El fútbol une, el Mundial 2030 no tanto

A falta de soluciones, bueno es el cariño. El fútbol español, siendo solemnes, inició ayer en Ceuta la gira nacional del tándem De la Fuente (seleccionador)-Louzán (presidente de la RFEF) para pasear la Copa del Mundo y prolongar sus efluvios de unidad nacional.

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 De la Fuente y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol visitan Ceuta y dan por hecho que España albergará la final y no Marruecos  

A falta de soluciones, bueno es el cariño. El fútbol español, siendo solemnes, inició ayer en Ceuta la gira nacional del tándem De la Fuente (seleccionador)-Louzán (presidente de la RFEF) para pasear la Copa del Mundo y prolongar sus efluvios de unidad nacional.

La visita relámpago para dar cariño a Ceuta dejó dos subtitulos: el perfil bajo de la agenda –sin baños de masas– y la reivindicación de que sólo España –y no Marruecos– tiene derecho a la final del Mundial 2030 –que organizan los dos países y Portugal– , disputa que promete y puede contribuir a la distensión ­bilateral o a una espiral ultranacionalista.

“Por su culpa me he aficionado al fútbol y ya sé lo que es un fuera de juego”, espetó una ceutí a Luis De la Fuente, a su salida del palacio de la Asamblea de Ceuta cuyos balcones parecían el marco propicio para recibir el aplauso de una multitud que no fue convocada y, por tanto, nunca existió. Se optó por la intimidad, el recogimiento y un acto institucional la mar de afectuoso pero sin el pueblo ceutí.

“Ceuta es el sitio donde hay que estar”, les agradeció el presidente Juan Jesús Vivas, antes de recibir una camiseta de la selección con el número 26, posar ante la Copa del Mundial y reivindicar algo que suena bien o muy mal, según se mire: “pocas cosas hay en el conjunto de España con la capacidad de unir del fútbol”.

Rafael Louzán y Luis De la Fuente supieron transmitir afecto, cariño y eso que llaman empatía a Ceuta en la figura de su máximo dirigente, representante de una generación –Vivas tiene 73 años– a la que, en su juventud, la selección española sólo daba disgustos. “He oido en Ceuta que me decían ‘eres nuestro ídolo’. No, vosotros los ceutíes,los caballas sois mis ídolos y un ejemplo para el resto de España”, afirmó Luis De la Fuente

La plaza de África de Ceuta, agraciada y simbólica, estaba casi desierta a la hora del acto, las cuatro de la tarde, salvo contados caza autógrafos y recolectores de fotografías para sus redes. Sendos grupos de jóvenes marroquíes esperaron la salida de De la Fuente y Louzán para hacerles fotos, sin acercarse. Este que suscribe sí lo hizo -¡menuda proeza!–, sin conseguir comentario alguno porque dijeron no hablar ni entender el español o el francés. “Sólo árabe”. Deambulan con prudencia por el centro neurálgico de Ceuta, allí donde convergen el palacio de la Asamblea de Ceuta, el santuario de Nuestra Señora de África, la comandancia general, la catedral y el parador nacional La Muralla, cuya atmósfera, suspendida en el tiempo, tanto gusta a las fuerzas vivas. Los adolescentes deambulan por la zona céntrica pero en actitud tranquila, huidiza y algo desconfiada hacia quien les dirige la palabra.

Algunos jóvenes marroquíes observan al seleccionador en la mismísima plaza de África, la Ceuta eterna

El seleccionador De la Fuente y el presidente Louzán atendieron a los medios de comunicación en la plaza para eso que llaman un canutazo, que dio de sí porque no eludieron un asunto que vuelve a cobrar peso en la crisis bilateral: ¿quién se lleva el gato al agua de la final de la Copa del Mundo 2030?

Nota para el lector: la organización del campeonato fue solicitada inicialmente a la FIFA por España y Portugal. La elección se produjo en el 2024, con Marruecos incorporado al tren ibérico en el 2023. ¿De quién fue la idea? En el 2018 y en el marco de su visita oficial a Rabat –es costumbre que la primera visita al exterior de un presidente sea a Marruecos– Pedro Sánchez cursó al rey Mohamed VI la invitación para que Marruecos se sumase a la candidatura ibérica Así sucedió pero lo que parecía reservado a un papel secundario se puede convertir en otra disputa avinagrada: Rabat va a jugar sus cartas para acoger la final en el espectacular estadio que construye en Casablanca.

Hoy, atribuirse la idea de sumar a Marruecos a la candidatura no concede popularidad. El presidente Louzán deslizó en Ceuta que “como sabéis, yo no estaba en ese momento” al frente de la RFEF. Quién estaba en 2018 era Luis Rubiales, entonces con buena sintonía con la Moncloa. Louzán proclamó “que debemos ser quienes organicemos la final”. Con similar contundencia se expresó Luis De la Fuente en lo que lleva camino de convertirse en una pugna tan simbólica como peligrosa para quienes pensaban que un Mundial conjunto mejoraría las relaciones entre España y Marruecos. A día de hoy, parece todo lo contrario.

Un chaval con la camiseta de la selección pidió a De la Fuente que le firmara unos cromos vintage de los tiempos en que era jugador del Athletic de Bilbao. El seleccionador lo hizo con suma amabilidad. Pocos personajes públicos hay en España tan bien aceptados, acaso por sencillo.

Al terminar, el muchacho se reencontró con su padre, un alto funcionario que prefirió sólo dar el nombre (Pedro). Llevan tres quinquenios en Ceuta, habían comprado un piso, se sentían a gusto…“y por primera vez, estamos pensando en pedir el traslado a la península”.

–¿Y lo de organizar el Mundial 20230 con Marruecos?

–¡Ni en broma!

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