Cruyff y la manta de Flick

El Barça de Flick se empeña en dar la razón a quienes afirman que es un equipo incompleto, que ataca de fábula y defiende con aletas puestas, osease, con la torpeza de los patos. Si la grandiosa temporada pasada del equipo blaugrana no tuvo un final redondo fue precisamente por sus descuidos en la retaguardia, lógicos en parte por su apuesta chipirifláuticamente ofensiva, pero excesivos para poseer la solidez de los campeones europeos, más serios ellos. En Praga el equipo blaugrana se mostró tal cual es, cruyffista hasta la médula. Recordemos el primer mandamiento: todo marcador es bueno si metes más goles que el adversario. Amén.

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 El Barça de Flick se empeña en dar la razón a quienes afirman que es un equipo incompleto, que ataca de fábula y defiende con aletas puestas, osease, con la torpeza de los patos. Si la grandiosa temporada pasada del equipo blaugrana no tuvo un final redondo fue precisamente por sus descuidos en la retaguardia, lógicos en parte por su apuesta chipirifláuticamente ofensiva, pero excesivos para poseer la solidez de los campeones europeos, más serios ellos. En Praga el equipo blaugrana se mostró tal cual es, cruyffista hasta la médula. Recordemos el primer mandamiento: todo marcador es bueno si metes más goles que el adversario. Amén.Seguir leyendo…  

El Barça de Flick se empeña en dar la razón a quienes afirman que es un equipo incompleto, que ataca de fábula y defiende con aletas puestas, osease, con la torpeza de los patos. Si la grandiosa temporada pasada del equipo blaugrana no tuvo un final redondo fue precisamente por sus descuidos en la retaguardia, lógicos en parte por su apuesta chipirifláuticamente ofensiva, pero excesivos para poseer la solidez de los campeones europeos, más serios ellos. En Praga el equipo blaugrana se mostró tal cual es, cruyffista hasta la médula. Recordemos el primer mandamiento: todo marcador es bueno si metes más goles que el adversario. Amén.

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Amén pero no del todo. Asumiendo la devoción por el profeta neerlandés, nos atrevemos a decir que la teoría de la manta (si te tapas mucho la cabeza, desatiendes los pies) deberá ser revisada con cierta urgencia. En Praga, en especial en la primera parte, la manta fue más bien un taparrabos que dejó en el aire demasiadas vergüenzas. Siendo la defensa una responsabilidad colectiva, sigue dando la sensación de que ha pasado media temporada y la baja de Iñigo Martínez afecta demasiado a la línea de cuatro. Su veteranía y jefatura se fueron a Arabia, de allí donde nos han devuelto a Cancelo. Anoche no jugó Cubarsí. Tampoco ahí estaba el problema.

Todo marcador es bueno si metes más goles que el adversario; amén… o quizás no

El Barça de Flick es como un niño pequeño, nos encanta y divierte pero nos hace sufrir. Sobre todo cuando se va de viaje. La colección de goles encajados comprende todas las nacionalidades: los hubo ayer checos (Slavia), como antes belgas (Brujas), ingleses (Chelsea) o franceses (PSG). Demasiados. Un ejemplo de bisoñez: si se te da horrible defender córners, no concedas cuatro en 45 minutos como sucedió en Praga, una plaza asequible que celebra los saques de esquina como un trofeo.

Dicho esto, la crítica pretende ser rabiosamente constructiva, como procede ante proyectos incipientes que buscan trascender y rebosan ilusión, juventud e irreverencia.

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Hansi Flick abraza a Fermin Lopez, anoche en Praga
MARTIN DIVISEK / EFE

No olvidemos un detalle de gran trascendencia. También sucedió ayer. Estamos a media temporada pero en Praga arrancó un Barça diferente, definitivamente enfocado al futuro. La cesión de Ter Stegen al Girona contiene una profunda carga simbólica. El alemán era el último rastro que quedaba de aquel equipo que, comandado por Messi y entrenado por Luis Enrique, ganó la Champions (2015). Más de diez años han pasado de la final de Berlín y el club no ha vuelto a oler el gran trofeo.

Luis Enrique entrena ahora al PSG, que ha logrado con los franceses otra Champions, aunque el asturiano continúa meando con la suya, que diría Pep. Cayó su equipo ante el Sporting de Lisboa el martes y en la sala de prensa lo explicó a su manera: “Perdimos porque el fútbol es un deporte de mierda”. Su equipo había chutado 17 veces y tuvo el balón el 75% del tiempo.

Algo parecido pudo decir Hansi Flick tras la derrota en Anoeta del sábado, comparable estadísticamente, pero el alemán se parece poquísimo al asturiano: se expresa con menos vehemencia. Eso sí, el fútbol que despliegan los equipos de uno y otro autor son equiparables: por ambición e inclinación por el riesgo.

Diez años después, es Hansi Flick, escogido por Laporta y abrazado por el barcelonismo, el entrenador en quien se ha depositado la responsabilidad de poner fin a la sequía europea. El sucesor dispone de un equipo seductor, talentoso y, más importante, virgen aún de tics de equipo resabiado. Solo le falta quitarse las aletas de los pies cuando pierde el balón.

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