La venganza del pensionista Luis Bárcenas

Iban a ser dos horas escasas, pero Luis Bárcenas tuvo que comer un bocadillo en el pasillo de la Audiencia Nacional porque su declaración se prolongó cinco horas. Era una de las citas más esperadas del juicio de la trama Kitchen, uno de los mayores escándalos en un país demasiado acostumbrado a la corrupción. Y no ha defraudado.

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 El extesorero del PP apunta que cuando Pedro Sánchez ganó la moción de censura su vida en prisión dio un giro de 180 grados  

Iban a ser dos horas escasas, pero Luis Bárcenas tuvo que comer un bocadillo en el pasillo de la Audiencia Nacional porque su declaración se prolongó cinco horas. Era una de las citas más esperadas del juicio de la trama Kitchen, uno de los mayores escándalos en un país demasiado acostumbrado a la corrupción. Y no ha defraudado.

Bárcenas ha actuado hoy en clave Montecristo. En la novela de Alejandro Dumas, Edmundo Dantés se liberaba de la prisión y lograba reconstruir su vida. Algo parecido le ha ocurrido al extesorero popular, que ya es un hombre libre. Jubilado, además. Su única ‘responsabilidad’ es ayudar a su hijo Willy con la contabilidad del grupo de música ‘Taburete’,a quien no le va mal. Sin ataduras, era el momento de tirar para arriba.

Con traje gris, camisa blanca de cuello italiano con pañuelo a juego en el pecho, corbata oscura y pelo plata hacia atrás, parece que el tiempo no ha pasado por Bárcenas. Ni que ha estado ocho años en prisión. La presidenta del tribual le instó en varios momentos a hacer un receso pero él respondió que no, que no, que no quería parar. La única debilidad física que ha evidenciado ha sido el pemiso que ha solicitado al tribunal para ir al cuarto de baño “por cuestiones de edad”. 

Uno de los momentos culmen de la declaración de Bárcenas ha sido cuando ha apuntado contra la cúpula policial del PP. “Esta operación policial para espiarme se inicia por los responsables del PP”. ¿Pruebas? Ninguna. A escasos metros de él estaba sentado en el banquillo Jorge Fernández Díaz. Su tranquilidad era absoluta. Más nervioso se ha mostrado su exchófer Sergio Ríos, a quien ha situado como el topo que captó la trama. El tribunal tuvo que llamarle la atención por su excesiva gesticulación.

Bárcenas ha cargado contra el póker de poder del marianismo. Para, de nuevo, el propio Rajoy, “M.R”, de quien ha vuelto a decir que le grabó un audio destruyendo papeles comprometedores. Para su archienemiga María Dolores de Cospedal, a quien le ha devuelto el “que cada palo que aguante su vela”. Para el omnipresente por entonces Javier Arenas. Y para la antigua cúpula del Ministerio del Interior liderada por Jorge Fernández Díaz. Génova no hizo prisioneros, como tampoco los hizo Ferraz.

Todo ‘tenor’ de la corrupción que se precie tiene que tener en cuenta que puede sufrir consecuencias en carne propia. Es de primero de cloacas, que diría Gabriel Rufián. Cuando comenzó a hacer declaraciones que podrían perjudicar al PP, Bárcenas ha relatado lo que sufrió en la cárcel. Primero se filtró su foto de presidiario. Luego se le categorizó como preso peligroso, con especial protección, “algo que se hace con los yihadistas”. También se le obligó a desnudarse, “algo que solo se hace a quien trafica con droga”. Se le sancionó. Dentro de los muros de una prisión, a veces la ley penitenciaria queda difuminada. Hubo incluso imágenes en la ducha que no se llegaron a publicar.

A Bárcenas no se le escapó mencionar tampoco que todo este infierno tuvo un principio -cuando empezó a cantar desde prisión-, pero también un final. El epílogo coincidió con el, probablemente, momento más duro de la historia reciente del PP: la moción de censura del 2018. Con el cambio de Gobierno, el día a día del extesorero en Soto del Real dio un giro de 180 grados. Sánchez, en definitiva, le cambió la vida a Bárcenas.

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