En apenas unos meses, Carlos Garach (Granada, 2004) pasó de competir junto (no contra) a Léon Marchand en los Juegos Olímpicos de París a despertarse como un resorte cuando sonaba el despertador (6:00) en el cuartel de San Fernando de Cádiz. Entre un sueño y otro medió una oportunidad del Consejo Superior de Deportes (CSD) para atletas de alto rendimiento (DAN) que quisieran iniciar su carrera en el ejército. Para ello, debía someterse a un adiestramiento de seis meses y salirse de la piscina; y eso le ocurrió al nadador que se entrena en Málaga, que hizo un paréntesis en su carrera hasta que, el pasado diciembre, regresó a su día a día y ahora es una de las estrellas del Nacional de Primavera que se disputa en las instalaciones del CN Sabadell hasta este domingo. “Tenía claro que no iba a recuperar rápido el nivel (con 3:48.67 voló en los 400 libre y rebajó la mínima). Hay que ir poco a poco y poder en junio pelear por el Europeo”. Curiosamente también en París.
Carlos Garach regresa a la natación con fuerza en el Nacional de Sabadell después de un año y medio de adiestramiento y desconectado de un mundo del que se desenamoró
En apenas unos meses, Carlos Garach (Granada, 2004) pasó de competir junto (no contra) a Léon Marchand en los Juegos Olímpicos de París a despertarse como un resorte cuando sonaba el despertador (6:00) en el cuartel de San Fernando de Cádiz. Entre un sueño y otro medió una oportunidad del Consejo Superior de Deportes (CSD) para atletas de alto rendimiento (DAN) que quisieran iniciar su carrera en el ejército. Para ello, debía someterse a un adiestramiento de seis meses y salirse de la piscina; y eso le ocurrió al nadador que se entrena en Málaga, que hizo un paréntesis en su carrera hasta que, el pasado diciembre, regresó a su día a día y ahora es una de las estrellas del Nacional de Primavera que se disputa en las instalaciones del CN Sabadell hasta este domingo. “Tenía claro que no iba a recuperar rápido el nivel (con 3:48.67 voló en los 400 libre y rebajó la mínima). Hay que ir poco a poco y poder en junio pelear por el Europeo”. Curiosamente también en París.
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La pasión por el ejército le vino a Garach de niño y gracias a su abuela. “Mi bisabuelo fue teniente coronel. Mi abuela veía los desfiles y me empezaron a gustar. Me aficioné a documentales de guerras. Vi que me interesaban defender a España, la ayuda humanitaria que hay detrás… Ayudar sin pedir nada a cambio es lo más honesto y bonito que hay”, explica en conversación telefónica.
Formación, desayuno, dos horas de deporte, ducha, tres horas de adiestramiento militar (“en mi caso mi arma son las transmisiones: artillería antiaérea, batería antimisiles, radio, cobertura…”), clase y luego zafarrancho. Así un día y otro en un ambiente donde “el orden y la limpieza es clave”. Y, de vez en cuando, algún que otro castigo: “A las 23:00 hay que apagar las luces y a veces te pillan con el móvil. Sobre todo al inicio. Tienes que irte fuera a hacer formación 30 minutos”, añade.
Garach tiene plaza en Sevilla aunque ahora un permiso de seis meses en Málaga, donde retoma los entrenamientos. En un mundo tan bélico y revuelto, y aunque la opción sea remota, no tiene dudas el granadino de qué hacer si le llaman a filas: “Soy nadador, pero también militar. Lo principal es que si me país me necesite, yo esté ahí. Me permiten entrenar y competir, pero si me país quiere, voy. Creo que los otros deportistas que estuvimos en adiestramiento, como Carlos Arévalo (piragüismo), opinan lo mismo. Es el sentimiento que creas. No estoy por el dinero, estoy porque lo siento. Es mi vocación, ser militar y defender la patria”, concluye sin titubeos. Garach sigue la actualidad de un mundo que le apasiona.
No obstante, y aunque la oportunidad del CSD le animó, el nadador también fue víctima del ciclotímico mundo del cloro, un deporte que devora mentes y necesita desconexiones por su exigencia y la cansada lucha contra el cronómetro. “Vivir unos Juegos fue bonito, pero en ese momento fue desastroso. Estaba hundido después de los diez kilómetros aguas abiertas (en las aguas del río Sena). Pasé un mes de vacaciones en el que no pensé en los Juegos, aunque todos me preguntaran. Me sentí peor a la vuelta a los entrenamientos”.
Nunca olvidará su primer día: “Me salí del agua, tenía un bloqueo, seguía decepcionado. No hice el ridículo, pero sentía que había fallado a todas las personas. Mi deber era haber cumplido. Luego ya lo vi con perspectiva y en el 800 libre bajé mi marca, en el 1500 hice una de mis mejores carreras… Quizás iba con demasiada ilusión y con mucha tensión”.
La travesía de Garach es habitual. Un nadador con capacidad para batir récords de España y ser dominante de 400 a 1.500 libre (ahora ahondará los 200), pero que en el panorama internacional no tiene nivel todavía para entrar en una final olímpica, donde están también las mejores becas. “Es impresionante el nivel, pero me lo tomó con ambición. Yo también puedo llegar”, dice decidido.
En esta ‘mili’ ha vuelto a apasionarse por la natación después de perder esa chispa: “Me lo tomaba para enamorarme otra vez de este deporte. A veces pierdes el rumbo, sienten la monotonía. No disfrutas el proceso. Me pasó eso. Por eso al dejarlo un tiempo era la prueba para saber si era la rutina o quería volver. Y nunca pensé en dejarlo. Me di cuenta a las dos o tres semanas que algo echaba en falta. Desde los tres años la natación es mi vida. En los momentos más tensos durante la instrucción mi cuerpo me pedía nadar, ser libre y quitar el estrés, volver a mi zona de confort. Vuelvo porque quiero, disfrutar y enamorarme”. Y ya ha empezado a volar.
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