Burgueses y pobres confluyen en la revuelta iraní

Las calles de Teherán están congestionadas, decenas de coches intentan abrirse paso y miles de motos se apoderan de partes de las aceras en la calle Khomburi (República). Las tiendas y almacenes están abiertos… sin clientes. Todo parece tranquilo, pero solo es apariencia. En la esquina con la calle Hafez, frente al centro comercial Aladin -donde el 28 de diciembre comenzaron las manifestaciones, en un principio, por el alza del dólar y la fluctuación de los precios-, están estacionadas casi una docena de camionetas negras con rejas, listas para llevarse detenidos. En alguna, del interior sobresalen tres cabezas.

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 Las exigencias divergentes de los sectores acomodados y de los empobrecidos ponen en jaque a la República Islámica  

Las calles de Teherán están congestionadas, decenas de coches intentan abrirse paso y miles de motos se apoderan de partes de las aceras en la calle Khomburi (República). Las tiendas y almacenes están abiertos… sin clientes. Todo parece tranquilo, pero solo es apariencia. En la esquina con la calle Hafez, frente al centro comercial Aladin -donde el 28 de diciembre comenzaron las manifestaciones, en un principio, por el alza del dólar y la fluctuación de los precios-, están estacionadas casi una docena de camionetas negras con rejas, listas para llevarse detenidos. En alguna, del interior sobresalen tres cabezas.

A woman reacts during the funeral of the security forces who were killed in the protests that erupted over the collapse of the currency's value in Tehran, Iran, January 14, 2026. Majid Asgaripour/WANA (West Asia News Agency) via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY
Llantos en el funeral masivo por las fuerzas de seguridad muertas en la revuelta, ayer en Teherán
Reuters

Junto a ellas, decenas de motos policiales, las mismas que aparecen cada cierto tiempo por la avenida que acaba en Parlamento. En otros cruces estratégicos vuelven a aparecer las camionetas negras y carros blindados antimotines, aunque las protestas han casi desaparecido después de la represión del pasado fin de semana. “No sabemos en qué va a acabar esto, pero todos estamos agotados con la situación económica”, cuenta Maryam -nombre cambiado-, una conductora de taxi que trabaja en las calles de Teherán desde hace más de 15 años. “Con este trabajo he educado a mis hijos y he apoyado a mi familia, pero ya no me alcanza el dinero”, se lamenta.

La situación se ha hecho aún más difícil en los últimos tres meses y ha empeorado con la revuelta; hasta ahora esta taxista no ha podido pagar el alquiler y ya vamos a 24 del mes Dey, del calendario iraní. “Mire, yo gano entre 30 o 40 millones de tomanes al mes (unos 250 euros) y pago 15 millones de arriendo”, explica, quejándose de que los precios de la comida siguen subiendo.

Maryam está divorciada, su hijo menor estudia en la universidad, el mayor murió de un infarto a sus 22 años y toda la responsabilidad económica recae sobre ella. Su padre vive con una pensión de 15 millones que apenas le alcanza para comer, pero no para las medicinas para la diabetis, que ella le ayuda a comprar. Todos viven en el sur de la ciudad, en Shahre Rey, donde miles de personas salieron a las calles el jueves y viernes: “Todo fue como una guerra”, dice.

“Ahora el gobierno nos da un millón de tomanes, pero eso ya no es nada, no alcanza para nada”, insiste. Se refiere al subsidio otorgado por el Estado después de eliminar la tasa de cambio preferencial a la que tenían acceso algunos empresarios, incluidos algunos de los que importaban productos necesarios para la canasta básica. Una tasa que, según los economistas locales, ha sido una de las principales fuentes de corrupción en la última década. Aun así, solo decidieron eliminarla en el marco de estas protestas.

El economista Saeed Laylaz asegura que hay gente que se ha hecho tan rica abusando de esa tasa que puede tranquilamente comprarse calles enteras en Londres. “Ellos [refiriéndose al gobierno de Hassan Rohani, que puso en marcha la medida que luego continuaron los otros gobiernos] suponían que si le daban a la gente el dólar a ese precio, los comerciantes venderían sus productos a un precio asequible. Pero el 70% de esta diferencia entre el precio real y el precio pagado lo han robado”, dice Laylaz, director de una fábrica automotriz y que tiene contacto directo con el gobierno.

“Son multimillonarios a escala estadounidense, no a escala iraní”, sentencia. Esta realidad es evidente para la mayoría de los iraníes, incluso para muchos de los que siguen el sistema que ayer, en el funeral masivo en el centro de Teherán por los militares muertos en la revuelta, volvían a mostrar lealtad al líder supremo y a la República Islámica. Los enterraban como mártires mientras cientos de familias de manifestantes siguen buscando a los suyos desaparecidos o muertos.

