En el primer aniversario desde su retorno al poder, Donald Trump ha comparecido este martes, por sorpresa y una hora tarde, en la abarrotada sala de prensa de la Casa Blanca. Llevaba consigo una pila de papeles con los “éxitos” de su mandato, así como fotografías policiales de los “viciosos asesinos y narcotraficantes” que, según ha afirmado, se encuentran entre los 10.000 detenidos por sus agentes migratorios en Minnesota. “¿Queréis vivir con esta gente?”, ha preguntado, y se ha pasado cinco minutos enseñando las imágenes y leyendo sus delitos. “Fueron admitidos por el dormilón Joe Biden, el corrupto Joe Biden, como prefiráis llamarlo”, ha dicho, repitiendo el mensaje principal de su campaña electoral: “Llegaron de prisiones, de instituciones mentales, y esa es la gente a la que (los demócratas) están tratando de proteger”.
El presidente hace balance de su primer año de mandato en inusual rueda de prensa de casi dos horas desde la Casa Blanca
En el primer aniversario desde su retorno al poder, Donald Trump ha comparecido este martes, por sorpresa y una hora tarde, en la abarrotada sala de prensa de la Casa Blanca. Llevaba consigo una pila de papeles con los “éxitos” de su mandato, así como fotografías policiales de los “viciosos asesinos y narcotraficantes” que, según ha afirmado, se encuentran entre los 10.000 detenidos por sus agentes migratorios en Minnesota. “¿Queréis vivir con esta gente?”, ha preguntado, y se ha pasado cinco minutos enseñando las imágenes y leyendo sus delitos. “Fueron admitidos por el dormilón Joe Biden, el corrupto Joe Biden, como prefiráis llamarlo”, ha dicho, repitiendo el mensaje principal de su campaña electoral: “Llegaron de prisiones, de instituciones mentales, y esa es la gente a la que (los demócratas) están tratando de proteger”.
Más allá de su relato, los datos muestran un paisaje muy distinto. Aunque el presidente prometió centrarse en expulsar a “lo peor de lo peor” y llevar a cabo “la mayor operación de deportación de la historia”, la mayoría de los inmigrantes detenidos en el último año, según cifras del propio gobierno, no tienen antecedentes penales y su ritmo de deportaciones (unas 600.000 personas) es menor que el de sus predecesores, aunque se publicite más y la política migratoria sea más cruel e indiscriminada.
En sus redadas en centros de trabajo, en las calles e incluso en residencias de las principales ciudades del país, los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) –una agencia que ha doblado su tamaño en un año y se ha llenado de seguidores de Trump– han detenido también con frecuencia a ciudadanos estadounidenses. Hace dos semanas, uno de ellos mató a tiros en Minneapolis a Renée Good, una mujer blanca de 37 años, en un asesinato justificado por la Casa Blanca que ha provocado fuertes protestas alrededor del país.
Por primera vez, hoy Trump ha dicho que le “supo mal” conocer la muerte de Good, que ha considerado una “tragedia”, pero solo porque “su padre amaba a Trump” y “espero que lo siga haciendo” después de que su cuerpo paramilitar matara a su hija a plena luz del día y sin que representara una amenaza. Hasta ahora, la Casa Blanca ha justificado el asesinato alegando, sin presentar pruebas, que Good era una “terrorista doméstica”, mientras el agente que le disparó en la cabeza, Jonathan Ross, sigue en su cargo con total impunidad.
En su intervención, a pocas horas de viajar a Davos para intervenir en el Foro Económico Mundial y después de intensificar esta madrugada su desafío a Europa –filtrando conversaciones privadas con el líder francés Emmanuel Macron y amenazando con invadir Groenlandia–, ha dicho que está “seguro de que me esperan con mucha ilusión” en Suiza. Preguntado por si planea una intervención militar en Groenlandia si no consigue comprarla, se ha reservado la respuesta: “Ya lo descubriréis”. Y ha asegurado que “va a pasar algo que será muy bueno para todos”, añadiendo que “nadie ha hecho más por la OTAN que yo”, a pesar de que ha amenazado con invadir a un estado miembro de la alianza.
