Cancelo, con calzador

Nada que objetar a los comentarios benevolentes alrededor de la derrota del FC Barcelona en Anoeta. De 100 partidos jugados así, 99 caen a favor. El equipo de Flick arrasó en dominio, posesión y una sabia administración de su verticalidad, y así lo corroboraron las estadísticas, en ocasiones pobres argumentos, pero esta vez más que válidas para ilustrar un partido desgraciado. Si un equipo provoca ocho paradas de mérito del portero rival, excelente Remiro, le chuta 25 veces y lanza hasta cinco balones contra el poste, intervención del VAR a parte, no se puede negar su voluntad de ganar y hasta su merecimiento, aunque sepamos que el verbo ‘merecer’ no conjuga siempre bien con el fútbol.

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 Nada que objetar a los comentarios benevolentes alrededor de la derrota del FC Barcelona en Anoeta. De 100 partidos jugados así, 99 caen a favor. El equipo de Flick arrasó en dominio, posesión y una sabia administración de su verticalidad, y así lo corroboraron las estadísticas, en ocasiones pobres argumentos, pero esta vez más que válidas para ilustrar un partido desgraciado. Si un equipo provoca ocho paradas de mérito del portero rival, excelente Remiro, le chuta 25 veces y lanza hasta cinco balones contra el poste, intervención del VAR a parte, no se puede negar su voluntad de ganar y hasta su merecimiento, aunque sepamos que el verbo ‘merecer’ no conjuga siempre bien con el fútbol.Seguir leyendo…  

Nada que objetar a los comentarios benevolentes alrededor de la derrota del FC Barcelona en Anoeta. De 100 partidos jugados así, 99 caen a favor. El equipo de Flick arrasó en dominio, posesión y una sabia administración de su verticalidad, y así lo corroboraron las estadísticas, en ocasiones pobres argumentos, pero esta vez más que válidas para ilustrar un partido desgraciado. Si un equipo provoca ocho paradas de mérito del portero rival, excelente Remiro, le chuta 25 veces y lanza hasta cinco balones contra el poste, intervención del VAR a parte, no se puede negar su voluntad de ganar y hasta su merecimiento, aunque sepamos que el verbo ‘merecer’ no conjuga siempre bien con el fútbol.

De todo lo sucedido en Donostia, apenas un par de detalles mueven a cierta discusión. La manera de reaccionar de los de Flick después del trabajadísimo gol del empate, al que siguió el de la victoria local de inmediato gracias a una acción de fútbol directo, y la inclusión de Cancelo en el partido, difícil de entender como acabó ratificando su errática aportación. Hablando de estadísticas y según nuestro analista Àlex Delmàs, Cancelo dejó un total de 12 pases, un buen centro y cinco pérdidas de balón.

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Cancelo lleva menos de una semana entrenando con el FC Barcelona 
Quique García / EFE

Es obvio que criticar a un futbolista por sus primeros veintitantos minutos no es justo, pero tan pronto es para ponerlo a parir como para hacerlo jugar. Y es ahí donde chirrió el asunto. El portugués formó parte del grupo de tres jugadores (junto a Lewandowski y Rashford) que entraron en primer lugar para incrementar el asedio a la Real Sociedad. Presentado hace menos de una semana y procedente de un fútbol, el saudí, jugado a otra velocidad (por no ahondar en que no contaba para el entrenador del Al-Hilal, Simone Inzagui), su entrada difícilmente podía ser productiva. 

Ocupó el puesto de Balde, que estaba jugando un buen partido, y fue utilizado antes que Gerard Martín, jugador integrado en el engranaje de Flick, cuyo sistema defensivo exige precisión milimétrica y ritmo de competición, características que requieren tiempo. El que todavía no ha tenido Cancelo.

El del portugués no es un fichaje llevado por la desesperación. La coyuntura azulgrana es lo suficientemente favorable como para no forzar la entrada de nadie. Las crisis requieren medidas de urgencia. Las fases de bonanza, de todo lo contrario. Es momento de tocar poco y paulatinamente.  

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