En el Media Day de este Wimbledon que hoy arranca, un abanico de estrellas del tenis contemporáneo atiende a los periodistas.
“Mucha gente sueña con ser una deportista de élite; si me invitan, ¿cómo digo que no?”, proclama Serena Williams, heptacampeona de Wimbledon, de regreso cuatro años más tarde
En el Media Day de este Wimbledon que hoy arranca, un abanico de estrellas del tenis contemporáneo atiende a los periodistas.
Hablan muchos y hablan mucho, pero pocos acaparan tanto interés como Serena Williams.
Por algo será.
Serena Williams ya tiene 44 años y dos criaturas (Olympia y Adira, de seis y dos años), y también tiene un montón de muescas en su historial pues suma 23 grandes, más que Roger Federer (20), Steffi Graf y Rafael Nadal (ambos, con 22), y solo la superan Novak Djokovic y Margaret Court (ambos, con 24), y entre bastidores se dice que su tiempo pasó y el tiempo lo confirma, pero pasa eso, el tiempo, y aquí vuelve.
Silencio, Serena Williams aparece en la sala.
La gran dama ocupa su trono en el auditorio del All England Lawn Tennis Club, ahora la enfocan las cámaras, los cronistas encienden las grabadoras y el mundo del tenis retrocede diez años atrás, regresa a los años en los que reinaba esta mujer, hoy sonriente y relajada, la hija de Richard Williams, la hermana de Venus Williams (juntas, ambas también disputarán el dobles), protagonistas todos ellos de un biopic tan edulcorado como estimulante, la oscarizada King Richard (con Will Smith como mejor actor, en el 2022).
Me invitaron y me dije: ‘Pero, ¿qué te pasa, Serena? ¿Estás loca? ¿Qué tienes que pensarte?’”
–¿Qué podía hacer? –se pregunta Serena Williams en voz alta–: la organización me ofrecía la última invitación que le quedaba y entonces, mientras yo dudaba si aceptar o no, me dije: ‘Pero, ¿qué te pasa, Serena? ¿Estás loca? ¿Qué tienes que pensarte? Tienes que decir que sí, no te queda opción’. Porque al fin y al cabo, muchísima gente sueña con ser una deportista de élite. Y a mí me estaban ofreciendo otra oportunidad para mostrarle al mundo qué es lo que sé hacer. Y últimamente me he sentido bien entrenándome. Debía aceptarla.
Y aquí tenemos ahora a Serena Williams.
De vuelta al ruedo.
Han pasado cuatro años desde su última presencia en Londres, cuando había caído en primera ronda ante Harmony Tan, entonces la 115.ª raqueta de la WTA. Han pasado casi cuatro años desde su último partido oficial, la tercera ronda del US Open del 2022.
Ahora, Serena Williams nos regala un punto de referencia en el circuito actual, confundido y enrarecido como está, pues Alcaraz ha desaparecido, víctima de una lesión en la muñeca cuya recuperación es un misterio, y Sinner sigue atormentado por sus golpes de calor y Djokovic se ha venido a menos, ya otoñal, que no rendido.
–Cuando me ofrecieron la wild card, era domingo. Y me daban un día para pensármelo, hasta el lunes. Y no estaba del todo segura cuando la acepté. Honestamente, ni siquiera lo estoy ahora –dice Serena Williams, que regresará a escena este martes: la espera la australiana Maya Joint (20).
–¿Y a qué aspira usted? –le preguntan los cronistas.
–Bueno, por primera vez en mi carrera, mis expectativas son diferentes a las de otros tiempos.
–¿Y qué sabe usted de Joint, su adversaria?
(Hoy es la 87.ª de la WTA)
–La conozco, la conozco. Y he observado algunos vídeos suyos. Lo que sí sé es que ella sí que me conoce a mí –concede al fin.
Y ahí aparece la criatura competitiva, la tenista arrogante que siempre fue enorme porque siempre se lo creyó y lo quiso, la que se empoderó en la lucha por la igualdad salarial y la maternidad entre las deportistas de élite, la que ahora, tantos años más tarde, sigue acaparando los focos cuando le place, dama de Londres, heptacampeona allí.
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