Rafa Portillo Domínguez convierte la soledad en una voz que interpela al lector

El autor sevillano debuta en la narrativa con “Me llamo Soledad”, una novela que transforma el abandono emocional en una experiencia literaria profundamente humana

La publicación de “Me llamo Soledad” marca un punto de inflexión en la trayectoria creativa de Rafa Portillo Domínguez, un profesional con más de tres décadas de experiencia en el ámbito audiovisual que da ahora el salto a la novela con una obra de fuerte carga social, emocional y simbólica. Ambientada en escenarios cotidianos del sur de España, la historia pone el foco en una realidad silenciada: la soledad que acompaña a muchas personas en los últimos tramos de su vida.

La obra nació de una llamada inesperada desde Miami, vinculada al mundo de la intuición y la espiritualidad, que planteó una pregunta inquietante: ¿qué diría alguien que murió solo si pudiera hablarle a los vivos? A partir de esa revelación, el autor comenzó a desarrollar un guión cinematográfico que, por la urgencia de su mensaje, encontró antes su forma definitiva en la literatura. El resultado es una novela que no busca evasión, sino reflexión.

Una historia que habita los lugares que reconocemos

Lejos de espacios abstractos, “Me llamo Soledad” sitúa su acción en barrios, bares, hospitales, casas antiguas y pequeños pueblos de Andalucía, especialmente en Sevilla y Cádiz. Son lugares reconocibles, casi familiares, que refuerzan la idea central de la obra: la soledad no es un concepto lejano, sino una presencia que convive con nosotros a diario.

El relato se articula desde una perspectiva poco habitual. El narrador es alguien que ya no pertenece a este mundo, pero que observa con lucidez y ternura las vidas rotas, los silencios prolongados y las ausencias emocionales de quienes siguen aquí. A través de ese punto de vista, el lector se adentra en un mosaico de personajes heridos por la pérdida, la culpa o el desarraigo, todos unidos por una necesidad común: ser vistos antes de desaparecer.

Portillo construye una novela que combina drama social con una dimensión poética y espiritual, sin caer en el sentimentalismo fácil. La historia avanza con un tono íntimo, invitando a una lectura pausada que interpela directamente al lector y lo obliga a mirar hacia su propio entorno.

Personajes que encarnan una realidad compartida

Entre los protagonistas destacan figuras profundamente humanas y reconocibles. Santiago, un hombre enfermo y marcado por decisiones que lo alejaron de su familia, representa a quienes sacrificaron afectos persiguiendo sueños que nunca llegaron a cumplirse. Doña Ángeles encarna la dignidad silenciosa de tantas mujeres mayores que sostienen a los demás mientras se vuelven invisibles. Esperanza, una mujer inmigrante, simboliza el desarraigo, la culpa y la lucha por sobrevivir entre dos mundos que no terminan de aceptarla.

Más allá de los nombres propios, la verdadera protagonista es la soledad misma, convertida en una voz que observa, acompaña y recuerda. Esa elección narrativa es uno de los elementos que diferencia a la obra y explica por qué muchos lectores la describen como una experiencia más que como una simple historia.

Las primeras opiniones coinciden en señalar su capacidad para emocionar y generar reflexión. No son pocos quienes afirman haber pensado en sus padres, abuelos o personas olvidadas tras cerrar el libro, lo que confirma el impacto íntimo de la novela.

Letrame Grupo Editorial, compromiso con historias que dejan huella

La publicación de “Me llamo Soledad” ha sido posible gracias al acompañamiento de Letrame Grupo Editorial, una editorial que apuesta por obras con contenido social y vocación transformadora. En un momento en el que muchos autores se preguntan cómo publicar un libro sin renunciar a su esencia, el recorrido de Portillo demuestra que es posible publicar un libro con un mensaje honesto y comprometido.

Desde la editorial destacan el valor humano de la obra y su capacidad para generar conversación, un aspecto clave en un mercado donde las opiniones de los lectores se convierten en el mejor indicador de relevancia cultural.

Un proyecto que mira más allá del papel

Aunque esta es su primera novela publicada, Rafa Portillo Domínguez no concibe “Me llamo Soledad” como un punto final. Su intención es llevar la historia al cine una vez concluya su recorrido literario, devolviendo el proyecto al lenguaje donde nació. Además, la experiencia ha abierto la puerta a futuras adaptaciones de guiones inéditos al formato narrativo.

Más que cifras, el autor aspira a que la obra funcione como un mensaje que remueva conciencias y visibilice una realidad incómoda, pero necesaria. Si la novela logra que alguien mire de otra forma a quienes tiene cerca, su propósito estará cumplido.

 

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