la ministra Elma Saiz, responsable de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El saludo desde la escalerilla debía ser la última imagen del Pontífice en España tras una semana de viaje sin incidentes.

Pero cuando León XIV ya ocupaba el asiento 1A, probablemente preparando la habitual conferencia de prensa di ritorno dai viaggi apostolici , llegó el anuncio del comandante. La alfombra roja que ya estaba siendo retirada volvió a desplegarse cuando el jefe del Estado recorrió de nuevo la escalerilla para recoger al Papa y acompañarlo de vuelta a la base militar. La sorpresa se extendió rápidamente entre los pasajeros. “El Papa se está yendo”, comentaban los periodistas al observar la escena.

Según explicaron informalmente miembros de la tripulación, el problema podría estar relacionado con la puesta en marcha de uno de los motores, una operación que se habría visto dificultada por las fuertes rachas de viento. El comandante anunció entonces un último intento: recolocar el avión para orientarlo de otra manera respecto al viento y tratar de arrancar nuevamente el motor. La maniobra no dio resultado.

Poco después llegó un comunicado oficial de Iberia informando de que el avión “no puede ser reparado inmediatamente”. Los pasajeros fueron desembarcados a la espera de una nueva aeronave enviada desde Madrid.

Mientras tanto, al Papa se le encontró una solución alternativa: regresar en el Falcon que debía trasladar de vuelta a Madrid a Felipe VI. “El Pontífice ha agradecido el detalle”, señaló posteriormente un comunicado de la Casa Real. León XIV subió así a bordo de un avión militar con la inscripción “Reino de España” en el fuselaje y despegó rumbo a Roma, mientras el Rey permanecía en Tenerife a la espera de otro aparato. Los periodistas más veteranos comenzaron entonces a buscar precedentes. No fue fácil. Los anuarios recuerdan que Juan Pablo II tuvo que realizar una escala de emergencia en Malta por problemas técnicos en 1990.

Esta vez no pasó de un susto. Un retraso de varias horas en el último acto de un viaje que había transcurrido sin incidentes.

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