Fueron monaguillos antes que frailes. Había pocos cuerpos técnicos en el Mundial como el de Argentina. En la trastienda de la albiceleste, los cuatro hombres al mando suman 231 partidos jugados con la selección absoluta. Para que se hagan una idea del peso y del poso, el de mañana es el 208 de Messi. Lionel Scaloni da la cara pero se rodea de tres colegas con los que compartió vestuario, ahora despachos, y siempre asados. En la cocina de la Scaloneta se conocen bien y se llevan mejor. En el predio de Ezeiza, casa de la AFA, las mesas son rectangulares pero no sería extraño si fuesen redondas como en Camelot porque el trabajo de dirigir a Argentina a dos finales consecutivas del Mundial (y otras dos de Copa América) ha sido muy coral. Ese es el secreto mejor guardado del gran ciclo de la albiceleste.
Siempre modesto y sencillo pese al exitoso ciclo de la albiceleste, el técnico se ha rodeado de antiguos futbolistas para dirigir a la selección con compañerismo, naturalidad y sabiduría
Fueron monaguillos antes que frailes. Había pocos cuerpos técnicos en el Mundial como el de Argentina. En la trastienda de la albiceleste, los cuatro hombres al mando suman 231 partidos jugados con la selección absoluta. Para que se hagan una idea del peso y del poso, el de mañana es el 208 de Messi. Lionel Scaloni da la cara pero se rodea de tres colegas con los que compartió vestuario, ahora despachos, y siempre asados. En la cocina de la Scaloneta se conocen bien y se llevan mejor. En el predio de Ezeiza, casa de la AFA, las mesas son rectangulares pero no sería extraño si fuesen redondas como en Camelot porque el trabajo de dirigir a Argentina a dos finales consecutivas del Mundial (y otras dos de Copa América) ha sido muy coral. Ese es el secreto mejor guardado del gran ciclo de la albiceleste.
Lionel Scaloni, ¿mago o acompañador?
Llegó a la selección en el 2018 de forma interina y lleva casi ocho años al frente: el del domingo puede ser su quinto título
Dieciocho años llevaba Argentina sin ganar una Copa América y 26 años hacía del último Mundial pero Scaloni acabó con esa larga sequía. “Yo no soy ningún mago”, suele decir el seleccionador. “Gano por los jugadores, porque puedo meter a Lautaro de refresco y es la estrella. Yo tampoco le dije a Paredes que se tire y corte el contragolpe de Egipto con 2-2”, explica. Pocos entrenadores se quitan tanta importancia como él. “Yo fui un acompañador”, se define con modestia en su etapa como futbolista, y es lo que pretende hacer como entrenador. Fueron 258 partidos en Primera con el Deportivo, el Racing y el Mallorca (donde vive) pero apenas 7 con la albiceleste. Eso sí, le dio tiempo a dos cosas: a jugar el Mundial del 2006 y a pasarle las dos primeras pelotas a un chaval que en agosto del 2005 debutaba en Hungría. Era Messi. Fue el que más protestó cuando expulsaron a Leo.
Como jugador su apodo era el gringo, por rubio, pero los que más le conocen le siguen llamando yegua, porque “de chiquito corría, era un animal, un caballo”. Otra cosa que no cambia es que es despistado hasta el punto de que un día, ya siendo campeón del mundo, se olvidó la billetera y no pudo pagar un peaje en la autopista porque solo aceptaban efectivo. En la caseta no le reconocieron, pasó pero se fue multado.
En un mundo dominado por la estadística, Scaloni huye de los números y sigue priorizando a la persona y al grupo. “Se trata de hacer mejor a la persona para hacer mejor al jugador, y así crecer como equipo”. Esa es la máxima con la que ha conquistado a una plantilla a la que está muy agradecido por lo que le han dado. Y a los que le critican que se casó con los héroes de Qatar, les responde sentando a Otamendi o quitando del once a De Paul. Especialista en desdramatizar, como se vio contra Inglaterra, nadie le ha escuchado una declaración altisonante, agresiva o fuera de lugar.
