A los grandes equipos les definen también las malas tardes y su modo de resolverlas. La pereza, por horario y rival, atacó al equipo de Flick en una primera mitad de partido para olvidar, pero la manera de corregirse en la segunda descubrió el auténtico potencial de lo que se tiene entre manos. Presión, verticalidad y tres goles, con especial mención al de Lamine, delicatessen servida como compensación al espectador que al descanso reclamaba la devolución de la entrada y que acabó empapado.
A los grandes equipos les definen también las malas tardes y su modo de resolverlas. La pereza, por horario y rival, atacó al equipo de Flick en una primera mitad de partido para olvidar, pero la manera de corregirse en la segunda descubrió el auténtico potencial de lo que se tiene entre manos. Presión, verticalidad y tres goles, con especial mención al de Lamine, delicatessen servida como compensación al espectador que al descanso reclamaba la devolución de la entrada y que acabó empapado.Seguir leyendo…
A los grandes equipos les definen también las malas tardes y su modo de resolverlas. La pereza, por horario y rival, atacó al equipo de Flick en una primera mitad de partido para olvidar, pero la manera de corregirse en la segunda descubrió el auténtico potencial de lo que se tiene entre manos. Presión, verticalidad y tres goles, con especial mención al de Lamine, delicatessen servida como compensación al espectador que al descanso reclamaba la devolución de la entrada y que acabó empapado.
Si este equipo parece no tener techo cuando se lo propone, el Spotify Camp Nou, cuyo aspecto interior y exterior evidencia lo mucho que queda por esperar al retraso ya acumulado, sigue sin tejado, un problema si Catalunya sigue decidida a convertirse en Galicia.
Antes de Lamine y de la lluvia, trabajadores extranjeros de las obras reclaman sus derechos
La salida holgazana del Barça, incomprensible tal como está la clasificación, aumentó la sensación de modorra que dan los partidos de primera hora de la tarde. Con una observación: el público puede venir dormido, pero los futbolistas, se supone que no. El equipo de Flick, grupo que nos ha acostumbrado a la velocidad, compareció a un ritmo desacostumbrado, como si anduviera frenado por un fango imaginario. Pases previsibles cuando no fallidos, regates en zonas inocuas, apenas un chut a puerta y desatención general. El Oviedo, colista, aprovechó las circunstancias y el silencio de la grada (se escucharon más los gritos de los asturianos desplazados) para irse creciendo comandado por un Hassan que se parecía a Lamine. El habilidoso delantero francés encontró un chollo en la banda defendida por Cancelo, cuyas aventuras sin repliegue obligaron a doblar las ayudas de Gerard Martín, Casadó y hasta De Jong. No sé si vale la pena involucrar a tanto jugador para defender un lateral del campo.
Con un poco de esfuerzo e imaginación no fue difícil escuchar a Flick jurando en arameo a través de las paredes del vestuario al descanso. Demasiado silencio ambiental y futbolístico para el rumboso alemán.
Así fue: el liderato volvió a su sitio enseguida con el Barça activado por fin y haciendo lo que debió haber hecho antes por la vía rápida. Dani Olmo y Raphinha tardaron diez minutos en ponerse en evidencia a ellos mismos y a sus compañeros. El equipo blaugrana se pareció a sí mismo para ganar y gustar. Lamine se encargó de lo último con su golazo.
No solo fútbol
Antes de empezar el partido, en los aledaños del estadio, una escena nos recordó que el pasado insiste en no despegarse del presente con reivindicaciones laborales que deberían estar superadas. Eran pocos, vestían petos y se hacían acompañar del himno de La Internacional , acordes de otra época que colisionan con el fútbol de hoy, brazo más o menos amigable del capitalismo. Eran extranjeros, pero para nada turistas. Es de justicia reproducir un párrafo de la hoja que nos repartieron con sus reclamaciones: “Somos trabajadores de Extreme Works y de Ramsta, empresas subcontratadas por Limak para realizar las obras del nuevo Camp Nou. Venimos de Turquía y hemos trabajado durante meses sin papeles, con jornadas de más de 12 horas, siete días a la semana, sin entender el idioma y lejos de nuestras familias. Pese a nuestro esfuerzo, llevamos sin cobrar desde el mes de octubre y hemos sido despedidos por denunciar esta situación. Ni salarios ni indemnizaciones ni explicaciones”. Estaría bien que el club se preocupara y ocupara de ellos, da igual que contractualmente no sean su responsabilidad. Es cuestión de preservar los valores de los que se alardea.
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