Es la primera gran imagen de la campaña electoral, la de Laporta aguantando estoicamente la descomunal tormenta de agua y granizo que caía sobre el Camp Nou durante el último cuarto de hora del partido contra el Oviedo. Era Jan en estado puro, escoltado por su inseparable vicepresidente Rafa Yuste y el conseller de Esports de la Generalitat, Berni Álvarez, que renunciaron al cobijo de algún paraguas que les resguardase del chaparrón. Ni el mismo Gaspart inmolándose ante los pañuelos de la grada habría sido capaz de semejante sacrificio barcelonista, que tanto agrada a los seguidores del actual presidente. La versión pasada por agua del “que n’aprenguin” o de los cortes de manga tras conseguir a contrarreloj la inscripción en la Liga de Dani Olmo que hacen de Laporta un dirigente populista que conecta como nadie con el sentir de una grada que adora sus delirantes reacciones.
Es la primera gran imagen de la campaña electoral, la de Laporta aguantando estoicamente la descomunal tormenta de agua y granizo que caía sobre el Camp Nou durante el último cuarto de hora del partido contra el Oviedo. Era Jan en estado puro, escoltado por su inseparable vicepresidente Rafa Yuste y el conseller de Esports de la Generalitat, Berni Álvarez, que renunciaron al cobijo de algún paraguas que les resguardase del chaparrón. Ni el mismo Gaspart inmolándose ante los pañuelos de la grada habría sido capaz de semejante sacrificio barcelonista, que tanto agrada a los seguidores del actual presidente. La versión pasada por agua del “que n’aprenguin” o de los cortes de manga tras conseguir a contrarreloj la inscripción en la Liga de Dani Olmo que hacen de Laporta un dirigente populista que conecta como nadie con el sentir de una grada que adora sus delirantes reacciones.Seguir leyendo…
Es la primera gran imagen de la campaña electoral, la de Laporta aguantando estoicamente la descomunal tormenta de agua y granizo que caía sobre el Camp Nou durante el último cuarto de hora del partido contra el Oviedo. Era Jan en estado puro, escoltado por su inseparable vicepresidente Rafa Yuste y el conseller de Esports de la Generalitat, Berni Álvarez, que renunciaron al cobijo de algún paraguas que les resguardase del chaparrón. Ni el mismo Gaspart inmolándose ante los pañuelos de la grada habría sido capaz de semejante sacrificio barcelonista, que tanto agrada a los seguidores del actual presidente. La versión pasada por agua del “que n’aprenguin” o de los cortes de manga tras conseguir a contrarreloj la inscripción en la Liga de Dani Olmo que hacen de Laporta un dirigente populista que conecta como nadie con el sentir de una grada que adora sus delirantes reacciones.
El baño presidencial fue lo mejor de un partido que hasta que no arrancó a llover, tuvo su momento estelar en el tercer gol del Barça, obra de un discreto Lamine Yamal, de una acrobática volea cruzada tras un centro templado de Olmo. La sentencia de un encuentro con una primera mitad tediosa en la que el colista fue capaz de plantarle cara a un líder de juego impreciso que no remató a portería hasta el minuto cuarenta y seis con un disparo de Raphinha.
Hasta el descanso los blaugrana fueron víctimas del rompecabezas en que Flick convirtió el once barcelonista, con una defensa donde Eric Garcia, Gerard Martín y Cancelo jugaron fuera de su posición natural, con el consiguiente desorden que ello provocó. En la reanudación el técnico alemán enmendó el ataque de entrenador y recompuso la zaga con la entrada de Koundé.
El equipo se ordenó, al tiempo que los asturianos en sendos errores defensivos propiciaron los dos primeros goles de Olmo y Raphinha, que supieron aprovechar el regalo.
El Barça continúa intratable en el Camp Nou, donde cuenta todos los partidos por victorias. El miércoles contra el Copenhague habrá que continuar con la racha para asegurarse una de las ocho primeras plazas de la Champions League, que clasifican directamente para los octavos de final y liberan de jugar la ronda de dieciseisavos. Mientras tanto el traje empapado del presidente habrá pasado por la tintorería para dejarlo como nuevo con el correspondiente planchado y ser puesto a prueba en un palco, que a pesar de quedar al descubierto hasta que no finalicen las obras en fecha desconocida, continúa siendo el anhelo de tantas ambiciones para ocuparlo.
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