Este Domingo de Resurrección, durante la bendición urbi et orbi, es muy posible que el Papa León XIV agradezca, en su primera Pascua como pontífice, las flores enviadas desde Países Bajos. Así lo hicieron sus predecesores con unos arreglos florales bendecidos ya por el obispo de Róterdam. En un par de semanas, a 7.000 kilómetros de distancia, en los jardines de la Casa Blanca (Washington), se abrirán los tulipanes regalados todos los años por los cultivadores neerlandeses. En cumbres políticas y visitas oficiales, las flores se eligen para marcar la importancia de la situación. Es el poder blando —soft power, en las relaciones internacionales— de unos frágiles y simbólicos brotes.
Los arreglos que adornan el Vaticano durante la Pascua y los tulipanes a punto de abrirse en los jardines de la Casa Blanca proceden de Países Bajos, y son un símbolo cultural y de acercamiento usado también por otros países en las relaciones internacionales
Este Domingo de Resurrección, durante la bendición urbi et orbi, es muy posible que el Papa León XIV agradezca, en su primera Pascua como pontífice, las flores enviadas desde Países Bajos. Así lo hicieron sus predecesores con unos arreglos florales bendecidos ya por el obispo de Róterdam. En un par de semanas, a 7.000 kilómetros de distancia, en los jardines de la Casa Blanca (Washington), se abrirán los tulipanes regalados todos los años por los cultivadores neerlandeses. En cumbres políticas y visitas oficiales, las flores se eligen para marcar la importancia de la situación. Es el poder blando —soft power, en las relaciones internacionales— de unos frágiles y simbólicos brotes.
Delicadas y poderosas al mismo tiempo, las flores han sido una herramienta espiritual y de comunicación desde el Antiguo Egipto, donde el loto aparecía en el interior de las pirámides y en los templos. En Grecia y Roma, la rama de olivo encarnaba tanto la paz como un ofrecimiento de la misma, y las flores se asociaban a los dioses. La respuesta emocional que generan no se ha apagado, y las que adornan hoy zonas públicas y privadas en citas políticas, visitas oficiales y de Estado, y en negociaciones de paz, van más allá de la estética y cuentan con fondos especiales en el protocolo. “Relajan el ambiente y contribuyen a lo que entendemos por poder blando”, señala, al teléfono, Nicholas Cull, experto en Diplomacia Pública en la Universidad del Sur de California. “No te puedes imaginar una cumbre política sin flores”, continúa. “Sería una forma de sugerir que ha habido falta de preparación y cuidado para algo tan importante. Además, forman parte de la imagen de un país”. Por extraño que parezca, la frescura y el hecho de que sean perecederas conforman su pujanza. “Si fueran de plástico y no hubiera que cuidarlas, no ayudarían a crear una atmósfera de buena voluntad en situaciones de alto voltaje político”, advierte Cull.

También pueden causar problemas. En los años noventa, durante las conversaciones de paz en Irlanda del Norte —culminadas con el Acuerdo de Viernes Santo firmado el 10 de abril de 1998, que estableció un poder compartido entre Irlanda y Reino Unido— hubo que tener gran cuidado. Según Cull, “los lirios se asocian a los republicanos católicos, mientras que las rosas se adjudican a los protestantes, y no se podían poner flores que tuvieran la menor connotación política dependiendo del momento”. Eso demuestra, señala, “que la cultura puede unirnos, pero también separarnos en ocasiones”. Al mismo tiempo, hay simbolismos que permanecen por encima del fracaso político y humano de las guerras. “Piense en los campos de amapolas que florecían en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial [en Flandes (Bélgica) y el norte de Francia] y la fuerza de esa flor en la memoria colectiva del Reino Unido todavía ahora”.

El tulipán, robusto y de múltiples colores, se asocia inmediatamente a Países Bajos a pesar de que no es la flor nacional. Originaria de Asia Central, se planta en otoño “y representa la esperanza en la primavera; que no todo llega de inmediato y es preciso esperar”, explica Mark-Jan Terwindt, presidente de Royal Anthos, la Asociación de Comerciantes de Productos de Vivero y Bulbos, responsable de la donación anual para la Casa Blanca. En marzo pasado, y apoyados por un subsidio de la Unión Europea, los exportadores de bulbos regalaron 150.000 tulipanes a Estados Unidos con motivo del 250 aniversario de su Declaración de Independencia. En la Explanada Nacional de Washington (National Mall), se dispusieron de manera que la gente pudiera llevárselos gratis. La embajada neerlandesa en el país también contribuyó, y en un momento de presión comercial debido al vaivén de los aranceles impuestos por el presidente, Donald Trump, el espectáculo visual respaldó la voluntad del sector de mantenerse a ese lado del Atlántico. “También mandamos bulbos de tulipán a Canadá, y son un patrimonio compartido”, dice Terwindt.
Algunos países aprovechan su riqueza floral como instrumento diplomático directo. El Principado de Liechtenstein, situado entre Suiza y Austria, usa la flor nacional, edelweiss (pie de león, según la RAE) en los ramos obsequiados a mandatarios extranjeros. En el sudeste asiático, Singapur cuenta con un Jardín Nacional de Orquídeas y una sección dedicada a las que llevan el nombre de diversos líderes mundiales. Hay, entre otras, una para el expresidente estadounidense, Joe Biden, y para su esposa, Jill. Otra es para su antecesor, Barak Obama. El fallecido presidente sudafricano Nelson Mandela, y la que fuera primera ministra británica, Margaret Thatcher, tenían las suyas. Jill Biden también cuenta desde 2023 con un tulipán de color albaricoque a su nombre en el famoso jardín floral neerlandés Keukenhof. En abril de 2024 se dedicó otro al rey británico, Carlos III, en el mismo lugar. Es amarillo dorado. Sin olvidar que la princesa Amalia de Orange regaló en 2025 un jardín de tulipanes a Madrid. Fue como agradecimiento por la hospitalidad recibida cuando vivió en secreto en la capital española durante 2023, debido a las amenazas de un grupo del crimen organizado.

En 2022, una campaña de recogida de bulbos de tulipán en el sector, organizada por el neerlandés Michel de Bruine desde el vivero Tulip Store, logró reunir 150.000 ejemplares que fueron donados al Dobropark, un parque cercano a Kiev, la capital de Ucrania. El terreno había sido utilizado por soldados rusos durante la invasión del país, y pudo abrir de nuevo a partir del año siguiente con las flores como símbolo de vida.
Entre 1634 y 1637, los tulipanes provocaron en Países Bajos la primera crisis especulativa en la historia de las inversiones al alcanzar los bulbos precios exorbitantes. La demanda bajó de golpe y los especuladores se llenaron de deudas. La locura de los tulipanes, que llegaron a costar lo mismo que una casa en Ámsterdam, se desvaneció, pero la flor siguió siendo popular a precios asequibles. “El tulipán es hoy un icono”, asegura Mark-Jan Terwindt. Y aunque la imagen diplomática que quiere proyectar al exterior Países Bajos “es la del país que puede ayudar a manejar el agua; el de los derechos humanos, por los tribunales internacionales con sede en La Haya; el del comercio gracias al puerto de Róterdam”, apunta Cull, algo tan espectacular como las flores “siempre ayuda”.

Pero, entonces, ¿cuál es la flor nacional? En 2023, fue elegida la modesta margarita que crece en la hierba en un programa de radio en el que votaron 53.000 neerlandeses. El tulipán es la flor nacional de Turquía y Hungría.
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