El amante cincuentón del baloncesto sabrá de qué estamos hablando.
Tras su controvertido adiós en noviembre, el ex técnico azulgrana regresa al Palau, ahora al frente del decaído Partizan
El amante cincuentón del baloncesto sabrá de qué estamos hablando.
En los años noventa, el Partizan de Belgrado sobrevolaba Europa. Venga, hagamos este ejercicio: ¿no recuerda aquel quinteto prodigioso dirigido por Obradovic?
Se lo digo de corrido: Djordjevic, Danilovic, Sretenovic, Divac y Rebraca.
¿Qué le parece?
(…)
¿Y qué ha sido del Partizan actual?
Pues es un conjunto muy menor, colista de la Euroliga, sin alma y cuestionado por su gente, que desconfía de Jabari Parker y Cameron Payne y que tampoco aplaude a Calathes.
Al mando del equipo está hoy Joan Peñarroya, su técnico desde hace dos semanas, un hombre ante los trabajos y los días: siempre anda en el alambre, antes como técnico azulgrana, ahora en este Partizan venido a menos que este viernes (20.30 h) visita el Palau Blaugrana.
Vamos a ver cómo la afición azulgrana recibe a su ex técnico, aunque quienes le conocen reclaman respeto, empezando por él mismo.
“Es una situación extraña –decía este jueves Peñarroya–. ¿El recibimiento? A todos les gusta ser bien recibidos, pero el público es soberano y aceptaré lo que venga”.
Xavi Pascual, técnico azulgrana, pide aplausos para Peñarroya, que fue su antecesor hasta mediados de noviembre.
“Más allá de las dificultades de la vida, a veces las cosas salen bien o no. Joan es muy buen tío y lo puso todo para intentar hacerlo lo mejor posible. Todo es muy valorable por la gente, pero es uno de los nuestros”, decía este jueves Pascual, sentado en el vientre del pabellón, durante la sesión de su equipo.
Lo cierto es que ambos, Pascual y Peñarroya, avanzan en sentido inverso, al menos desde el frente profesional.
Pocos aficionados azulgrana hubieran imaginado un presente como el actual. Desde que Xavi Pascual retomó los mandos del equipo (ya fue su técnico durante ocho años, del 2008 al 2016, cuando ganó cuatro ligas y la Euroliga del 2010), es extraordinario su balance de victorias-derrotas, un 13-3 que incluye un pleno en la Liga ACB (siete victorias en siete partidos) y un notable arreón en la Euroliga, donde galopa en el pelotón de cabeza.
Todo son parabienes para Xavi Pascual, el hombre que ha transformado un equipo deslavazado y sin alma en un bloque bien coordinado que funciona al alimón y empieza a soñar con cosas grandes, por qué no los playoff europeos, por qué no también un buen achuchón en la liga doméstica.
“En algún momento tenemos altibajos, pero en general estamos bastante sólidos”, dice Pascual, que jamás se viene arriba y prefiere manejarse en un perfil bajo y celebrar que ya funcionan Norris y Willy Hernangómez, que Satoransky se está creciendo y que le están escoltando Laprovittola y Punter.
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