Tanta alegría con la expulsión de Vini y fue la solución para el Real Madrid, club construido solo desde y para la victoria y que lleva las últimas décadas en la consulta del psicoanalista. Se cayeron del caballo hacia Damasco cuando descubrieron que su patria no es España, sino el club de sus amores –lúcido como es usual, Joanjo Pallàs–, algo que el resto de los aficionados del país ya sabíamos de nosotros mismos y lo vivíamos con normalidad. Ha habido de asumir que su anterior selección solo-es-nacional-si-juegan-del-Madrid gana Mundiales y Eurocopas con una facilidad proporcional a la mínima presencia de sus jugadores en ella. La culpa no es de los que chutan el balón, sino de una parte de su prensa, siempre hooligan , salvaje, intervencionista e intervenida, histérica y, a ratos, eso sí, divertida. Son esos señores de jerséis regalo de Reyes y olor a Museo Chicote que, al modo de la herejía cátara, murieron, mueren y morirán en la hoguera antes de reconocer que Messi es el mejor del mundo. Todo el mundo –hasta ellos– sabe que si Messi hubiera jugado de blanco, dirían todo lo contrario. Pero hay que entenderles. Después de Messi, llega Lamine. Se han tenido que inventar lo de La Fábrica y el éxodo de sus chavales para argumentar lo insoportable.
Tanta alegría con la expulsión de Vini y fue la solución para el Real Madrid, club construido solo desde y para la victoria y que lleva las últimas décadas en la consulta del psicoanalista. Se cayeron del caballo hacia Damasco cuando descubrieron que su patria no es España, sino el club de sus amores –lúcido como es usual, Joanjo Pallàs–, algo que el resto de los aficionados del país ya sabíamos de nosotros mismos y lo vivíamos con normalidad. Ha habido de asumir que su anterior selección solo-es-nacional-si-juegan-del-Madrid gana Mundiales y Eurocopas con una facilidad proporcional a la mínima presencia de sus jugadores en ella. La culpa no es de los que chutan el balón, sino de una parte de su prensa, siempre hooligan , salvaje, intervencionista e intervenida, histérica y, a ratos, eso sí, divertida. Son esos señores de jerséis regalo de Reyes y olor a Museo Chicote que, al modo de la herejía cátara, murieron, mueren y morirán en la hoguera antes de reconocer que Messi es el mejor del mundo. Todo el mundo –hasta ellos– sabe que si Messi hubiera jugado de blanco, dirían todo lo contrario. Pero hay que entenderles. Después de Messi, llega Lamine. Se han tenido que inventar lo de La Fábrica y el éxodo de sus chavales para argumentar lo insoportable.Seguir leyendo…
Tanta alegría con la expulsión de Vini y fue la solución para el Real Madrid, club construido solo desde y para la victoria y que lleva las últimas décadas en la consulta del psicoanalista. Se cayeron del caballo hacia Damasco cuando descubrieron que su patria no es España, sino el club de sus amores –lúcido como es usual, Joanjo Pallàs–, algo que el resto de los aficionados del país ya sabíamos de nosotros mismos y lo vivíamos con normalidad. Ha habido de asumir que su anterior selección solo-es-nacional-si-juegan-del-Madrid gana Mundiales y Eurocopas con una facilidad proporcional a la mínima presencia de sus jugadores en ella. La culpa no es de los que chutan el balón, sino de una parte de su prensa, siempre hooligan , salvaje, intervencionista e intervenida, histérica y, a ratos, eso sí, divertida. Son esos señores de jerséis regalo de Reyes y olor a Museo Chicote que, al modo de la herejía cátara, murieron, mueren y morirán en la hoguera antes de reconocer que Messi es el mejor del mundo. Todo el mundo –hasta ellos– sabe que si Messi hubiera jugado de blanco, dirían todo lo contrario. Pero hay que entenderles. Después de Messi, llega Lamine. Se han tenido que inventar lo de La Fábrica y el éxodo de sus chavales para argumentar lo insoportable.
Los aficionados del Barça y la mayoría de periodistas sensatos luchan contra nuestra superioridad moral, que a veces es para darnos con la mano abierta. No somos mejores que ellos. En el terreno de la psiquiatría esto no va así. Seamos diferentes. Nos hemos acostumbrado a ganar, pero la derrota y la hecatombe con juego bonito nos atrae como atraía una licorería a Charles Bukowski. No a las dos últimas generaciones, por fortuna.
La diferencia ya no es que unos somos catalanes y otros españoles después de que la selección periférica gane y agrade. Tampoco lo de Alemania y los Países Bajos. Ahora el tema está en qué tipo de hombre queremos enfundado en nuestra camiseta. Los tertulianos afines al blanco es mi color –de modo, a priori embozado, y ya desatado desde ese jugador que acabará jugando en la pachanga del AMPA para hacer mil goles– tienen debilidad por los hombres de verdad, musculados y viriles. En cierto modo, han salido del armario y de La bola negra les sobra el argumento. Por hacer historia reciente. Beckham y su cuerpo tatuado. Cristiano quitándose la camiseta y mostrando los abdominales. Sergio Ramos como un compendio de los dos.
Lo nuestro también da para alertas varias en el manicomio. Nos encanta que los jugadores sean como los amigos de nuestros sobrinos. Limpios, educados, de buena familia, pero sin que se note, discretos, imberbes, de los que, cuando vienen a buscar a tu hija, te preguntan por el trabajo y no saben si hacer Empresariales o un año sabático en Amsterdam –por supuesto–. Piensen un poco. Pau Cubarsí, Marc Bernal, Xavi Espart, Gerard Martín… Sí, luego están los que estudian becados, y por eso espabilados de la clase (Fermín, Gavi), y los brasileños y Lamine, que también lo es más allá de su pasaporte rocafondesco . Somos como somos.
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