La coCEO de Founderz, la escuela de IA líder en Europa, planifica su asalto a EEUU. Ve al sistema educativo tradicional despistado ante la revolución que vivimos Leer La coCEO de Founderz, la escuela de IA líder en Europa, planifica su asalto a EEUU. Ve al sistema educativo tradicional despistado ante la revolución que vivimos Leer
Esta es la historia de un viaje. El de una pareja que decidió dar la vuelta al mundo con dos niños pequeños, justo antes de que estallara la pandemia y que regresó a casa antes de lo previsto, con otro bebé encargado, y con algo más en la maleta: una idea para «revolucionar la educación online de calidad». La historia de Anna Cejudo (Barcelona, 1990), fundadora junto a su marido, Pau García-Milà, de Founderz, la escuela online líder en Europa en formación sobre IA e Innovación, es la historia de una emprendedora nata que intenta ofrecer certidumbres en torno a una tecnología en constante aceleración. El sistema educativo tradicional, asegura, debe ganar agilidad ante una realidad que ya lo está cambiando todo. Y pide a los jóvenes no desesperarse ante los primeros envites laborales de esta transformación global.
- Founderz no es su primera empresa…
- Cierto, Pau y yo llevamos varios años emprendiendo. Habíamos montado un par de empresas antes: una quebró y la que fue mejor, que arrancó en 2014, se vendió en 2018. Seguimos dos años en ella de transición hasta que tomó las riendas el nuevo CEO y luego decidimos hacer una vuelta al mundo con nuestros hijos.
- ¿Un momento catárquico para pensar en el futuro?
- En realidad hubo dos razones para este viaje. Una fue la necesidad de parar, frenar, es decir, llevábamos muchísima actividad con la empresa, teníamos en ese momento dos niños pequeños, necesitábamos un break. Y la otra fue a nivel personal, tras vender la empresa, un año después, murió mi hermana pequeña de forma totalmente inesperada. Y eso a mí, personalmente, me lleva a un momento en que se me rompe todo.
- Lo siento. Una desgracia así suele hacer que nos replanteemos muchas cosas, ¿fue su caso?
- Eso te hace replantearte todo, el por qué estás haciendo lo que estás haciendo, qué sentido tiene el trabajo que haces. Si estás simplemente ocupando las horas del día o estás haciendo algo que contribuye… Decidimos hacer este viaje un poco en honor a ella, que era muy de carpe diem, de vivir el momento, y nos fuimos con los peques en febrero de 2020.
- Eso es justo antes del estallido de…
- Es justo momento pandemia. Antes de salir algunos nos preguntaban si no nos daba miedo esto del virus que se escuchaba y nosotros decíamos que no, que no íbamos por allí y que no nos iba a afectar.
- ¿Dónde les pilló?
- En Nueva Zelanda. Literalmente en la otra punta del mundo.
- ¿Surgió allí la idea de Founderz?
- Mientras estábamos allí, como somos dos personas inquietas y no sabemos estar sin hacer nada, nos surgió la idea de hacer una IA conversacional para ayudar a combatir la soledad. Se llamaba Zeve. Casi la teníamos que nutrir nosotros manualmente, esto era previo a ChatGPT, y era todo muy rudimentario. Pero bueno, el tema de la IA estaba por allí. Nos sirvió para darnos cuenta de que si queríamos formarnos y seguir al día, la educación online estaba muy floja.
- ¿En qué sentido?
- En el sentido de que en plataformas tipo YouTube o Coursera tienes clases en vídeo y algunas te dan un certificado solamente por verlo, otras ni eso, pero tampoco realmente certifican que estés aprendiendo. Y si te vas a la parte presencial, aunque en ese momento no se podía, en una top business school tienes una experiencia educativa que es muy buena porque tienes los mejores expertos, el mejor contenido, la mejor infraestructura, un networking que te acompaña toda la vida, pero es inaccesible para muchos. Es muy elitista, muy exclusivo y son muy lentos a la hora de adaptar el contenido.
- Y ahí vieron su oportunidad.
- Sí. Ahí realmente había un gap. Tú y yo podíamos estar haciendo la misma formación online y no saberlo porque no había manera de conectar. Entonces dijimos, ¿y si conseguimos llevar esa parte presencial al mundo online? A partir de allí nació la idea de revolucionar la educación de calidad online, creando la mejor experiencia educativa que podamos. Combinando la parte de persona y conocimiento con las posibilidades de la tecnología para llenar ese gap. Empezamos Founderz, cuando conseguimos volver, muy enfocados a emprendimiento.
- ¿Enfocados a emprendimiento?
