La española Teresa Ribera (Madrid, 1969), vicepresidenta ejecutiva y comisaria para la Transición Limpia, Justa y Competitiva, es una de las voces más firmes en la Comisión Europea ante la escalada de las tensiones con la Casa Blanca. Recibe a La Vanguardia en su despacho en Estrasburgo, tras presidir el Colegio de Comisarios en sustitución de Ursula von der Leyen.
La vicepresidenta ejecutiva de la UE apuesta por una política de firmeza europea en el nuevo orden internacional
La española Teresa Ribera (Madrid, 1969), vicepresidenta ejecutiva y comisaria para la Transición Limpia, Justa y Competitiva, es una de las voces más firmes en la Comisión Europea ante la escalada de las tensiones con la Casa Blanca. Recibe a La Vanguardia en su despacho en Estrasburgo, tras presidir el Colegio de Comisarios en sustitución de Ursula von der Leyen.
“Merece la pena mantener nuestros valores y no arrugarse ante estas presiones”
Estados Unidos, que en teoría es nuestro mejor aliado, amenaza con invadir un territorio de un país comunitario. ¿Cómo debe responder la UE?
Es fácil identificar hasta qué punto la UE está siendo atacada desde dentro y desde fuera. Desde fuera no fuimos conscientes del riesgo de seguridad que representaba nuestro vecino del este (Rusia). Sobreestimamos la lealtad de nuestro socio y aliado a la construcción de un mundo basado en reglas y en el respeto a los derechos civiles, que ha sido EE.UU.. Y vemos que además ha habido otros muchos actores que han ido ganando un liderazgo económico y tecnológico de gran alcance. Por tanto, es un momento crucial para Europa. Además de las amenazas internas, por el resurgir de nacionalismos que buscan la confrontación y que minan la credibilidad en el proyecto europeo.
¿Y frente a esto?
Con respecto a las amenazas más recientes, a las permanentes subidas de tono, a las presiones imposibles que estamos recibiendo por parte de la Casa Blanca, yo creo que es capital mantener la firmeza y recordar que si no somos capaces de explicar por qué merece la pena mantener nuestros valores y no arrugarse ante estas presiones, tenemos mucho que perder. Es verdad que en el debate de hoy se plantea cuáles son los riesgos de afrontar con total franqueza esa permanente agresividad por parte de la Casa Blanca. El mensaje es que es mucho peor ceder ante esa agresividad constante.
La semana pasada dijo que no se podía permanecer en silencio ante lo que sucede. ¿Era una crítica a la gestión de la Comisión o de sus principales exponentes?
Una constatación. Es probable que con la mejor intención haya distintas formas de reaccionar e identificar las medidas a tomar. Hay distintos estilos de comunicar a la población, pero yo creo que hay una demanda muy fuerte de explicar qué ocurre y qué hacemos. El silencio, en muchas ocasiones, es demasiado ambiguo, demasiado peligroso y facilita una desconexión por parte de la sociedad, que no es buena. Si Europa calla ante Trump, alimenta el miedo.
La presidenta Ursula von der Leyen hasta ahora ha abogado por la política de apaciguamiento con Trump.
La presidenta Von der Leyen se encuentra ante una situación a la que nunca jamás Europa se había enfrentado. Probablemente es el momento existencial más relevante de la UE desde su construcción. Europa sigue siendo el referente para la mayor parte de los ciudadanos del mundo, el mejor sitio para vivir para cualquier persona y en especial para las mujeres, y para hacer negocios e invertir. Sin embargo, tiene una serie de amenazas importantes. La presidenta Von der Leyen es muy consciente de las dos cosas, de la dificultad del momento y de la calidad de vida y de nuestra democracia, que no se quiere perder. Pone todo su esfuerzo en responder a través de la acción y evitar nada que pueda ser utilizado como un pretexto para seguir escalando la confrontación. Yo creo que este ejercicio necesita en estos momentos ser complementado con una explicación más detallada sobre por qué podemos reaccionar.
El presidente de EE.UU. dice que se desentiende de las leyes internacionales.
Que unas afirmaciones de estas características procedan de la persona que está al mando de una de las economías más importantes del mundo no es una buena noticia, al contrario. Intentar entender cuáles son las razones que puedan estar detrás de la preocupación por el Ártico, o la preocupación por los desajustes económicos, es perfectamente legítimo. Utilizar algunos de estos problemas como una excusa para amenazar o imponer versiones muy particulares de la realidad sin tomar en cuenta cómo lo ven los demás, creo que no es algo ni legítimo ni que podamos aceptar. Una de las cosas que hemos oído con más frecuencia en estas últimas semanas es que no se venden ni se compran pueblos. Y puede sonar a broma, pero como muy bien nos trasladan nuestros amigos daneses y nuestros amigos groenlandeses, no tiene ninguna gracia. Perder energía, recursos, dinero, capacidad política de hacer cosas y resolver problemas en enfrentar cuestiones que no deberían estar encima de la mesa, es no solamente una inmensa pena, sino un gran despilfarro.
¿Y qué podemos hacer?
