Cruyff y la lesión insoportable

Era mentira: el desinterés no se cura con la indiferencia. Cuando era pequeño, mi madre tiraba de refranero para curarme el gesto de enfado cuando volvía del colegio enrabietado con un compañero de aula. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, decía.

Seguir leyendo…

 Era mentira: el desinterés no se cura con la indiferencia. Cuando era pequeño, mi madre tiraba de refranero para curarme el gesto de enfado cuando volvía del colegio enrabietado con un compañero de aula. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, decía.Seguir leyendo…  

Era mentira: el desinterés no se cura con la indiferencia. Cuando era pequeño, mi madre tiraba de refranero para curarme el gesto de enfado cuando volvía del colegio enrabietado con un compañero de aula. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, decía.

Yo ya sé por dónde iba la sabiduría de mi madre, pero ha sido peinar canas y mi intento de aplicar la dicha a los demenciales parones de selecciones no funciona. Yo pongo todo de mi parte. Me digo incluso: esta semana no hay fútbol. Pero luego la realidad me vence porque sí lo hay y todavía más. Hay consecuencias: cinco semanas de baja para Raphinha por un amistoso -–lo escribo y me da la risa floja– con Brasil.

Raphinha, antes de lesionarse durante el amistoso entre Francia y Brasil
Raphinha, antes de lesionarse durante el amistoso entre Francia y BrasilCharles Krupa / Ap-LaPresse

La baja del brasileño, que había empezado a carburar en los últimas semanas con goles importantes, es un desastre insoportable para el Barça en el peor momento posible. Por un partido innecesario, colocado justo antes del tramo decisivo de la temporada en un calendario ya sobrecargado, el alma del equipo de Flick se pierde los cuartos de la Champions contra los de Simeone, además de varios partidos de Liga claves.

Convendría compartir las culpas. Más allá de la broma de los amistosos de selecciones antes del tramo decisivo de los torneos, habría que explicarle a Raphinha que, no hace tanto, el jovencísimo y alocadísimo, según algunos, Lamine Yamal no fue con España porque prefirió curarse bien de una pubalgia que lo mermaba en el césped.

La baja de Raphinha es un desastre insoportable para el Barça en el peor momento posible

También habría que apuntar hacia dentro. A inicios de pretemporada, en la antesala de un calendario infernal, los mejores equipos jugaron un Mundial de Clubs que anunciaba un desastre físico a sus participantes. El Barça no lo jugó, y se dijo que esa ausencia sumaría piernas en primavera a sus rivales. Resultado: una plaga de lesiones musculares en Can Barça y la sensación de que el equipo va corto de gasolina desde hace un mes.

Prefiero ser positivo, que la alternativa es menos dulce. Nos queda Lamine Yamal, Pedri o un Fermín en un estado de forma descomunal. Y Joan Garcia, que, si es capaz de replicar en las eliminatorias de Champions su nivel estratosférico en la Liga, alcanzará definitivamente el trono de mejor portero del planeta. No es poco.

No hay mejor homenaje diez años después de su muerte que recordar qué pensaría en este momento

Pero, por encima de todo, nos queda Cruyff. El genio holandés, quien nos enseñó que desafiar a la autoridad, fuera cuál fuese, era una manera posible de caminar por el mundo, quizás habría dicho que la lesión del crack brasileño iría incluso bien porque todo el resto tendría que dar un paso adelante. O que la victoria con viento de cara sabe y se valora mejor.

Hay algo indiscutible: Cruyff hizo del Barça un club ganador. Seguramente no hay mejor homenaje diez años después de su muerte que demostrarlo cuando parece imposible.

Que salgan y nos hagan disfrutar.

 Deportes

Noticias Similares