Bruselas prefiere una solución dialogada pero, en caso de que EEUU imponga las tarifas, afirma que tiene herramientas. Por ejemplo, los aranceles por valor de 93.000 millones congelados en agosto Leer Bruselas prefiere una solución dialogada pero, en caso de que EEUU imponga las tarifas, afirma que tiene herramientas. Por ejemplo, los aranceles por valor de 93.000 millones congelados en agosto Leer
Las amenazas arancelarias y el «chantaje» de Donald Trump para hacerse con Groenlandia están empezando a cansar a las capitales europeas. Y las dos más relevantes, Berlín y París, ya han sido muy claras sobre cómo se debe responder a las palabras del presidente de Estados Unidos y cuáles serán las consecuencias. «Alemania y Francia están unidos y no nos dejamos chantajear, y habrá una firme respuesta de Europa», aseguró ayer el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, antes de reunirse con su homólogo francés.
«Yo lo digo también, el chantaje entre aliados desde hace 250 años, entre amigos, no es aceptable«, añadió Roland Lescure, que adelantó también que quiere una «discusión franca» con Estados Unidos en el marco del G7.
La firmeza de Lescure se suma a la que en los últimos días ha mostrado el propio presidente de la República de Francia, Emmanuel Macron, que ya ha afirmado que Bruselas debe activar sus medidas anticoercitivas. Esta herramienta nació hace algo más de dos años, cuando la UE ideó un instrumento para hacer frente principalmente a China, e incluye «una amplia gama de restricciones relacionadas con el comercio, la inversión y la financiación».
También el canciller Friedrich Merz habló ayer y aunque fue algo más cauto que su ministro de Finazas, que pertenece al Partido Socialdemócrata, también dejó claro que Europa está lista para responder con dureza. «No queremos una guerra arancelaria, pero si nos confrontan con aranceles que nos parecen desproporcionados estamos en situación de reaccionar», afirmó.
Merz, al mismo tiempo, introdujo un punto importante: que Trump «siempre amenaza con aranceles» y «a menudo los aplica, pero también habitualmente, negocia y dialoga de manera que se distancia de ellos«. Pero incluso así, en Bruselas y en las capitales comunitarias ya tienen muy claro que el eje franco-alemán va a trabajar de manera muy conjunta en esta cuestión, y que el camino que ellos señalen será el que muy probablemente siga Europa.
Desde las propias instituciones, y en concreto desde la Comisión, el discurso oficial es igualmente que lo ideal sería llegar a una solución negociada pero que si finalmente el 1 de febrero se activan los aranceles del 10% para ocho estados miembros, así como sobre Noruega y Reino Unido, la UE cuenta con herramientas. Y aquí se incluyen los 93.000 millones de euros en tarifas que el pasado verano se congelaron para evitar una escalada comercial y que, muy importante, entrarán en vigor automáticamente el 7 de febrero si no se alarga la suspensión. Esto es, Bruselas simplemente debería no hacer nada para que se comiencen a aplicar.
Todo ello se abordará en la cumbre extraordinaria de presidentes que tendrá lugar este mismo jueves, después de que Trump haya pasado por Davos y haya expuesto su visión geopolítica. En la reunión no habrá conclusiones, sólo se plantea una discusión. Pero serán muy relevantes.
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