El mundo interior de Pablito Aimar
Empezó con los jóvenes pero su íntimo amigo lo reclutó; ‘El Payaso’, ídolo de Messi, sigue encontrando soluciones geniales
Pablo Aimar y Scaloni son íntimos desde que ganaron el Mundial sub-20 del Malasia en 1997. Aimar, el Payaso , era el diez de aquel equipo antes de jugar en el Valencia y el Zaragoza. Era tan bueno –el Barça al llegar Laporta quiso ficharlo dentro de la Triple A: Ayala, Albelda y Aimar– que fue ídolo de infancia de Messi, una carta que a Scaloni le vino muy bien en el 2018 cuando cogieron la selección. Ahora la clarividencia que tenía en el campo la tiene desde fuera, aunque sigue siendo introvertido. “Ve cosas en el centro del campo porque él se ha movido en esa zona y le es familiar”, definen su rol. Por ejemplo, aconseja a los medios hacia donde perfilarse para recibir o promueve cambios de posición según el rival.
Alguna noche en la concentración de Kansas vieron partir a dos ciclistas con casco –la seguridad siempre es lo primero–, como si fueran dos chicos de Verano Azul. Eran Aimar y Scaloni, que recorrían en bicicleta los 10 km hasta el hotel de los familiares para cenar con sus esposas.
La regeneración de Roberta Ayala
Conserva sus dotes de liderazgo y es muy cercano a los futbolistas; Ayudó con el relevo generacional y apostó por jugadores
Ser capitán curte y el Ratón Ayala era uno de los líderes cuando Scaloni fue internacional. “Cuando él hablaba no volaba una mosca”, recuerdan. El respeto que se ganó en su etapa de defensa (115 partidos con la albiceleste) lo conserva: sabe cuándo hablar y qué decir. “Es muy educado y transmite seriedad, los jugadores le escuchan”, descubren. Su papel ha sido clave para regenerar el equipo porque tenía conocimientos tras trabajar en la secretaría técnica del Racing de Avellaneda y del Valencia. Sus contactos y datos ayudaron al cambio generacional. Fue clave para apostar por Romero, el Dibu Martínez o Nico González.
El laboratorio de Walter Samuel
Tras coincidir con Scaloni en Newell’s, desarrolló gran parte de su carrera en Italia, de donde ha importado conceptos defensivos y las jugadas de estrategia
Walter Samuel es amigo de toda la vida de Scaloni. Ambos iban a entrenar juntos a Newell’s Old Boys cuando eran unos chavales y después también ganaron el famoso Mundial sub-20. En el fútbol (Roma, Madrid, Inter) le pusieron El Muro de apodo, pero el seleccionador le llama cariñosamente Cabeza desde siempre. Es el más serio y tranquilo y con su presencia pone paz si hay momentos de tensión entre los banquillos. En Italia aprendió mucho de táctica defensiva (ya que también trabajó con Pioli en el Inter) y de jugadas de estrategia. Es el encargado del balón parado, que le dio dos goles a Argentina contra Cabo Verde y uno contra Suiza. “Insistió mucho con que MacAllister podía ganar en el primer palo y le dijimos a Messi que la tirase ahí”, le reconoció Scaloni por el 1-0 a Suiza.
Manna, ‘el profe’ y Martín Tocalli
Los tres anónimos de las computadoras
El videoanalista Matías Manna es muy valorado. Empezó como periodista y tenía un blog sobre Guardiola, que derivó en el libro Paradigma Guardiola. Estuvo trabajando con Bielsa y se ha adaptado al estilo de Scaloni. De la preparación física se encarga el profe Luis Martín, muy querido, que fue quien visitó para elegir los campos de entrenamiento. Mientras que el entrenador de porteros es Martín Tocalli, hijo de Hugo Tocalli, ayudante histórico de Pekerman. Es un “obsesionado del trabajo” y se le atribuye la evolución del Dibu.
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