En la tribuna, Overmars y Migueli, dos maneras de entender la historia del Barça. Observación: le piden más fotos a Migueli que a Overmars. Cada vez que se le acercan con un móvil y la intención de hacer una selfie, Migueli, simpático, responde con el mismo chiste (que, por razones de edad, no todos los culés entienden): “¿Tiene carrete?” En el gol sur, una grada de animación tan hiperactiva que, a ratos, marea más que anima. Lamine Yamal, sin embargo, les exige que anime más y que le acompañe en el enésimo intento de encarar al adversario con jugadas imposibles y de, pese a estar exhausto, nunca darse por vencido.
En la tribuna, Overmars y Migueli, dos maneras de entender la historia del Barça. Observación: le piden más fotos a Migueli que a Overmars. Cada vez que se le acercan con un móvil y la intención de hacer una selfie, Migueli, simpático, responde con el mismo chiste (que, por razones de edad, no todos los culés entienden): “¿Tiene carrete?” En el gol sur, una grada de animación tan hiperactiva que, a ratos, marea más que anima. Lamine Yamal, sin embargo, les exige que anime más y que le acompañe en el enésimo intento de encarar al adversario con jugadas imposibles y de, pese a estar exhausto, nunca darse por vencido.Seguir leyendo…
En la tribuna, Overmars y Migueli, dos maneras de entender la historia del Barça. Observación: le piden más fotos a Migueli que a Overmars. Cada vez que se le acercan con un móvil y la intención de hacer una selfie, Migueli, simpático, responde con el mismo chiste (que, por razones de edad, no todos los culés entienden): “¿Tiene carrete?” En el gol sur, una grada de animación tan hiperactiva que, a ratos, marea más que anima. Lamine Yamal, sin embargo, les exige que anime más y que le acompañe en el enésimo intento de encarar al adversario con jugadas imposibles y de, pese a estar exhausto, nunca darse por vencido.
Los cánticos del Camp Nou incluyen referencias ofensivas al Espanyol, pero quizá no tan virulentas como las que en Cornellà corea el público más anticulé. “Periquito qui no boti és!” es la consigna más amable. Uno de los más repetidos, que los boomers tenemos dificultades para descifrar, es el “Perico, dime lo que se siente”, del 2020, que, en perfecto castellano, recuerda: “Perico dime lo que se siente / tener tu casa en Cornellà / Te juro que aunque pasen los años / nunca nos vamos a olvidar / te tiramos Sarrià y luego te echamos de nuestra ciudad / luego bajaste de división / para poder ser campeón / Rezaremos por tu desaparición”.
Más que criminalizar los cánticos contra el Espanyol, lo que conviene es analizarlos
Al final, muchos jugadores del Barça lo interpretan con un entusiasmo y un baile que no los dignifica ni a ellos ni al club. La escena es la expresión de una genuina rivalidad y de una juventud que triunfará como contenido sensacionalista (vehiculado por Tik-tok, que es a las redes sociales lo que el fentanilo es a las drogas) y que, por sentido común, más vale analizar que criminalizar. Aparte de la mejorable calidad de la letra y la música, el cántico destila el clasismo de los que tratan Cornellà como un infierno y que se atribuyen la destrucción de Sarrià y del traslado de ciudad. Históricamente, son dos circunstancias en las que los culés no intervinieron, y sí, en cambio, la gestión del RCD Espanyol como club.
Durante el descanso, La Fúmiga intenta aportar energía positiva a un partido con una primera parte más funcional que espectacular y, en la segunda, con un final pletórico, ideal para preparar psicológicamente el desenlace de la eliminatoria de mañana. Empieza haciendo calor y se acaba levantando un viento desagradable. Ferran Torres marca dos goles de talento y oportunismo. Para celebrarlos hace aspavientos de rebeldía que ojalá le espoleen a marcar más. En el palco, Xavier Sala i Martín luce una vistosa americana roja, más adecuada para asistir a una boda de película de Bollywood que a un derbi.

En el último gol, Frenkie de Jong protagoniza una jugada contracultural. En una secuencia rápida del juego y un momento muy emocional del partido, se detiene en seco, levanta la cabeza, consigue que el tiempo se diluya, y con un sentido racional del juego, hace el centro que Rashford convierte en gol. El resultado, 4-1, acelera la espera del partido de mañana. Un partido para el que convendría olvidar agravios, cánticos y rivalidades genuinas e inducidas para centrarse en la determinación, el talento y la responsabilidad. ¿La actitud ideal? La de Hansi Flick en el momento de, en la sala de prensa, ver aparecer a su nieto: sonrisa, orgullo por el presente y esperanza en el futuro.
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