Chipre accede a la presidencia de la UE con el objetivo de acercarse a Oriente Medio

Hace unos años, cuando Chipre accedió por primera vez a la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, en el 2012, en los albores de la crisis financiera, hacía poco tiempo que el país había entrado en el bloque comunitario. Entonces era lo que en Bruselas llaman un Estado “ single issue ”, es decir, monotemático: su principal obsesión era que quedase constancia en las cumbres comunitarias de su complicada situación con Ankara, aunque nada tuviera que ver el asunto con la invasión turca del norte de Chipre de 1974.

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 Nicosia, la capital más alejada de Bruselas, presenta iniciativas comunitarias más allá de la reivindicación de su conflicto con Turquía  

Hace unos años, cuando Chipre accedió por primera vez a la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, en el 2012, en los albores de la crisis financiera, hacía poco tiempo que el país había entrado en el bloque comunitario. Entonces era lo que en Bruselas llaman un Estado “ single issue ”, es decir, monotemático: su principal obsesión era que quedase constancia en las cumbres comunitarias de su complicada situación con Ankara, aunque nada tuviera que ver el asunto con la invasión turca del norte de Chipre de 1974.

Ahora, más de diez años después, el tercer país más pequeño de la UE –solo por detrás de Malta y Luxemburgo– quiere demostrar al resto de países comunitarios que ha madurado y, aunque los soldados siguen amenazantes en la Línea Verde y la reunificación del país se atisba lejana, los chipriotas ya no quieren hablar solamente de Turquía en Europa.

Los chipriotas se consideran muy cerca de los ucranianos por la ocupación turca del norte de la isla

“Personalmente, me ocupo de la política europea desde el 2011”, recordó el presidente de Chipre, Nikos Christodoulidis, que era portavoz de la embajada de Chipre ante la UE. “Solíamos pedir intervenir siempre que la palabra Turquía se mencionaba, aunque fuera sobre las relaciones entre la UE y Chequia. Esto ya no es el caso y lo hemos demostrado con un gran número de iniciativas”, aseguró ante un grupo de periodistas europeos, en una cena oficial en el palacio presidencial.

Después de la intensa presidencia danesa del Consejo de la UE, la función de anfitrión y árbitro de las reuniones de los ministros comunitarios recae ahora en Chipre, y así será hasta el 1 de julio, cuando Irlanda recogerá el testigo. Desde este importante palco, Nicosia quiere recoger el cable de Copenhague y seguir poniendo el foco en los esfuerzos para que la UE gane autonomía, tanto a nivel de seguridad y defensa como en reducir la brecha de competitividad con China o EE.UU. Pero, sobre todo, aprovechar su situación geográfica única para una misión casi de Estado para los chipriotas, acercar la UE a Oriente Medio.

Nicosia no solo es la capital europea más alejada de Bruselas, sino también la más cercana a esta turbulenta región. En palabras de su presidente, Líbano se encuentra a solamente 18 minutos en avión, Tel Aviv a 30 y Damasco, a 20 minutos. “Considero esto una ventaja”, dijo Christodoulídis.

En medio de la inquietud por un posible ataque de EE.UU. a Irán o cuando el frágil acuerdo de paz para Gaza comienza a implementarse, Nicosia ve más importante que nunca que la UE gane influencia en estas tierras y ya ha organizado una cumbre esta primavera con los países de ambas orillas del Mediterráneo. Parte con la ventaja de unas excelentes relaciones con algunos países clave, como Emiratos Árabes, Egipto o Jordania, pero también Israel o incluso India, con quien comparte un pasado colonial. Esto es interesante en un momento en que la UE trata de cerrar cuanto antes un nuevo acuerdo comercial para reducir las dependencias de EE.UU..

“Me acuerdo de cómo me empujaste a visitar Líbano”, dijo en público el líder chipriota a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que ayer encabezó el equipo de comisarios que se reunió en la ciudad costera de Limasol con motivo del inicio de la presidencia. Entre otras ­cosas, la alemana visitó un corredor para enviar ayuda humanitaria a Gaza bautizado Amalthea, en honor a una de las nodrizas de Zeus en la mitología clásica.

Von der Leyen también fue llevada frente a las vallas que todavía hoy dividen Nicosia, la última capital europea partida en dos. Frente a unas paredes que olían a recién pintado –tal vez, por la presencia de las autoridades comunitarias–, deseó que el 2026 lleve un nuevo ímpetu a la reunificación.

Pese a no querer hablar solamente en Bruselas de este conflicto irresuelto, es inevitable que la cuestión resuene durante la presidencia. De hecho, el Gobierno de este país considera que gracias a él son el estado que mejor entiende a los ucranianos invadidos por Rusia, y por lo tanto situarán el apoyo a Ucrania como su principal prioridad estos seis meses. “Estamos muy cerca del conflicto por nuestra propia situación, la ocupación de un vecino mayor que nosotros”, aseguró al grupo de corresponsales el ministro de Exteriores, Constantinos Kombos.

Los chipriotas insisten en desvincularse de su imagen cercana a Rusia y cuentan que, en los últimos años, casi 43.000 empresas pantalla rusas y 130.000 cuentas bancarias se han cerrado, piden entrar a la OTAN –algo imposible por el veto turco– y ni siquieran llegan turistas rusos. Todavía queda una comunidad integrada entre los resorts turísticos de Limasol, señal de otra época.

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