En la escala de las grandes traiciones de la historia, la puñalada de Robert Jenrick (ex número dos de los conservadores británicos) a su partido no llega a la suela del zapato a la venta de Jesucristo por Judas Iscariote a cambio de treinta monedas de plata, el asesinato de Julio César a manos de Bruto o a cómo el forajido Robert Ford mató a su compañero Jesse James para cobrar una recompensa, y ni siquiera es comparable con el pase de Figo al Real Madrid. Pero en la política británica es la culminación de una tragedia que se venía mascando desde hace tiempo.
La fuga de Robert Jenrick a Reforma UK consuma el cisma de las derechas
En la escala de las grandes traiciones de la historia, la puñalada de Robert Jenrick (ex número dos de los conservadores británicos) a su partido no llega a la suela del zapato a la venta de Jesucristo por Judas Iscariote a cambio de treinta monedas de plata, el asesinato de Julio César a manos de Bruto o a cómo el forajido Robert Ford mató a su compañero Jesse James para cobrar una recompensa, y ni siquiera es comparable con el pase de Figo al Real Madrid. Pero en la política británica es la culminación de una tragedia que se venía mascando desde hace tiempo.
Jenrick perdió ante Kemi Badench la batalla por el liderazgo tory después de la derrota de Rishi Sunak en las elecciones generales de hace año y medio y la subsiguiente llegada de Keir Starmer al poder, y desde el primer día empezó a conspirar para hacerse con el cargo. Al no frutificar sus malas artes, se aproximó a Farage dando pie a todo tipo de rumores sobre una fuga que finalmente se ha consumado ahora.
Jenrick, 44 años, dice que es un converso que vio la luz trabajando en el Ministerio de Interior y observando impotente en primera línea la llegada masiva de inmigrantes después del Brexit (su furia le llevó a hacer retirar dibujos de Mickey Mouse, Pluto y otros personajes infantiles de Walt Disney de las paredes de un centro de acogida para niños solicitantes de asilo, a fin de crear un ambiente más hostil y menos acogedor).
Pero en los círculos políticos de Westminster es visto más bien como un oportunista, el prototipo de la ambición, que empezó su carrera como un peón de David Cameron, moderado, europeísta y contrario al Brexit, y evolucionó hacia un halcón anti inmigración cuando percibió que los vientos soplaban en esa dirección. Hacía tiempo que sus postulados se parecían más a los de Farage que a los del Partido Conservador, y eso que este último tampoco se queda corto en su inquina hacia los extranjeros que huyen de la miseria y de las guerras (en muchos casos provocadas por el colonialismo) y vienen al Reino Unido en busca de trabajo y u futuro mejor.
El peligro para Farage es que, a base de cazar ex conservadores, acabe pareciendo una sucursal de los ‘tories’
Badenoch expulsó a Jenrick de la casa tory antes de que su rival se marchara, asegurando tener pruebas irrefutables de que su traición era inminente y hasta disponía de una copia del discurso con el que iba a dar el portazo. Horas más tarde, era recibido con los brazos abiertos por Farage y lanzaba un ataque devastador a los conservadores, acusándolos de ser responsables de los problemas del país por no haberse comportado como “derecha auténtica” durante los catorce años consecutivos que detentaron el poder.
El ex responsable de Justicia en la oposición conservadora encaja como anillo al dedo en la retórica populista de la extrema derecha, porque ha llegado a lamentarse de “no ver ni una sola cara blanca en Birmingham” (segunda ciudad del país), o de que hay escuelas públicas en las que la mayoría de alumnos no tienen el inglés como lengua materna. Es enemigo del multiculturalismo y la diversidad, y considera que la inmigración fractura la sociedad y diluye la cultura autóctona sin beneficios económicos palpables a cambio. Cree en la teoría del reemplazo.
La apuesta de Jenrick es que Reforma UK gobernará tras las próximas elecciones, y su traición será premiada con el puesto de ministro de Economía (no está claro porque también aspiran al cargo fieles de Farage como Richard Tice y Zia Yusuf). Su captura es un golpe de efecto por parte del líder de la extrema derecha británica, pero también un problema. Ya son más de una veintena los ex conservadores que se han pasado a su formación, lo cual conlleva el peligro de ser percibida por los votantes como una sucursal tory y refugio de perdedores sin demasiados escrúpulos.
Visto desde la otra orilla, Kemi Badenoch ha dado un golpe de autoridad y ve consolidada a corto plazo su posición al desaparecer de la escena su principal rival, pero es dudoso cuánto vaya a durar su alegría. Su percepción por parte del electorado de derechas ha mejorado un poco últimamente y sus dardos a Starmer se han vuelto más certeros (el blanco que le ofrece es más grande que una portería de fútbol desde el punto de penalti), pero las encuestas sugieren que, de celebrarse ahora las elecciones, obtendría un resultado incluso peor que el de Rishi Sunak en el 2024. Su único consuelo es que el Labour es aún más impopular y no levanta cabeza.
La traición de Jenrick hace más difícil un pacto electoral entre la derecha tradicional y los ultras populistas
La traición de Jenrick hace más improbable una alianza preelectoral de las derechas, aunque después de los comicios todo tipo de combinaciones será posible si nadie obtiene una mayoría absoluta. Por el momento, los tories y Farage están en guerra. El tiempo dirá si el tránsfuga acaba consumido por la ambición como Macbeth.
Internacional