Antes de viajar a Davos, Trump mantiene la incógnita sobre su posible invasión de Groenlandia: “Ya lo descubriréis”
Durante casi dos horas, con una voz cansada, declaraciones incoherentes, frases sin terminar y sin aparente guion, Trump ha repetido los puntos habituales de su disruptiva agenda política. “Terminamos la era Biden con estanflación, teníamos la mayor inflación en la historia de nuestro país”, ha mentido, pues la inflación estaba en el 3% interanual cuando llegó Trump en enero, y en diciembre, último dato disponible, estaba en el 2,7%. “Hemos creado un crecimiento extraordinariamente alto y EE.UU. está en pleno auge”, ha añadido, y ha afirmado que los precios de los medicamentos se han reducido un “600%”, algo matemáticamente imposible.
Como es habitual en él, ha citado a Biden, su predecesor, en más de veinte ocasiones, y ha insistido en que le “robó” las elecciones del 2020, algo desmentido por la propia justicia estadounidense. También ha reiterado sus ataques contra los “enfermos” demócratas y ha afirmado que va a retirar todos los fondos federales a las ciudades gobernadas por la izquierda que se nieguen a cooperar con ICE.
Además, Trump ha presumido de sus acciones militares en el exterior, en un año en el que ha bombardeado siete países, incluida Venezuela, donde se llevó secuestrado a su presidente, Nicolás Maduro; e Irán, con el bombardeo de sus tres principales instalaciones nucleares. “Destruimos por completo la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán”, ha afirmado, aunque la inteligencia estadounidense reconoció que no tiene capacidad para llegar a esa conclusión.
“EE.UU. vuelve a ser respetado en el mundo”, ha sentenciado Trump, y ha repetido otra afirmación cuestionable: “En diez meses, pusimos fin a ocho guerras interminables”. Acto seguido, ha criticado que el comité del Nobel no le concediera el premio de la Paz, un galardón que “ha perdido su prestigio” al otorgárselo a la venezolana María Corina Machado. La opositora viajó la semana pasada a la Casa Blanca y le entregó la medalla en su intento de cortejarlo para que le dé un papel en el futuro del país. Trump se lo ha agradecido, la ha definido como “una buena mujer” y, por primera vez, se ha abierto a “involucrarla de alguna manera” en la transición venezolana.
El mandatario ha afirmado que “Dios estaría muy orgulloso” del trabajo de su gobierno y ha asegurado que también tiene el apoyo del pueblo, aunque sus índices de aprobación son los más bajos en su década en política, por debajo del 40% según la última encuesta de Reuters/Ipsos.
En los últimos doce meses, Trump ha forzado los límites de su poder firmando órdenes ejecutivas a un ritmo sin precedentes; ha llenado las calles de Estados Unidos de agentes migratorios sin experiencia policial, armados, encapuchados, sin identificación y con total impunidad; ha despedido a cientos de miles de funcionarios; ha aplicado aranceles a todo el mundo, saltándose la autoridad del Congreso, y podrían ser anulados por el Tribunal Supremo; ha designado a sus abogados personales como fiscales para perseguir a sus enemigos políticos; ha indultado a los asaltantes del Capitolio y a multimillonarios condenados por fraude y estafa; ha retirado ayudas a las universidades que no se han plegado a su agenda conservadora, y ha presentado denuncias multimillonarias contra los principales medios del país.
Con su política exterior teñida de imperialismo, ha sacudido el sistema occidental de alianzas, alejándose de la Unión Europea y acercándose a Rusia, y ha dado por finalizado el mundo regido por normas, sustituyendo el derecho internacional por la ley del más fuerte. Su agresión militar ilegal a Venezuela puede ser el preludio de otros ataques en Groenlandia, Colombia, Cuba, México, Canadá o Irán, entre otros países a los que ha amenazado recientemente.
El renovado expansionismo americano, que evoca a la doctrina Monroe (la visión que Occidente debe permanecer bajo control estadounidense y libre de interferencia exterior), ha ganado fuerza desde el inicio del 2026. Sus críticos, incluidos los líderes demócratas en el Capitolio, denuncian que forma parte de una estrategia de distracción: el Congreso aprobó una ley que obliga a la Administración a publicar todos los documentos judiciales del caso del pederasta Jeffrey Epstein, pero el Departamento de Justicia la ha incumplido.
En su segundo año en el poder, Trump hará lo que esté en sus manos para mantener el control absoluto de la política norteamericana. Los republicanos podrían perder en noviembre, en las elecciones legislativas de mitad de mandato, su mayoría en al menos una de las dos cámaras del Congreso, con lo que los demócratas podrían ejercer un mayor control sobre la agenda del presidente.
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