Muchas cosas. La primera es mostrar unidad política, que yo creo que por eso ha sido importante este pronunciamiento tan inmediato de los tres grandes grupos en el Parlamento Europeo, del presidente del Consejo Europeo y de la mayor parte de los líderes nacionales, pero también de la presidenta de la Comisión. Luego, aplicar las normas. A lo mejor tenemos que pensar en qué otras normas merecen una mejor aplicación, empezando por las normas digitales, que se han convertido también en un caballo de batalla, o las normas verdes. En el fondo, lo que está ocurriendo pone de manifiesto hasta qué punto la agenda verde es una propuesta de refuerzo económico, en lugar de dependencia o vasallaje, que es lo que él pretende. Lo que no puede ser es que afrontemos una tiranía y una utilización de las materias primas energéticas por parte de Rusia, eliminemos a velocidad de vértigo esa dependencia, para acabar en brazos de otro señor que inmediatamente opera con una forma de gestión autocrática muy peligrosa con respecto a esos chantajes. Podemos hacer uso de la política monetaria, utilizando el euro como moneda de pago en las transacciones o facilitando una menor dependencia del dólar…
¿Es partidaria de utilizar el instrumento anti-coerción?
Soy partidaria de no renunciar a nada a lo que esté a nuestro alcance. Siempre, evidentemente, aplicando las normas de forma previsible, con todas las garantías, velando por nuestros intereses, por la defensa de los ciudadanos y de los operadores económicos europeos, y con total honestidad y transparencia. Pero insisto, la selección concreta de esas herramientas depende de un conjunto más amplio de actores. Es bueno ir con esa voluntad de unidad, pero creo que no estamos en condiciones de renunciar a nada.
Hablaba del caballo de batalla de las normas digitales. Washington pide que se retiren.
Pensemos que son normas que han sido aprobadas, han sido respaldadas masivamente en el Parlamento Europeo después de muchos años de trabajo, con una participación muy importante. Quizá la reacción a la que asistimos demuestra hasta qué punto están siendo eficaces y lo estamos haciendo bien. Si no, no estarían reaccionando del modo en el que lo hacen.
EE.UU., sin embargo, ha defendido que son normas contra ellos y las vinculan con los aranceles al acero…
Esta regulación europea, que además está siendo copiada por otras muchas jurisdicciones nacionales, es una regulación que para su elaboración se trabajó muy de cerca con la Administración americana, en tiempos del primer mandato de Trump. Además ha sido defendido con vehemencia por una muy buena parte de pequeños actores de startups, es decir, de aquellos que tienen capacidad para innovar y proponer mejores servicios, y que se encuentran con un bloqueo por parte de los grandes operadores que les asfixian. O por parte de los creadores de contenido, que se encuentran con que la evolución de la inteligencia artificial prácticamente les anonimiza. No es de extrañar que haya quien tenga mucho interés en mantener una concentración muy grande de ese poder en pocas manos, pero simplemente tenemos que resistirnos a esa realidad. Es un orgullo y un privilegio poder estar en posición de defender esa capacidad de acción frente a un poder acumulado. De hecho, es quizá en una escala completamente diferente, algo muy parecido a lo que estuvo detrás del origen de todos los instrumentos antitrust y de competencia, cómo evitar los abusos de poder de las grandes compañías sobre sus distintos usuarios, fueran industriales o domésticos.
Estamos en una guerra cultural abierta, según su Estrategia de Seguridad Nacional.
Precisamente por eso, yo diría que hay dos cosas fundamentales. Una, que la mayor parte de los ciudadanos del mundo el sueño es ser europeo. Por tanto, eso no podemos dejar que muera, tenemos que seguir favoreciendo esa resistencia europea. Pero segundo es, utilicemos esto como referencia para confrontar ideológicamente de qué estamos hablando. Yo no me cambiaría por un ciudadano medio de EE.UU., hispano o no, en este momento. Tampoco me cambiaría por un ciudadano medio hombre joven en edad militar de Rusia, o madre de hombre joven en edad militar de Rusia. Creo que es muy importante ser consciente que en estos momentos lo que vivimos es una amenaza real al modelo de bienestar, respeto y libertades de Europa y los europeos, lo que representan. Así que con convicción es el momento de defender Europa y contrastar en qué parte del mundo y con qué modelo quiere usted vivir.
La UE y China dieron un pequeño paso hacia el acuerdo para evitar los aranceles al coche eléctrico con un sistema de precios mínimos. ¿Europa está mirando a Pekín en estos momentos complicados?
Como actor central de la construcción de paz, cooperación y de relaciones basadas en reglas, estamos obligados a tender puentes y hablar con todos. Evidentemente, con la defensa firme de los valores. Hemos de seguir de forma consecuente la línea argumental de que aquel que quiera participar en nuestro mercado, deberá seguir respetando esos altos estándares ambientales y sociales. Es decir, yo creo que sí, es bueno hablar con todo el mundo, incluido evidentemente China. Sí, es bueno encontrar los puntos en común, incluida la defensa del multilateralismo o la forma en la que podemos identificar cuestiones en las que trabajar juntos, también cuestiones en las que debemos mantenernos firmes y exigir una lealtad que nos permita poder mantener esa relación.
¿Por lo tanto, retiraremos los aranceles a los coches eléctricos chinos?
Tendremos que ver exactamente cuáles son las condiciones en las que se producen esos coches y si se garantiza una competencia leal sobre la misma base, sin privilegios ni subsidios, por parte de terceros. Quizás en ocasiones sobre la base de colaboración con esas mismas empresas que tienen interés en participar en nuestro mercado. Evidentemente para hacerlo será bueno exigirles unas condiciones equivalentes.
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