“Siempre estaremos al lado de Jamenei, y no de los que quieren destruir la República islámica”, decía Zhara, de 25 años, que asistió al funeral. Vive en el sureste de Teherán, viene de una familia con problemas económicos, pero dice que todo es por culpa de los enemigos de Irán.

El impacto de la cancelación de la tasa de cambio lo ha sentido inmediatamente la población: aunque recibieron el subsidio, muchos productos subieron. La portavoz del gobierno habló de un 20% mientras se estabilizan los precios. Este incremento es enorme para muchos si se tiene en cuenta que la inflación en la comida y bebidas es de un 40% anual, y así se ha repetido en los últimos años.

“Esto no son protestas sobre libertades o el velo. Esto es acerca de la supervivencia, de nuestras vidas, de quienes han robado el futuro a nuestros hijos”

“Esto no son protestas sobre libertades o el velo, eso era otra cosa, mucha gente no sentía conexión con esas peticiones. Esto es acerca de la supervivencia, de nuestras vidas, de quienes han robado el futuro a nuestros hijos, que ni siquiera pueden pensar en casarse”, dice Maryam, asegurando que si pudiera vivir mejor, con oportunidades, no estaría pidiendo el fin de la República Islámica.

Asegura que no lo dice ella sola. “Casi todos los que se suben en mi taxi están cansados con la situación, se sienten cada vez más pobres”, asegura la mujer, que apunta que nadie sabe mejor la realidad de una ciudad que un taxista. Y más aún si es simpática y buena conversadora como ella. “Nosotros somos testigos de cómo cada vez la gente que pertenece a ellos se hace rica y nosotros no tenemos con qué comer”, dice Maryam. El sábado llevó a una familia a Kahrizak, al sur de Teherán, a buscar a uno de sus hijos que había muerto durante las protestas del jueves. Es allí donde se han concentrado los cuerpos que pueden ser reconocidos por las familias.

No sabe cuántas personas estaban allí, ni cuantos cuerpos vio bajar de un camión, pero asegura que eran muchos, como se ven en los videos que han sido filmados en el lugar. Se le aguaban los ojos al contarlo. Las cifras de muertos varían según la fuente, pero hay casi una certeza general de que esta vez no fueron cientos, sino miles. Y muchos miles, pero es imposible saberlo mientras no regrese internet.

“La única esperanza es lo que pueda hacer Trump”

“Todo es muy triste y nos quita las esperanzas”, dice ella. “La única esperanza es lo que pueda hacer Trump”, insiste. Por contradictorio que suene, muchos en Irán coinciden con ella, aunque otros ya perdieron la fe en qué algo pueda pasar.

El economista Laylaz asegura que uno de los grandes errores de la República Islámica ha sido olvidarse de los pobres, que cada vez son más. Señala que las protestas tienen dos niveles de exigencias, una de los burgueses y otra de las clases deprimidas de las ciudades, pero en especial de provincias. Hubo movilizaciones en poblaciones que nunca antes habían levantado la voz.

“Las protestas en Aladin, con los comerciantes de celulares cerrando porque el precio del dólar cambiaba, es una cosa”, dice. Explica que muchos comerciantes venden un producto a un precio, pero al reemplazarlo no les alcanza. Por eso muchos prefieren cerrar a vender. “Esos son problemas de la burguesía”, afirma.

“Pero cada uno de esos almacenes tiene al menos un empleado, que es el que sufre económicamente para llegar a fin de mes. Y estamos hablando de millones de personas y esos son los que salen a la calle a protestar y cantar eslóganes”, justifica el economista y empresario.

“El precio del pan se incrementa cada mes -habla del más del cien por cien- pero a nadie parece importarle”

Cuenta que lo fácil para él, como persona de la industria, es importar los productos de China a pesar de las sanciones, “los problemas empiezan una vez que entran al puerto”, explica. Desde la liberación de la mercancía de las aduanas hasta que llega al consumidor final, el proceso está marcado por una cadena de problemas.

“El precio del pan se incrementa cada mes -habla del más del cien por cien- pero a nadie parece importarle”, decía Laylaz en una entrevista realizada cuando todavía no se sabía que las protestas tomarían el giro que tomó. Ya anunciaba que la gente que estaba más brava era la gente de pueblos y de los sectores más deprimidos de Teherán.

“A nadie le importa lo que nos pasa. Solo lo hacen cuando perdemos el miedo y salimos a la calle. Pero aun así matan a muchos”, sentencia la taxista Maryam.

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