Su economía, incluso bajo la guerra comercial impulsada por Donald Trump, sigue creciendo. Su poder militar se aproxima cada vez más al de Washington e incluso lo supera en determinados ámbitos. Su influencia global compite con la de Estados Unidos, ocupando espacios que la administración republicana ha abandonado y apostando por la diplomacia suave frente a la confrontación. Sin embargo, el gran talón de Aquiles de China —aquel que pone en riesgo las aspiraciones hegemónicas del gigante asiático— reside en una población cada vez más envejecida y una tasa de natalidad en mínimos históricos, que se sitúa en 5,63 recién nacidos por cada 1.000 habitantes.
La pérdida de habitantes, tras cuatro años seguidos de crecimiento negativo y con menos nacimientos que nunca, es el factor más importante que puede lastrar las aspiraciones hegemónicas del gigante asiático
Su economía, incluso bajo la guerra comercial impulsada por Donald Trump, sigue creciendo. Su poder militar se aproxima cada vez más al de Washington e incluso lo supera en determinados ámbitos. Su influencia global compite con la de Estados Unidos, ocupando espacios que la administración republicana ha abandonado y apostando por la diplomacia suave frente a la confrontación. Sin embargo, el gran talón de Aquiles de China —aquel que pone en riesgo las aspiraciones hegemónicas del gigante asiático— reside en una población cada vez más envejecida y una tasa de natalidad en mínimos históricos, que se sitúa en 5,63 recién nacidos por cada 1.000 habitantes.
Este pasado 2025 fue el cuarto año consecutivo en que la población china disminuyó, concretamente en 3,39 millones hasta alcanzar los 1.405 millones de habitantes. Pese a que el número sigue representando algo más del 17 % de la población mundial, la República Popular ya no es, desde hace dos años, el país más poblado del mundo al ser superado por India, su principal competidor en la región del indo-pacífico.
Como en cualquier país en crecimiento, el rol de la mujer en China también ha evolucionado en los últimos años hacia una educación superior y una inclusión en el mundo laboral, abandonando los papeles tradicionales por los que se solía regir el país asiático antes de la globalización. Con un nivel de vida superior y una mortalidad infantil cada vez menor, las mujeres chinas buscan su espacio y protagonismo en el mercado laboral en lugar de dedicarse al cuidado del hogar y de su matrimonio.
Las dificultades para emanciparse, para encontrar trabajos que les permitan tener acceso a vivienda y problemas crecientes para conciliar la vida familiar con la vida laboral, según el investigador y director del Centro de Estudios de Asia Oriental para el Real Instituto Elcano, Mario Esteban, son añadidos a un fenómeno estructural que sucede en gran parte del mundo.
“La política del hijo único aceleró de manera artificial la transición demográfica. Es un proceso que se produjo mucho antes de lo que habría ocurrido si, de forma progresiva y libre, la población hubiese decidido cuántos hijos tener”, afirma Esteban, quien destaca que la política de China ante la crisis demográfica ha dado un giro de 180 grados. “Lo que se les está diciendo desde el poder a las mujeres chinas es que se queden en casa y que tengan hijos, o sea, volver a esos roles tradicionales, pero esto no tiene mucho atractivo para las jóvenes chinas ahora mismo”, afirma el investigador.
China apuesta por la robotización para amortiguar su crisis demográfica
Ante una población más envejecida, menos productiva, con una natalidad decadente y no especialmente abierta a la inmigración, las previsiones indican, según el Instituto Elcano, que se avecina un movimiento demográfico sin precedentes en la historia de la humanidad. “China va a perder, previsiblemente, cerca de la mitad de su población de aquí a finales de siglo” resalta Esteban, un hecho que en términos de crecimiento económico, supondrá un obstáculo estructural.
Mayores costes laborales y en el gasto público, así como una menor productividad e innovación, se encuentran entre las posibles consecuencias y, pese a reformas como el retraso de la edad de jubilación, dificultarán que China mantenga sus ambiciones de liderazgo global a largo plazo. La solución por la que apuesta el Gobierno —no para resolver el problema, sino al menos para mitigarlo— parece estar en robotizar progresivamente la industria.
Según datos de la Federación Internacional de Robótica (IFR), China lideró ampliamente las instalaciones anuales de robots industriales en 2024. Con más de 272.800 unidades, concentró el 52 % del mercado mundial, seguida por Japón, cuyo volumen fue aproximadamente siete veces inferior al de su país vecino. Las cifras son un reflejo de la perspectiva demográfica de Pekín, y también una muestra del abandono del modelo chino como país intensivo en mano de obra.
Pese a las consecuencias de la crisis demográfica en términos de gran potencia para China, fuera del Gobierno el panorama es muy diferente. Según los expertos, una menor población no necesariamente significa un problema para todos y traducido al debate sobre el bienestar del ciudadano medio, puede incluso mejorar la calidad de vida de sus habitantes. “Tener más gente viviendo en el planeta tiene pros y contras”, sugiere Esteban, quien prevé un mejor futuro para el ciudadano chino. “Muchos podrían preferir vivir en un país más pequeño con una renta per cápita de 40.000 dólares, que en uno más grande con 20.000 dólares por persona”.
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