- Al principio lo enfocamos a ayudar a gente que tuviera una idea, un proyecto, para saber los next steps, el cómo hacerlo. Empezamos a hacer unos cursos online y poco a poco vimos que nos faltaba materia, teníamos que darle más chicha al contenido. Fuimos buscando expertos hasta que tuvimos un catálogo con contenidos disponibles. Era como un marketplace, por decirlo de una manera fea, pero de cursos.
- Poco que ver con lo que hoy es Founderz. ¿Cuándo se entroncan con la IA?
- Sí. Los alumnos que hacían estos cursos nos decían que no sabían qué tenían que hacer después. Les faltaba un poco de estructura. Entonces de nuevo volvimos a pivotar. Diseñamos programas más estructurados, contratamos a un director académico, transformamos la plataforma para fusionar realmente esta parte de personalización, de colaboración, e incorporamos esa inteligencia artificial conversacional de la que hablábamos antes, Zeve. La conectamos con la plataforma, le cambiamos el nombre, era la Z de Founderz, como complemento para ir mejorando la experiencia de los alumnos. Desde entonces ha evolucionado muchísimo. Esa Z sería algo así como la tatarabuela de lo que hoy son los fellows, que es lo que tenemos ahora, y que es IA llevada a otro nivel, por el tipo de interacción que nos permite, el tipo de personalización en cualquier idioma…
- ¿Hasta qué nivel?
- Hoy con esta IA, con estos agentes que se llaman fellows, gestionamos más de 15.000 interacciones con alumnos al día.
- En este viaje no van solos. ¿Cuándo surge la alianza con Microsoft?
- Microsoft llegó en 2023. Si fundamos Founderz en 2020, en octubre, en 2023 vimos que el tema de la inteligencia artificial iba cogiendo peso. Se hablaba mucho del impacto que podía tener, pero no había nadie que estuviera enseñando realmente cómo podía ser este impacto o qué podíamos hacer para subirnos a esta ola y no quedarnos atrás. Decidimos crear un programa enfocado a IA e innovación, pero pensábamos que realmente necesitábamos un partner fuerte dentro del sector para ayudarnos a impulsar esa formación y a tener credibilidad, para asegurar que el contenido que estábamos haciendo no era humo, sino que realmente estaba afianzado con las demandas de mercado, con los desarrollos que había.
- ¿Por qué Microsoft?
- Lanzamos tres emails a las tres empresas que había en ese momento y fue Microsoft España la que respondió. Y fueron muy rápidos, enseguida pudimos hablar con ellos y nos trataron de igual a igual, algo que no siempre pasa, cuando tú eres una startup y ellos una gran empresa.
- Están creciendo muy rápidamente. ¿Cuántos alumnos tienen ahora?
- Hoy en alumnos estamos en más de 300.000 de más de 50 países y tenemos a más de 1.400 empresas.
- ¿Y a nivel de facturación?
- En 2024 cerramos con 4 millones y en 2025 estamos ya apuntando a duplicar.
- ¿Hacia dónde puede seguir creciendo Founderz? ¿Qué palancas de crecimiento ven?
- Hay varias patas. A nivel internacional, buscamos consolidarnos más en Europa y también queremos reforzar nuestra presencia en Latam. Y luego está Estados Unidos, que es como el gran reto que tenemos. Al final es solo un país, pero es muy grande y a nivel de expansión sería un mercado clave a futuro para nosotros, seguro.
- Ya hacen cosas en EEUU, una de las mecas de la IA, ¿no?
- Sí, ya estamos entrando con algunos clientes o colaboraciones con universidades. Poco a poco vamos metiendo cabeza.
- ¿Y a nivel de contenido? ¿Cómo se puede crecer en un entorno en el que la materia prima, en este caso, la IA, cambia constantemente?
- Sí, en la parte de contenidos, no se trata de tener un catálogo enorme, sino poco pero bueno. Como la IA avanza constantemente, tenemos esa obligación moral y responsabilidad de ir actualizando los programas. Siempre hay esta constante producción y adaptación de contenidos. Y luego está la parte de la tecnología: nosotros enseñamos IA, pero también la desarrollamos. Es un reto importante, innovar con esa tecnología para ir mejorando esta experiencia educativa. Y que teniendo siempre la persona en el centro, la IA sea ese complemento que nos permita mejorar la experiencia de aprendizaje y aumentar ese potencial que tenemos, que nos ayude a ser más humanos y a desarrollar esas capacidades que la IA no cubre.
- ¿Percibe mucha brecha entre lo que demandan las empresas y lo que se ofrece en el sistema educativo tradicional?
