El planeta se acerca a temperaturas que millones de mayores no podrán tolerar: “Muchas más personas estarán en riesgo”

El planeta se está calentando y eso tiene consecuencias obvias para la salud. Sobre todo, para las personas mayores, que tienen más dificultades para regular su termostato interno y mantener el organismo a una temperatura adecuada para la vida. Un estudio publicado este lunes en The Lancet Planetary Health ha vuelto a profundizar en los umbrales de tolerancia humana al calor y ha concluido que el calor sofocante será más frecuente y generalizado de lo que se creía, sobre todo para las personas de más de 60 años, que se enfrentarán a peligros por la exposición al calor antes de lo previsto: la investigación estima que con un calentamiento de 1,5 grados, el 22% de los adultos mayores del mundo ya tendrían que soportar un calor peligroso durante al menos un mes al año.

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 Con un calentamiento de 1,5 grados, la vida del 22% de las personas de más de 60 años ya estará en riesgo por estrés térmico  

El planeta se está calentando y eso tiene consecuencias obvias para la salud. Sobre todo, para las personas mayores, que tienen más dificultades para regular su termostato interno y mantener el organismo a una temperatura adecuada para la vida. Un estudio publicado este lunes en The Lancet Planetary Health ha vuelto a profundizar en los umbrales de tolerancia humana al calor y ha concluido que el calor sofocante será más frecuente y generalizado de lo que se creía, sobre todo para las personas de más de 60 años, que se enfrentarán a peligros por la exposición al calor antes de lo previsto: la investigación estima que con un calentamiento de 1,5 grados, el 22% de los adultos mayores del mundo ya tendrían que soportar un calor peligroso durante al menos un mes al año.

Según las estimaciones de esta investigación, que ha combinado proyecciones poblacionales y de modelos climáticos, los mayores de 60 superarán los umbrales de tolerancia al calor de forma generalizada e inminente. Mucho antes de lo que se pensaba. Con una subida de 1,5 grados, ya habrá 290 millones de adultos mayores en el mundo en riesgo por calor. Los adultos jóvenes no se enfrentarían a un nivel de riesgo similar hasta alcanzar los 4 grados de calentamiento. “Nuestros hallazgos indican que el calor intolerable afectará a muchas más personas, en regiones más extensas y durante períodos más prolongados de lo que se creía”, concluyen los autores.

En este estudio, los investigadores proyectaron una futura exposición a lo que ellos llaman “estrés térmico incompensable”. Esto es, una situación en la que los sistemas de refrigeración del organismo se ven superados y no pueden mantener la temperatura central del organismo a niveles idóneos. “La exposición a un calor incompensable no significa la muerte inmediata, pero una exposición prolongada puede volverse peligrosa y, eventualmente, mortal”, explica Qinqin Kong, investigador de la Universidad de Stanford (EE UU) y autor del estudio.

Cada grado adicional de calentamiento expone a aproximadamente 1.000 millones de personas más a al menos 180 horas de calor sofocante al año. Pero el riesgo no es homogéneo entre la población: los adultos mayores corren el mayor de los peligros. “El envejecimiento se asocia universalmente con una disminución de la capacidad termorreguladora debido a la reducción de la producción de sudor, la vasodilatación cutánea atenuada y la disminución del gasto cardíaco, entre otros factores”, exponen los autores en el artículo.

El cuerpo humano tiene unos mecanismos de termorregulación, como la sudoración o la vasodilatación periférica, para disipar el calor. Pero en la gente mayor, estas estrategias de adaptación están más comprometidas y eso la sitúa en un contexto de especial vulnerabilidad. Las personas más añosas, además, acostumbran a tener enfermedades de base que, ante el calor, pueden descompensarse con más facilidad. Los autores advierten de que, a esa vulnerabilidad fisiológica, se suma también la estructura cambiante de la pirámide de población, cada vez más envejecida, lo que amplifica el impacto de los daños vinculados al calor extremo.

A partir de su investigación, Kong concluye que “el calor insostenible es mucho más generalizado, frecuente e inminente de lo que se estimaba anteriormente”. Los datos previos de tolerancia al calor estaban, a juicio del investigador, “incompletos”, porque asumían que todas las personas, jóvenes y mayores, podían soportar el calor tan bien como los adultos jóvenes sanos. Este nuevo estudio brinda “una imagen mucho más realista del riesgo futuro de calor”. Y asegura: “Dependiendo del nivel de calentamiento global, estimamos que el número de personas que se enfrentan a al menos 180 horas de calor insoportable cada año es entre dos y ocho veces mayor que las estimaciones anteriores, que asumían que todos podían tolerar el calor tan bien como los adultos jóvenes”.

