Mal momento para tribuneros

Todo el mundo tiene un amigo o un conocido que, haga lo que haga el Barça, siempre lo ve todo negativo, no ve nada lo bastante bueno y está convencido de que se cumplirán los peores pronósticos sobre el equipo y todo lo que le rodea. Y si usted no tiene ese amigo o conocido, el tribunero es usted mismo. Este personaje que todos tenemos cerca, tan irritante como entrañable, vive en un estado de permanente sufrimiento, sea cual sea el rival o el marcador, incapaz de disfrutar de los momentos de alegría, efímeros pero reales. Ahora nos cogerán a la contra y nos marcarán un gol, ahora se nos lesionará este jugador tan importante, ahora nos enfrentaremos a un equipo de verdad y nos pintarán la cara… Siempre en guardia para que el golpe de lo que está por venir no le pille desprevenido.

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 Todo el mundo tiene un amigo o un conocido que, haga lo que haga el Barça, siempre lo ve todo negativo, no ve nada lo bastante bueno y está convencido de que se cumplirán los peores pronósticos sobre el equipo y todo lo que le rodea. Y si usted no tiene ese amigo o conocido, el tribunero es usted mismo. Este personaje que todos tenemos cerca, tan irritante como entrañable, vive en un estado de permanente sufrimiento, sea cual sea el rival o el marcador, incapaz de disfrutar de los momentos de alegría, efímeros pero reales. Ahora nos cogerán a la contra y nos marcarán un gol, ahora se nos lesionará este jugador tan importante, ahora nos enfrentaremos a un equipo de verdad y nos pintarán la cara… Siempre en guardia para que el golpe de lo que está por venir no le pille desprevenido.Seguir leyendo…  

Todo el mundo tiene un amigo o un conocido que, haga lo que haga el Barça, siempre lo ve todo negativo, no ve nada lo bastante bueno y está convencido de que se cumplirán los peores pronósticos sobre el equipo y todo lo que le rodea. Y si usted no tiene ese amigo o conocido, el tribunero es usted mismo. Este personaje que todos tenemos cerca, tan irritante como entrañable, vive en un estado de permanente sufrimiento, sea cual sea el rival o el marcador, incapaz de disfrutar de los momentos de alegría, efímeros pero reales. Ahora nos cogerán a la contra y nos marcarán un gol, ahora se nos lesionará este jugador tan importante, ahora nos enfrentaremos a un equipo de verdad y nos pintarán la cara… Siempre en guardia para que el golpe de lo que está por venir no le pille desprevenido.

El personaje que nos ocupa, sin embargo, vive días convulsos. Empezó el verano vaticinando que el Mundial afectaría negativamente a nivel físico y mental a los jugadores blaugrana y, en plena ola de calor, predijo un pésimo mercado de fichajes, vendiendo barato y comprando carísimo, y un arranque de la temporada floja. Y por eso los hechos le están complicando mucho los argumentos a nuestro amigo gruñón. El día del Gamper ya tuvo pro­blemas para encontrarle pegas a un Barça que presentaba en sociedad a Rodri, un campeón del mundo que, siendo del Real Madrid, prefirió ser blaugrana, prestigiando la propuesta futbolística de Flick. El día del Gamper se encontró, oh sor­presa, a un Barça ilusionante. Pero enseguida nuestro amigo aguó el vino recordando que cuando empezase la Liga se
verían las costuras del equipo hecho a medida entre Deco y Flick. Y, la verdad, se está viendo. El arranque de la Liga está dejando boquiabierto, incluso, al más optimista.

El arranque del Barça de Flick está dejando boquiabierto, incluso, al más optimista

Los fichajes necesitan tiempo para encajar en el engranaje, los internacionales que han competido en verano necesitan tiempo para recuperar su mejor versión y un equipo que pierde a su 9 de referencia y también a su suplente necesita tiempo para encontrar cómo marcar goles sin un delantero. Pero este tiempo ha sido un suspiro y los fichajes, como Gordon, juegan como si fueran de la casa, los internacionales como Lamine Yamal están en su versión más dulce y los goles le caen de los bolsillos a un Raphinha que se supera.

El entrenador del Barça, Hansi Flick, durante el partido de Champions entre el Barcelona y el Feyenoord
El entrenador del Barça, Hansi Flick, durante el partido de Champions entre el Barcelona y el FeyenoordAlberto Estévez/EFE

Pero nuestro amigo incrédulo y pesimista siempre tiene una advertencia a punto. Eso, en la Liga; cuando empiece la Champions, ya veremos. Y a fe de Dios que lo hemos visto esta semana en el estreno europeo del Barça.

Es cierto, al amigo quejica y criticón le queda todavía un último argumento de peso para descafeinar la euforia. Solo uno. La temporada no es como empieza, es como termina. Los títulos se deciden a partir de febrero. Una verdad como un templo. Sin embargo, mientras no llega este momento, amigo, no busques más excusas. Este Barça ilusiona. Este equipo se lo pasa bien. Y la afición disfruta.

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