Anne Hathaway, Martin Scorsese, Charlie XCX… Hollywood aterriza en Letterboxd: ¿idilio imposible?

En 2011, Karl von Randow y Matt Buchanan, dos cinéfilos neozelandeses amantes de la tecnología, lanzaron Letterboxd, una aplicación para reseñar y puntuar películas inspirada en GoodReads, la plataforma que hace lo propio con los libros. Durante varios años, compaginaron este pequeño proyecto con su trabajo en un estudio de diseño de webs. Hasta que llegó el coronavirus. En marzo de 2020 contrataron a su primer empleado a tiempo completo y, con el mundo confinado en sus casas, los usuarios se multiplicaron. En 2023, la empresa fue adquirida por la compañía canadiense Tiny y hoy cuenta con más de 26 millones de perfiles creados. Si bien la cifra parece irrisoria si se compara con las que manejan compañías como Instagram (con unos 3.000 millones de usuarios activos), refleja el poderío cultural de las películas como fuente de conversación. A quien le gusta el cine, le gusta tanto ver los filmes como comentarlos y analizarlos al detalle, y a esa comunidad —incluidos famosos cineastas e intérpretes— se dirige Letterboxd.

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 Cada vez más grandes estrellas son usuarios de esta plataforma de crítica de películas, mientras que nombres de fama reciente han visto expuestas las reseñas que escribieron cuando eran anónimos. Sea como sea, se ha abierto el debate sobre si la aplicación mantendrá su autenticidad y credibilidad  

En 2011, Karl von Randow y Matt Buchanan, dos cinéfilos neozelandeses amantes de la tecnología, lanzaron Letterboxd, una aplicación para reseñar y puntuar películas inspirada en GoodReads, la plataforma que hace lo propio con los libros. Durante varios años, compaginaron este pequeño proyecto con su trabajo en un estudio de diseño de webs. Hasta que llegó el coronavirus. En marzo de 2020 contrataron a su primer empleado a tiempo completo y, con el mundo confinado en sus casas, los usuarios se multiplicaron. En 2023, la empresa fue adquirida por la compañía canadiense Tiny y hoy cuenta con más de 26 millones de perfiles creados. Si bien la cifra parece irrisoria si se compara con las que manejan compañías como Instagram (con unos 3.000 millones de usuarios activos), refleja el poderío cultural de las películas como fuente de conversación. A quien le gusta el cine, le gusta tanto ver los filmes como comentarlos y analizarlos al detalle, y a esa comunidad —incluidos famosos cineastas e intérpretes— se dirige Letterboxd.

Figuras como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, quien no dudó en calificar su película Megalópolis con el máximo de cinco estrellas, forman parte de la aplicación desde hace tiempo. A modo de presentación, cualquier usuario elige sus cuatro películas favoritas de todos los tiempos, una información valiosa que genera gran interés cuando esa elección la realiza alguien conocido. La cantante Charlie XCX (recién llegada al mundo del cine), el actor Kyle MacLachlan o la cómica Rachel Sennott (entre cuyas películas favoritas se cuela la española Mujeres al borde de un ataque de nervios), tampoco se han resistido a las listas de Letterboxd.

De hecho, la plataforma se ha convertido en el nuevo place to be versión online y recibe semana tras semana nombres de celebridades que quieren formar parte del fenómeno. Eso sí, en muchos casos hay más de estrategia publicitaria que de interés genuino. Por ejemplo, la actriz Anne Hathaway ha compartido públicamente su perfil justo en plena promoción por El diablo viste de Prada 2. En el caso de Charlie XCX, utilizó la plataforma para desvelar las canciones de su banda sonora para la última adaptación de ‘Cumbres Borrascosas’, dirigida por Emerald Fennell. Los cantantes Paul McCartney y Ed Sheeran, el cineasta Sean Baker, la actriz Cynthia Nixon, el guionista alemán Wim Wenders o el actor de Stranger Things Dacre Montgomery también son usuarios de la app, aunque no todos reseñan películas con frecuencia. En España, por el momento no hay muchas cuentas públicas próximas a personajes mediáticos del cine, con algunas excepciones, como la del director Juan Antonio Bayona, la intérprete Laura Weissmahr o el actor y guionista Brays Efe.

Criticar las críticas

Las estrellas recién aterrizadas cuidan mucho lo que publican, pero ¿qué hay de esos actores y actrices, desconocidos hasta hace poco, que llevan años puntuando películas en Letterboxd? Ha habido varios casos de famosos con perfiles anónimos que han sido desenmascarados por usuarios de la aplicación. Así fue como salió a la luz la cuenta privada de Charlie XCX, muy seguida en la actualidad (“mi cuenta ha sido filtrada, supongo”, se lee en la biografía de su perfil). Tras hacerse público su usuario, algunos medios especializados aseguraron que la artista borró todas las películas que no había valorado positivamente. Y este gesto resulta del todo significativo en una plataforma que, en teoría, busca crear una comunidad de personas con gustos diversos pero unidos por su pasión por las películas y su interés por comentarlas con honestidad.

Cuando las celebridades se unen —ya sea por elección propia o no— a los anónimos del mundo, pero no comparten sus gustos con transparencia, la razón de ser de Letterboxd deja de tener mucho sentido, ya que pasa a estar sujeta a otro tipo de intereses. Sin embargo, si tenemos en cuenta la reacción de algunos hacia las reseñas sinceras de personas famosas, no es de extrañar que muchas caras visibles del mundo del cine y el entretenimiento prefieran guardarse sus opiniones.