Las personas más añosas tienen un umbral de tolerancia más bajo: “Los experimentos en cámaras climáticas [los voluntarios se exponen a condiciones progresivamente más cálidas y húmedas hasta que los investigadores identifican el punto en el que el cuerpo ya no puede mantener una temperatura central estable] muestran que, dependiendo de la humedad, la temperatura ambiental a la que los adultos mayores ya no pueden mantener una temperatura corporal central estable puede ser aproximadamente entre 4,7 y 7,5 grados menor que la de los adultos jóvenes”, explica Kong.

Otro de los hallazgos de este estudio es que el riesgo no se distribuye de forma uniforme por todo el globo ni durante todo el año. Se concentra en los meses de mayor calor y las zonas más expuestas son el sur de Asia, África occidental, el sudeste asiático, el este de China y algunas regiones del golfo Pérsico.

“Resulta especialmente preocupante la densamente poblada llanura indogangética [una planicie que se extiende desde Pakistán y el norte de la India hasta Bangladés] y la zona costera del golfo Pérsico, donde los adultos mayores se enfrentarán a un calor sofocante constante, tanto de día como de noche, durante varios meses consecutivos durante la temporada del monzón, con un calentamiento de 3 y 4 grados”, exponen los autores. Kong recuerda que “cuando las noches ya no ofrecen alivio, el cuerpo tiene menos oportunidades de recuperarse del calor acumulado durante el día”.

Desplazamiento interno y migraciones

Más allá de los efectos directos sobre la salud, el calor extremo puede desencadenar también un efecto cascada en toda la sociedad, alterando también los modos de vida y de trabajo, los sistemas alimentarios, las infraestructuras y las comunidades.

Los autores avisan de que este calor incontrolable “podría impulsar cada vez más el desplazamiento interno y la migración climática transfronteriza”, unas situaciones que plantearían también nuevos desafíos políticos y humanitarios.

Kong y sus colegas creen que este calentamiento imparable podría hacer que poblaciones ubicadas en zonas de alta vulnerabilidad al calor migrasen a regiones más frías o cambiasen también algunas costumbres de su estilo de vida, como de repente pasar más tiempo en interiores con aire acondicionado, lo que también podría poner en jaque los sistemas energéticos.

Como un efecto dominó, las consecuencias pueden ser devastadoras. Y ponen un ejemplo: el calor sofocante durante la temporada del monzón en esa llanura asiática coincide con la temporada de cultivo de kharif, una época crucial para la actividad agrícola en una de las zonas más densamente pobladas y productivas del mundo. En ese contexto de calor extremo de día y de noche, aducen los autores, “el trabajo agrícola al aire libre se volverá inseguro o incluso inviable, y los turnos nocturnos ofrecerán poco alivio, poniendo en grave riesgo la seguridad alimentaria”.

Kong recuerda que su investigación plantea cómo sería la exposición al calor si el mundo alcanzara un calentamiento de 1,5, 2, 3 o 4 grados centígrados. En la vida real, la rapidez con la que se alcance cada nivel depende de los gases de efecto invernadero que la humanidad emita en las próximas décadas, pero los expertos asumen que los umbrales más bajos de subida de temperatura ya están cerca. “Estamos bastante seguros de que un calentamiento de 1,5 grados es inminente. En 2024, la temperatura media anual global superó los 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales por primera vez en un solo año. Prevemos que superaremos este umbral con regularidad hacia 2030″, sostiene.

Los autores piden que los planes de acción contra el calor tengan en cuenta esa vulnerabilidad por edad que cristaliza su investigación. Hay que construir “ciudades más resistentes al calor” y contar con “redes eléctricas fiables”, dice Kong. Y también disponer de sistemas de alerta, formación e información adaptados a la población más vulnerable. “El objetivo no es simplemente avisar a la gente de que hace calor, sino asegurar que las personas en mayor riesgo sepan cuándo actuar y tengan un lugar seguro adonde ir”, zanja.

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