Una huelga nacional eleva la presión sobre el Gobierno en Francia

Una huelga nacional convocada por los cinco mayores sindicatos franceses pone este jueves más presión sobre el Gobierno y sobre el presidente Emmanuel Macron después de varias semanas de protesta social que ha degenerado puntualmente en episodios muy violentos de guerrilla urbana.

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 Los sindicatos exigen la subida del salario mínimo, mayor justicia tributaria e inversión en los servicios públicos  

Una huelga nacional convocada por los cinco mayores sindicatos franceses pone este jueves más presión sobre el Gobierno y sobre el presidente Emmanuel Macron después de varias semanas de protesta social que ha degenerado puntualmente en episodios muy violentos de guerrilla urbana.

El seguimiento del paro es limitado y desigual, con mayor incidencia en el sector público que en el privado. Los propios sindicatos han evitado, como suelen hacer, el término “huelga general” y prefieren hablar de “huelga generalizada” para evitar la sensación de fracaso. De hecho el Gobierno está más preocupado por evitar problemas de orden público en las manifestaciones, que dan una imagen de caos a menos de seis meses de las presidenciales, y por eso ha vuelto a haber un despliegue masivo de policía, con 70.000 agentes sobre el terreno.

Las reivindicaciones sindicales confluyen con las que hacen otros colectivos que se han movilizado en las últimas protestas, como los estudiantes y los chalecos amarillos. Se exige una subida importante del salario mínimo y la apertura de negociaciones para elevar los salarios en general para afrontar la inflación. También se pide más inversión en servicios públicos, empezando por la educación y la sanidad, y un cambio de la política impositiva hacia una mayor justicia fiscal, poniendo énfasis en la tributación de los altos patrimonios.

La situación actual recuerda, salvando las distancias, la que hubo en Mayo del 68. Los acuerdos de Grenelle, negociados por el entonces primer ministro Georges Pompidou, supusieron un aumento de salarios considerable que calmó los ánimos después de una revuelta de gran envergadura que sí paralizó Francia.

La huelga ha coincidido con una nueva jornada de protesta de los alumnos de secundaria y bloqueos de institutos. En la céntrica calle de Rivoli, en París, ha habido ya tensión entre manifestantes y fuerzas antidisturbios después de que los primeros levantaran una barricada con contenedores de basura.

Esta vez sí se ha autorizado en la capital un itinerario clásico de la manifestación, por el centro de la ciudad, en vez del trayecto periférico a que obligó la prefectura, con el aval del Consejo de Estado, para limitar los daños en caso de desórdenes.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, alertó de “una respuesta de extrema firmeza” si la protesta deriva en violencia o saqueos. La secretaria general del sindicato CGT, Sophie Binet, replicó al ministro afirmando que “no será con medidas de seguridad como se pondrá fin a las manifestaciones”. Por su parte, la líder del otro gran sindicato, la CFDT, Marylise Léon, subrayó que “hay ganas de decir que se puede vivir dignamente del trabajo”.

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