- Sí. Un estudio de LinkedIn dice que hoy más del 66% de las empresas que están contratando talento exigen que los profesionales tengan conocimientos básicos o incluso avanzados de IA, pero hoy cuesta conseguir realmente ver entidades educativas que integren estas capacidades, que se alineen con ellas. Como cambia tanto, hay que tener capacidad de ser ágiles, de adaptarse y cambiar el contenido de una manera rápida, o te acaban enseñando algo que en dos meses ya no se va a utilizar. Pienso que hoy el sistema educativo no lo consigue. Y si vamos a un público más joven, en los colegios, es más complejo aún.
- ¿Cómo se imagina la educación en torno a la IA en 5 o 10 años? ¿Será una asignatura obligatoria en los colegios?
- Pienso que no tiene que ser una asignatura como tal. O sea, no es como Informática. Ahora, clase de IA. No. Tiene que ser totalmente transversal. Es una herramienta, no una asignatura en sí. Tiene un impacto que afecta a todo el currículum.
- ¿Y eso cómo se hace?
- Ya hay colegios donde utilizan la IA más o menos así. En el de mis hijos, por ejemplo, hace dos años usaban la IA en clase de lengua. ¿Y en clase de lengua por qué? Pues les pedían a los niños, de unos 8 añitos, hacer una descripción de sí mismos. Luego les corregían la gramática, la ortografía y demás, y esa información la utilizaban como prompt para convertir la descripción en una imagen. Ahí los niños aprendían a hacer prompt engineering sin darse cuenta ya que veían si la información que daban era relevante o no. Es decir, que vivo en un sitio o que tengo tantos hermanos no es importante para la descripción física del alguien, para la creación de la imagen. Es sólo un ejemplo divertido, pero a futuro y te diría que en los próximos meses, ¡hay que empezar ya!, se debe integrar esta herramienta en las aulas.
- ¿Desde qué edad?
- A las edades que corresponda y en el momento adecuado. Es decir, puede que los niños de infantil no necesiten la IA, pero los profesores sí que pueden utilizarla para adaptar cuentos a las necesidades emocionales de los niños. Tiene que empezar a integrarse de una manera que sea responsable, que sea ética, enseñando a los niños los riesgos que tiene, qué es lo que pueden hacer, qué es lo que no… Y también a los padres les iría muy bien.
- El uso de las pantallas en las aulas está cada vez más cuestionado, ¿no cree que el uso de la IA puede generar también mucha resistencia?
- Sí, de hecho, siempre lo digo, en nuestra casa somos el ejemplo perfecto porque nos dedicamos ambos a la tecnología y mi marido es más protecnología que yo dentro de casa con los niños. Yo creo que hay que utilizarla en la justa medida y en la edad que corresponde. En infantil creo que no tiene sentido que un niño interactúe con una tecnología así, porque tampoco le va a sacar el jugo que necesita, pero sí que es una herramienta útil para los maestros. Y poco a poco ir integrándolo de una manera que tenga sentido común, que al final es lo que no tiene que faltar, junto al pensamiento crítico. Y eso es lo más importante, más allá de enseñar a los niños a utilizar esta tecnología, hay que enseñarles a ser críticos con lo que reciben de la IA, que no se crean todo lo que lo que leen, que lo cuestionen.
- ¿Qué edad tienen sus alumnos?
- Tenemos desde los 16 hasta los 91 años.
- ¿91 años?
- Sí, es el alumno más veterano que tenemos se llama Ramón y vive en Mallorca. ¿Por qué alguien de 91 años se forma en IA cuando evidentemente en la parte profesional no la va a necesitar? Es esa curiosidad innata de querer aprender y no quedarse atrás. Un lujo. Tenemos, pues, a personas muy diversas, con distintos backgrounds, conocimientos, experiencias…, pero a nivel de edad, el grueso está entre los 35 y los 55. Es decir, es gente que ya tiene un cierto rodaje en el mundo profesional.
- ¿Tal vez son los que ven más necesidad de adaptación?
- Esto es interesante. Es una revolución tecnológica y, normalmente, tiendes a pensar que son los más jóvenes los que enseguida se suman y los mayores los que se quedan atrás, pero estamos en un momento con la IA donde realmente, si tienes experiencia, la riqueza del valor que puedes generar con la IA es mayor. Esa interacción es de mayor calidad. Aparte, si tienes expertise puedes identificar mejor si lo que te está diciendo la IA es verdad o si se lo está inventando.
- En EEUU desde el lanzamiento de ChatGPT son los perfiles jóvenes los que están sufriendo más en cuanto a contrataciones y no tanto los seniors…
- El tema está en esas tareas que son más fáciles, con las que suele haber alguien más junior, y que se pueden reemplazar con la inteligencia artificial. Nosotros siempre ponemos el ejemplo de un bufete de abogados. Si un socio le pide a un becario que le prepare un draft, un borrador de un contrato, el becario puede utilizar ChatGPT o lo que sea y le hará una versión que para él es correcta. Luego el socio lo mira, lo revisa, verá que ese borrador no ha tenido en cuenta la legislación de cierto país, que esta empresa tiene estas características…, entonces él va aportando este contenido, le da el briefing, el joven vuelve a hacerlo con esa información. Entonces, ¿qué pasa? Que estas interacciones hacen que todo sea más lento, ineficiente. Si la misma herramienta la usa el socio desde el inicio, en 10 minutos ya tiene lo que necesita.
