Egipto tiene himno

En toda mi vida había pensado ni un segundo en el himno de Egipto. De toda esa muestra racista de lo que fue, es y será el activismo extremo futbolero del otro día me quedo con ese detalle, nimio si se quiere, estrictamente personal. Que Egipto tiene himno. A resultas de esa iluminación, he tratado de pensar que todos los países tienen himno. No me he puesto a escucharlos todos. Ya saben aquello de que la justicia militar es a la justicia, lo que la música militar a la música. Podríamos incluir en esto, a la mayoría de los himnos patrióticos. La Patria, la Bandera, la Nación. Qué bien suena ¿verdad?

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 En toda mi vida había pensado ni un segundo en el himno de Egipto. De toda esa muestra racista de lo que fue, es y será el activismo extremo futbolero del otro día me quedo con ese detalle, nimio si se quiere, estrictamente personal. Que Egipto tiene himno. A resultas de esa iluminación, he tratado de pensar que todos los países tienen himno. No me he puesto a escucharlos todos. Ya saben aquello de que la justicia militar es a la justicia, lo que la música militar a la música. Podríamos incluir en esto, a la mayoría de los himnos patrióticos. La Patria, la Bandera, la Nación. Qué bien suena ¿verdad?Seguir leyendo…  

En toda mi vida había pensado ni un segundo en el himno de Egipto. De toda esa muestra racista de lo que fue, es y será el activismo extremo futbolero del otro día me quedo con ese detalle, nimio si se quiere, estrictamente personal. Que Egipto tiene himno. A resultas de esa iluminación, he tratado de pensar que todos los países tienen himno. No me he puesto a escucharlos todos. Ya saben aquello de que la justicia militar es a la justicia, lo que la música militar a la música. Podríamos incluir en esto, a la mayoría de los himnos patrióticos. La Patria, la Bandera, la Nación. Qué bien suena ¿verdad?

España - Egipto
España – EgiptoAlbert Gea / Reuters

Hay muchas maneras de enfocar lo que sucedió el otro día en el partido amistoso entre España y Egipto y los cánticos -racistas, xenófobos, islamófobos, lo que se valore por los entendidos en cánticos chungos pero, reconozcámoslo, afinados y suficientes: no eran cuatro locos- , en el estadio de Cornellà pero solo cabe una sorpresa y es la de pitar el himno de Egipto. País éste que si no eres Israel, no es que te caiga bien, sino que nunca te has preguntado si te cae bien, ya que dejó de dar la murga desde Cleopatra, el trigo y los romanos. Pero pitar el himno de Egipto no es como el de pitar el de España o el de Catalunya que lo haces y te sientes rebelde y estupendo, y además nada cambia a pesar de tu silbido salvaje y nihilista y vuelvas a tu vida con tu novia de Sevilla y a veranear en Salou, sino que es pitar el himno de un país que no te cae mal solo porque ya no estás dispuesto a demostrar que eres educado, inteligente, divertido sino que simplemente inhalas odio como tus propias flatulencias: son mías, me gustan, huelen a lo mío.

Sociólogos de todo el mundo estudian qué lleva a seres humanos a desplazarse -con frío y lejos de su vivienda habitual- a un estadio de fútbol a ver durante dos horas un partido amistoso de selección nacional para enfrentarse a una potencia futbolística como Egipto o Costa Rica (que también tiene himno). Tienes mil canales en tu televisor con mejores ofertas futboleras. Estás saciado de partidos del siglo. Es un amistoso, por el amor de Dios (y de Alá). La única respuesta de dichos estudiosos del comportamiento humano es que si vas es por activismo político o social, para estar con los de tu manada por el hecho de estar y dejarte ir (flatulencias y odio). Entenderemos que generalizo -se ha localizado a padre e hijo que iban por el placer de ver fútbol en directo: están en estudio de enfermedades raras en el Hospital del Mar-.

Y si lo de pitar al himno de Egipto nos ha sorprendido a algunos, lo de cantar “Musulmán el que no bote” solo puede hacerlo a cualquiera que en los últimos cien años no ha tenido la desgracia de que su hijo eligiera fútbol como extraescolar. El público del fútbol -da igual la edad de los jugadores- es el reducto de lo más racista y xenófobo de toda la sociedad y no tiene nada que ver con el resto de actividades deportivas. Siempre. En todos los equipos. En cualquier país. Tú vas a ese amistoso (¡!!!) contra tu selección a insultar a los musulmanes, a los negros, a los de la selección contraria, a los de la tuya que juegan con el equipo rival, a los musulmanes o negros de la tuya, porque en el bar estás solo y te dicen que te calles, que no escuchan la tele. El fútbol, ese maravilloso lugar donde solo Rubiales se puede coger los testículos desde un palco al lado de una reina o donde -al revés que en el resto de la vida común a excepción de la de países árabes, con o sin himno, Rusia y Corea del Norte- solo existe un jugador homosexual cada 30.000 jugadores, es, no en cuanto deporte y deportistas, sino en cuanto a entorno social -opinadores, afición extrema, dirigentes-, la caverna dentro de la cueva dentro del agujero dentro del hoyo de lo peor de nosotros, de lo violento, tribal, ignorante, tramposo y machirulo. Y por cierto, el himno de España está inspirado en una nuba andalusí del siglo XII por el filósofo y músico Ibn Bayya (condiscípulo de Averroes). Pero vamos, que da igual. Que viva el Mundial.

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