Por favor, dejad a las celebridades tener cuentas en Letterboxd en paz, titulaba Vulture un artículo de opinión publicado el pasado enero. El texto aludía al “boxxeding”, un juego de palabras en inglés —Letterboxd y doxxing (revelar información privada)— y que se podría traducir como exponer sin permiso la información de una cuenta de Letterboxd privada. Con este término, la publicación se refería a la polémica en torno a la cuenta de Hudson Williams, un caso que puso de manifiesto que el debate sempiterno entre baja y alta cultura impera con fuerza en la esfera digital. El intérprete de la serie Más que rivales, el inesperado fenómeno televisivo que catapultó hace unos meses a sus desconocidos protagonistas a la fama, tenía perfil en Letterboxd antes de ser una personalidad pública. Como le sucedió a Charlie XCX, su cuenta fue descubierta y expuesta. Muchos usuarios cuestionaron sus gustos, se mofaron de sus películas predilectas y compartieron algunas de sus reseñas antiguas, donde expresaba todo tipo de opiniones, como que Pedro Pascal no le parecía buen actor o que la actuación de Timothée Chalamet en Dune no era la mejor de su carrera. El actor terminó por cerrar su perfil.

Su caso no ha sido aislado. La actriz de The Bear Ayo Edebiri también terminó por abandonar la plataforma, donde compartía ácidas reseñas en tono de humor, cuando el escrutinio sobre todo lo que había publicado antes de ser famosa fue demasiado intenso. “Ya no solo juzgamos a los creadores por su obra, sino también por sus gustos. Antes, una celebridad podía opinar de cine sin apenas impacto; hoy, cada valoración queda archivada, analizada y cuestionada. Como si el gusto fuera parte del casting público. Y quizá ahí nos pasamos de exigentes: admirar a alguien no implica que tenga que encajar en todos nuestros géneros favoritos y expectativas”, reflexiona al respecto la creadora de contenido especializada en cine Meriidiano.

En esa dirección se pronuncia Carlos Fernández, doctor en Estudios Artísticos, Literarios y de la Cultura, profesor y divulgador de cine en redes sociales y en la web Bandeja de Plata, cuando señala que la autocensura podría dictar buena parte de las reseñas de los usuarios de proyección pública: “Muchas de estas celebridades desenmascaradas en Letterboxd se verán intimidadas a la hora de exponer sus gustos ante el escrutinio público y diseñarán sus listas o gustos para satisfacer al fandom o no ser troleados, sin darse cuenta de que siempre serán criticados por exceso o por defecto. Quienes usen la app conforme a su verdadera finalidad no revelarán su identidad jamás porque sabrán que a partir de ese momento serán censurados por el gran público o por sí mismos en defensa propia”.

Para Víctor Salmeron, divulgador de cine en @cinemaexcelsiorr y usuario de Letterboxd desde hace años, la plataforma, más que un debate entre alta y baja cultura, identifica “esa necesidad actual de ser absolutamente impoluto en lo que haces y opinas”, y apunta que, gracias a la app, ha aprendido a “revalorizar ciertos tipos de cine más populares o convencionales” que los canales de difusión y opinión con los que creció relegaban a un segundo plano. “Por poner un ejemplo, creo que el resurgir de Crepúsculo como una película relevante para su generación ha sido gracias a la democratización de la opinión cinéfila a través de redes sociales y Letterboxd”, expone.

Recuperar opiniones pasadas que los famosos compartieron con el mundo virtual cuando eran anónimos no es algo nuevo. Son muchas las figuras públicas que han tenido que pedir disculpas por opiniones pretéritas, especialmente publicadas en X, antiguo Twitter. En este sentido, el caso de Karla Sofía Gascón ha sido uno de los más sonados de los últimos años. No obstante, una cosa es afear comentarios y mensajes objetivamente reprobables (y el debate aquí sería eterno) y otra señalar y cuestionar gustos personales en materia de cine.

Letterboxd sigue en pleno crecimiento y la llegada de grandes estrellas juega a favor de la app en términos de visibilidad. Sin embargo, en el otro lado de la balanza, la autenticidad y credibilidad se pueden ver mermadas. ¿Acaso Anne Hathaway hablará mal de películas de colegas y directores con los que podría tener oportunidad de trabajar? No sería de extrañar que la aplicaciónterminara por ser una herramienta de trabajo más para las estrellas, como sucede con Instagram, necesaria en muchos casos para alimentar la maquinaria de promoción o los contratos con marcas.

Esta notoriedad proporcionada por las grandes figuras del cine actual podría impactar igualmente en el tipo de público que más horas dedica a la aplicación: jóvenes de entre 18 y 24 años, seguidos de 25 a 35. Normalmente, o al menos así sucedió con Facebook e Instagram, cuando el público de más edad llega masivamente a una red social, el más joven busca nuevos lugares. En definitiva, 15 años después de su nacimiento, la plataforma ya ha conectado con el público mayoritario y no es un reducto exclusivo de cinéfilos. Prueba de ello es que las grandes productoras están presentes en la app y el propio Letterboxd aglutina millones de seguidores en redes como Instagram o TikTok, donde sus vídeos entrevistando a celebridades a pie de alfombra roja o sus listados de películas suman decenas de miles de reproducciones.

El siguiente paso, tal y como se rumorea desde hace años, sería abrir los brazos a las reseñas de series de televisión (hasta el momento solo están presentes miniseries o películas para televisión, además de títulos especiales como Black Mirror), pero hay una gran división de opiniones entre los fans de la red social que supo aprovechar el capital cultural en términos de cine. Como recogía The New York Times en un artículo del pasado febrero, “la industria del entretenimiento está en crisis, pero una red social para entusiastas de las películas está arrasando”, y ese éxito no solo se traduce en los millones de usuarios que interactúan en la plataforma, sino en la propia percepción que se puede llegar a tener de las películas y la forma de consumirlas.

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