El aumento de la cesta básica y los costes de producción hacen que preparar este postre tradicional sea más caro que el año pasado Leer El aumento de la cesta básica y los costes de producción hacen que preparar este postre tradicional sea más caro que el año pasado Leer
Cada año, la cesta de la compra parece jugar a la ruleta: primero es la sequía, luego la gripe aviar, y ahora las tensiones geopolíticas. Ocurrió en 2022 con la invasión de Ucrania, que disparó los precios de cereales, aceites y fertilizantes, y vuelve a ser motivo de preocupación con los conflictos en Oriente Próximo. Aunque todavía no se reflejan directamente en nuestros supermercados, estos conflictos amenazan con alterar los precios de productos básicos como el aceite, la leche, los huevos o los cereales, además de una larga lista. Precisamente los ingredientes de las torrijas.
El Estrecho de Ormuz, un corredor clave para el transporte de petróleo, concentra alrededor del 20% del crudo que se mueve por vía marítima en el mundo. Cualquier interrupción en esta ruta puede encarecer la energía, afectar los costes de transporte y, de manera indirecta, elevar los precios de producción de alimentos. Como consecuencia, la energía es más cara y los costes de transporte y de producción aumentan, lo que puede repercutir directamente en la cesta de la compra.
En España, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina, y no hay Semana Santa sin torrijas. Este dulce tradicional funciona como un termómetro de la inflación alimentaria, ya que se elabora con leche, huevos, pan, aceite y azúcar. Este año, aunque los efectos aún no se han trasladado por completo a la cesta de la compra, sí se ha notado que la energía se ha encarecido un 7,5% y el gasóleo agrícola ha subido un 40%. Como consecuencia, el cocinar torrijas en casa este año es un 6% más caro que lo que fue en la Semana Santa pasada, que además fue un 27% más barata gracias a la caída que sufrió el aceite, que durante los dos últimos años acumuló fuertes subidas.
A precios de supermercado, una barra de pan cuesta en torno a 0,55 euros; un litro de leche, 0,94 euros; aproximadamente un tercio de litro de aceite para freír las torrijas ronda los 1,74 euros; 100 gramos de azúcar, 0,10 euros; y un par de huevos medianos, 0,62 euros. En total, preparar una ración de entre 10 y 12 torrijas este año cuesta 3,95 euros, frente a los 3,73 euros que costaban el año pasado. Aun así están lejos de los 5,17 euros que costaban en 2024.
La principal razón de este aumento se debe a la subida de la leche, que ha crecido un 3%, pero sobre todo al huevo, que con un incremento del 30,1% se ha convertido en el producto de alimentación que más se ha encarecido en lo que va de año, sumando ya dos años consecutivos de alzas. Este aumento se explica, en buena medida, por los brotes de gripe aviar y las medidas adoptadas por el gobierno para frenar su propagación, que han reducido el número de gallinas ponedoras y, por consiguiente, tensionado la oferta. Hoy, el precio del huevo es casi el doble que en 2021.
La subida de ambos alimentos no ha logrado frenar el incremento de las torrijas, como sí ocurrió el año pasado, cuando la caída del precio del aceite compensó parte del encarecimiento. Todo esto, además, sin que se hayan notado aún los efectos de la guerra en Irán. «Por ahora no hemos registrado aumentos relevantes, pero si la energía y el combustible siguen al alza, la presión inflacionaria será inevitable. No sabemos hasta qué punto, pero lo tenemos muy presente y seguimos vigilando cada movimiento del mercado», explicaba Rosa Carabal, CEO de Eroski, en una entrevista reciente.
La industria alimentaria ha mostrado su preocupación ante la situación, aunque valora positivamente las ayudas gubernamentales de más de 877 millones de euros, destinadas a reducir los costes energéticos y el IVA en sectores específicos, aunque no en el alimentario. La Asociación de Fabricantes y Distribuidores, Aecoc, reclamó la semana pasada al Gobierno «medidas urgentes, realistas, eficaces y consensuadas» para el sector del gran consumo, al que describió como «altamente vulnerable» frente a los efectos del conflicto actual.
Por su parte, el gigante aceitero Deoleo, que este año celebra los 160 años de su icónica marca Carbonell, disipó las alarmas sobre un sector tan volátil como el del aceite de oliva. «No nos preocupa en este momento», aseguraron en un encuentro con la prensa, y añadieron que la espiral inflacionista de los últimos años les ha servido como aprendizaje, obligándoles a ser más ágiles en situaciones de crisis.
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