- Mal pronóstico para los jóvenes.
- Usada sin pensar, la IA realmente reemplaza a este talento quizás más joven. No en todas las profesiones, evidentemente, pero en muchas es probable que sí. Entonces, ¿qué es lo que tienen que hacer ellos? Ponerse las pilas, seguir formándose. También hay una cosa que igual es generacional o cultural: se ha perdido un poco valorar el aprender de otra persona, el concepto del mentor y el aprendiz. La IA a veces allana esto demasiado. Hay que ver exactamente cómo conseguimos el equilibrio entre cómo utilizar la IA para ser más productivo y eficiente, y mejorar esa interacción humana, para que las personas sigamos teniendo valor y aportando.
- Se ha generado cierta ansiedad en torno a la IA, ¿esto cómo se gestiona?
- Si la gente la usa sin límite, en cierto modo, genera una cierta dependencia. El otro día escuchaba a un chico que decía que ya la usa para todo y que se estaba dando cuenta de que ya no piensa. Pues mal, realmente no estás haciendo un buen uso. Es decir, yo la utilizo mucho porque me ayuda a pensar cosas desde otro punto de vista. Al final es tener ese compañero muy listo que te va retando, pero depende de cómo lo utilices. Yo le pido que me haga preguntas, que me diga qué me falta…
- ¿Le preocupa que la gente la use como psicólogo?
- Da miedo. Es el problema de la soledad que tenemos en nuestra sociedad y que no está resuelto. Es triste que tengamos que acudir a una máquina para estar bien y sentirnos escuchados y acompañados. Hay que entender que cuando tú le hablas a la IA desde un punto subjetivo, le pasas esa subjetividad. No es un profesional que puede mantener la línea de la objetividad. Al final te está dando la razón.
- Póngase en los zapatos de alguien que tenga que decidir ahora qué carrera estudiar ¿Hay alguna profesión que ya no recomendaría por el impacto de la IA?
- Hay muchas opiniones, pero no. El problema es que la gente quiera usar la IA para no trabajar o para no pensar. Ahí uno desaparece. Te minimizas de cierto modo, dejas de confiar en ti. La IA no te va a quitar el trabajo, sí que te va a quitar cantidad de trabajo y va a transformar cómo trabajas, cómo te organizas, cómo comunicas, cómo diriges, cómo delegas, para luego conseguir evidentemente ser más productivo y entre todos aportar más.
- A nivel académico, ¿los trabajos de clase están heridos de muerte? ¿Dentro de 10 años se van a seguir haciendo igual?
- No deberían. Hay que cambiar la manera en cómo se enseña, cómo se aprende y cómo se valora ese aprendizaje. Si ahora mismo dices a los chavales: «Hacedme un trabajo sobre Galileo para mañana». Pues mañana lo van a tener, pero como hacíamos antes con El rincón del vago. No es forma de validar el aprendizaje.
- ¿Y cómo debe ser?
- Puedes pedirles que investiguen esa tarde y al día siguiente la clase se basa en organizar un debate sobre Galileo. Cada uno que aporte la información y luego que se contraste. Cada información será diferente. Se trata de reforzar ese conocimiento y el pensamiento crítico.
- Hablaba de su foco en EEUU. ¿Ve a Europa fuera de juego en la carrera de la IA ante China o EEUU? ¿Tiene remedio?
- Pienso que sí, que tiene remedio. Está bien que tengamos por un lado a EEUU, donde es casi vía libre, haz lo que quieras con IA, y por otro lado a Europa, que es como el padre que pone el criterio y dice: «cuidado, aunque tus amigos fumen, tú no fumes». Es necesario que haya una legislación, una regulación, por el impacto y el potencial que tiene la IA, el reto está en conseguir que esta legislación o esta regulación no frene la innovación.
- ¿Eso no pasa ahora?
- Hay herramientas que nos llegan tarde en comparación con otros países, pero a veces estos meses o semanas de retraso nos evitan algún problema o riesgo. El reto es conseguir equilibrio entre esa prudencia y que podamos seguir innovando sin que nos frene. También en Europa se hacen muchos desarrollos de IA, algunos muy potentes. Una legislación tan fuerte nos impide competir quizás al nivel que podríamos en otros países y hay que vigilar que no haya fuga de talento.
Actualidad Económica // elmundo



