La crisis de Ceuta ha evidenciado este martes criterios contradictorios en el seno del Gobierno sobre la información de inteligencia disponible en los días previos a la entrada masiva de migrantes del 30 y 31 de julio. Mientras la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha asegurado en el Congreso que los 25 agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) destinados en la ciudad autónoma han compartido y analizado con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con la Delegación del Gobierno la información que habían recabado, Fernando Grande-Marlaska ha sostenido en La Moncloa que “no había ningún informe que atisbara que el día 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció”.
Robles asegura que el CNI ha compartido la información recabada en Ceuta, mientras Marlaska niega que ningún servicio de inteligencia anticipara una entrada masiva
La crisis de Ceuta ha evidenciado este martes criterios contradictorios en el seno del Gobierno sobre la información de inteligencia disponible en los días previos a la entrada masiva de migrantes del 30 y 31 de julio. Mientras la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha asegurado en el Congreso que los 25 agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) destinados en la ciudad autónoma han compartido y analizado con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con la Delegación del Gobierno la información que habían recabado, Fernando Grande-Marlaska ha sostenido en La Moncloa que “no había ningún informe que atisbara que el día 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció”.
La discrepancia se ha producido además el mismo día en que ambos ministros han participado en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional y del Consejo de Ministros, lo que ha hecho todavía más llamativa la falta de una versión común del Gobierno sobre una de las cuestiones centrales de la gestión de la crisis. Si las autoridades habían dispuesto de alguna alerta previa sobre la posibilidad de una entrada masiva.
Desde el Congreso, la titular de Defensa, de quien depende el CNI, ha insistido en que los servicios de inteligencia han realizado la labor que les era “exigible” en relación con las entradas irregulares de inmigrantes. Una tarea que, según su versión, se ha compartido con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dependientes de Interior, y con la Delegación del Gobierno en Ceuta.
Robles ha desvelado que son 25 los agentes del CNI que desarrollan su misión en la ciudad autónoma y ha detallado que su cometido consiste en monitorizar a diario la situación desde múltiples perspectivas. Desde las relaciones con los países fronterizos hasta la situación geopolítica en el flanco sur, la actuación de las mafias organizadas y el uso que hacen de las redes, el incremento del terrorismo yihadista y, “obviamente”, el desarrollo de la migración irregular.
La ministra ha lamentado que el “deber de secreto legalmente impuesto” opere muchas veces como “una losa”, al impedir que se puedan hacer públicas las actuaciones de los servicios de inteligencia. Pero ha defendido que esa reserva no puede “ser un obstáculo” para “decir claramente” que el CNI ha realizado “la labor que competencialmente le era y es exigible”. Según su relato, esa labor se ha compartido y analizado con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con el personal de la Delegación del Gobierno.
Robles ha introducido además un elemento para explicar las dificultades de anticipación de estos fenómenos. La velocidad de las comunicaciones digitales, ha señalado, “amplía los retos y dificultades de policías de fronteras y de los servicios de seguridad e inteligencia para reaccionar a tiempo ante los intentos migratorios cuando estos se realizan en masa”.
Marlaska ha mantenido además la posición que ha defendido desde el inicio de la crisis: que el CNI no ha alertado de la posibilidad de una entrada masiva. El titular de Interior ha asegurado que el Gobierno no ha dispuesto de ningún informe que hubiera advertido de que el 30 de julio iba a producirse una entrada como la que finalmente ha tenido lugar, cuando más de 70.000 personas han cruzado irregularmente desde Marruecos hacia Ceuta.
“No había ningún informe que atisbara lo que iba a suceder el 30 de junio”, ha afirmado inicialmente, antes de insistir en que “no hay ningún informe de esas características similar a lo que pasó” finalmente en la ciudad autónoma.
Marlaska ha sostenido que, de haber existido una previsión siquiera parecida a la de mayo de 2021, cuando alrededor de 10.000 personas entraron en Ceuta en apenas dos días, el asunto se habría elevado “a nivel de las más altas instancias” para adoptar las medidas extraordinarias que fueran necesarias. “Si se hubiera vislumbrado algo parecido a lo que ocurrió el 30 de julio de este año”, ha argumentado, el Gobierno habría actuado.
A pesar de las reiteradas preguntas por la aparente contradicción con Robles, Marlaska no ha querido entrar a valorar las palabras de la ministra de Defensa y se ha limitado a reiterar su propia versión. “Ningún servicio de información de países amigos, ni cualquier otro grupo de investigación o inteligencia atisbó nada parecido”, ha zanjado. A partir de ahí, ha defendido que todos los responsables públicos han actuado “con la profesionalidad que le es propia”.
La divergencia entre ambos relatos deja sin resolver qué información concreta se ha compartido entre los servicios de inteligencia y los responsables de seguridad y, sobre todo, si los análisis elaborados en la ciudad autónoma permitían anticipar un episodio de dimensiones extraordinarias. La incógnita afecta no solo a la coordinación entre Interior, Defensa y los servicios de inteligencia, sino también a la valoración que se ha hecho de los riesgos y a la manera en que esa información ha llegado a los órganos encargados de adoptar las decisiones.
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