La alegría de ganar un premio Ondas ya es un contenido viral. Desde que la radio ha sucumbido al imperio de la imagen, las reacciones al veredicto del premio –que este año leyó Gemma Nierga, recuperada por la misma empresa que la despidió indignamente– saltan simultáneamente a las redes para reforzar el vínculo con la audiencia. Pasan los años y ningún otro honor audiovisual tiene la trascendencia de los Ondas, aunque eso reduzca el margen para una celebración más íntima. Tradicionalmente, la primera reacción era la entrevista que La Ventana (Sardà, Nierga o Francino) les hacía a los ganadores. Ahora hay reacciones que se escapan a esta disciplina. Por ejemplo: a través de redes propias y corporativas, los seguidores del Que no surti d’aquí (Catalunya Ràdio) pudieron ver cómo Roger Carandell reaccionaba al veredicto y, a través de videollamadas, conectaba con unas emocionadas y eufóricas Juliana Canet y Marta Montaner. Ahora les queda el último tramo del camino: la recepción del Palacete Albéniz, el acto del Liceu y la exclusiva fiesta de los Ondas. Una fiesta que, con buen criterio, nadie retransmite para preservar la leyenda que establece que lo que pasa en la fiesta de los Ondas se queda en la fiesta de los Ondas.
La alegría de ganar un premio Ondas ya es un contenido viral. Desde que la radio ha sucumbido al imperio de la imagen, las reacciones al veredicto del premio –que este año leyó Gemma Nierga, recuperada por la misma empresa que la despidió indignamente– saltan simultáneamente a las redes para reforzar el vínculo con la audiencia. Pasan los años y ningún otro honor audiovisual tiene la trascendencia de los Ondas, aunque eso reduzca el margen para una celebración más íntima. Tradicionalmente, la primera reacción era la entrevista que La Ventana (Sardà, Nierga o Francino) les hacía a los ganadores. Ahora hay reacciones que se escapan a esta disciplina. Por ejemplo: a través de redes propias y corporativas, los seguidores del Que no surti d’aquí (Catalunya Ràdio) pudieron ver cómo Roger Carandell reaccionaba al veredicto y, a través de videollamadas, conectaba con unas emocionadas y eufóricas Juliana Canet y Marta Montaner. Ahora les queda el último tramo del camino: la recepción del Palacete Albéniz, el acto del Liceu y la exclusiva fiesta de los Ondas. Una fiesta que, con buen criterio, nadie retransmite para preservar la leyenda que establece que lo que pasa en la fiesta de los Ondas se queda en la fiesta de los Ondas.Seguir leyendo…
La alegría de ganar un premio Ondas ya es un contenido viral. Desde que la radio ha sucumbido al imperio de la imagen, las reacciones al veredicto del premio –que este año leyó Gemma Nierga, recuperada por la misma empresa que la despidió indignamente– saltan simultáneamente a las redes para reforzar el vínculo con la audiencia. Pasan los años y ningún otro honor audiovisual tiene la trascendencia de los Ondas, aunque eso reduzca el margen para una celebración más íntima. Tradicionalmente, la primera reacción era la entrevista que La Ventana (Sardà, Nierga o Francino) les hacía a los ganadores. Ahora hay reacciones que se escapan a esta disciplina. Por ejemplo: a través de redes propias y corporativas, los seguidores del Que no surti d’aquí (Catalunya Ràdio) pudieron ver cómo Roger Carandell reaccionaba al veredicto y, a través de videollamadas, conectaba con unas emocionadas y eufóricas Juliana Canet y Marta Montaner. Ahora les queda el último tramo del camino: la recepción del Palacete Albéniz, el acto del Liceu y la exclusiva fiesta de los Ondas. Una fiesta que, con buen criterio, nadie retransmite para preservar la leyenda que establece que lo que pasa en la fiesta de los Ondas se queda en la fiesta de los Ondas.
Les reacciones de alegría y euforia por los premios Ondas ya no son una exclusiva del medio radiofónico
NERVIOS. El programa Nervi (TV3), que ahora presenta Clara Molins, mantiene su línea de ofrecer contenidos alternativos con colaboradores de curiosidad omnívora y heredera del legado hipster, tan influyente en la cultura oficial barcelonesa. A los adictos al vicio cultural, el programa nos ayuda a descubrir una nueva generación de prescriptores, que alternan la sabiduría vocacional con brotes de erudición narcisista, y artistas y creadores que –este es el gran acierto de Nervi– amplían nuestros horizontes mentales. Es el caso del excelente reportaje sobre Pep Espelt, activista paisajista del Berguedà, que expuso su fascinante punto de vista sobre la relación que mantiene con las flores y la naturaleza. Explicó que de la misma manera que cuando viajamos a Italia o Francia nos gusta tener unas mínimas nociones del idioma local, cuando vamos al bosque también deberíamos entender “el lenguaje del entorno”. Y sobre las flores, nos recordó que son lo suficientemente importantes para acompañarnos en momentos relevantes de nuestra vida: cuándo decimos “Te quiero” y cuándo nos morimos. Aunque el programa se llama Nervi , fueron unos minutos felizmente antidepresivos y relajantes.
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