Partía de un 6% en las encuestas, pero el socialista Mário Soares llegó a la jefatura del Estado en la segunda vuelta con 2,4 puntos de ventaja sobre el conservador Diogo Freitas do Amaral. Portugal revive justo cuarenta años después su más mítica elección democrática, las únicas presidenciales con dos turnos, cuando ningún candidato superó en el primero el listón legal de la mitad más uno de los votos.
Portugal revive el único precedente de unas presidenciales con dos turnos, ganadas en 1986 por el candidato que tenía el 6% en los sondeos
Partía de un 6% en las encuestas, pero el socialista Mário Soares llegó a la jefatura del Estado en la segunda vuelta con 2,4 puntos de ventaja sobre el conservador Diogo Freitas do Amaral. Portugal revive justo cuarenta años después su más mítica elección democrática, las únicas presidenciales con dos turnos, cuando ningún candidato superó en el primero el listón legal de la mitad más uno de los votos.
“Un 6”. Así explica con los dedos de la mano el sociólogo António Barreto, miembro de la candidatura de Soares, la deprimente situación que vivían a unos meses de la cita electoral en el magnífico documental que acaba de emitir la RTP, de Paulo Pena e Ivan Nunes. El relato de A dos vueltas: Mário Soares y las presidenciales de 1986 tiene paralelismos con el proceso actual, por la incertidumbre y la sucesión de imprevistos y vuelcos en los sondeos. Pero también retrata un mundo distinto, sobre todo por la talla intelectual de los líderes de entonces, la ilusión de los actos masivos y la televisión de colores desvaídos como la única pantalla informativa, en un planeta, en los estertores de la guerra fría, bajo la sombra del holocausto nuclear, pero más seguro.
Tampoco había la actual lluvia de encuestas. En ellas había desde 1984 una clara favorita, Maria de Lourdes Pintasilgo, colaboradora del presidente saliente, el general Ramalho Eanes, que había creado su propio partido, el PRD, que irrumpió en las legislativas de 1985. Pero Eanes apostó por el socialista Francisco Salgado Zenha, que había roto con su amigo Mário Soares, quien en ese año había salido de la jefatura del gobierno carbonizado por la crisis económica. Le sustituyó, en minoría, el conservador Aníbal Cavaco Silva, que optó por dar el apoyo de su partido, el PSD, al candidato de la otra formación de derechas, Freitas do Amaral, del pequeño CDS.
Así, en el otoño, con vistas a la primera vuelta, fijada para el 26 de enero de 1986, Freitas se destacaba y Pintasilgo se iba desinflando, sin lograr el apoyo del entonces poderoso Partido Comunista Português (PCP), que acabó por respaldar a Salgado Zenha, en el marco de la guerra fratricida socialista. Se llegó a las urnas con un doble pulso, el de Freitas por pasar del 50%, para lo que le faltaron 3,7 puntos, y el de Soares y Zenha, resuelto en favor del primero por un 25,4% contra un 20,8%.
Demostrando su condición de animal político sin par, Soares, que había sido el hombre de la OTAN en el Portugal de la revolución de los claveles, logró forzar a su archienemigo, el líder comunista Álvaro Cunhal, a apoyarle en la segunda vuelta, en la que unió a toda la izquierda, también a su propio partido, para derrotar a Freitas, con una altísima participación, del 78%. Firmó así una remontada épica, legendaria.
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