Puig y Estée Lauder, dos clanes familiares que crearán un gigante de 20.000 millones de ingresos para hacer frente a L’Oreal

Tras un siglo de historia, sus fundadores se han sentado a la mesa para hablar de un futuro en común que reforzará su posición de liderazgo en la alta perfumería y la cosmética de lujo Leer Tras un siglo de historia, sus fundadores se han sentado a la mesa para hablar de un futuro en común que reforzará su posición de liderazgo en la alta perfumería y la cosmética de lujo Leer  

Estée Lauder y Puig son compañías centenarias que suman casi dos siglos de historia. Estée, criada en el neoyorquino barrio de Queens, empezó a experimentar en la cocina de su casa gracias a la ayuda de su tío, químico de profesión, hasta crear sus primeras cremas faciales. Años después se casaría con Joseph Lauter (a posteriori Lauder, por un problema en la traducción en su pasaporte) y heredaría de él el apellido que da nombre a uno de los conglomerados de cosmética más relevantes del mundo.

De ella nació la idea de repartir muestras gratuitas de los productos de belleza, algo que a día de hoy se sigue haciendo en todas las perfumerías. En 1946 nació oficialmente Estée Lauder, la compañía que hoy es un imperio, con más de 57.000 empleados en todo el mundo. Es la rival estadounidense de L’Oreal, el líder del sector, con un valor de mercado seis veces superior, próximo a los 190.000 millones de euros. Un coloso europeo que figura entre las mayores cotizadas de Europa.

Puig, por su parte, es una compañía con 112 años de historia a sus espaldas, aunque comenzó a ser conocida para el gran público (al menos, el financiero) a raíz de su salida a bolsa el 3 de mayo de 2024 a 24,5 euros por acción. El mercado, como a otros tantos estrenos los últimos años, no le ha tratado bien. Antes de conocer la operación, Puig había perdido en bolsa un 36% de su valor. Ayer, tras el anuncio de conversaciones iniciales, sus títulos se dispararon un 13%. Entre sus mayores hitos Puig fue el creador del primer pintalabios fabricado en España, ‘Milady’, en la década de los años 20; o de la famosa Agua Lavanda Puig, una fragancia con solera tras 80 años desde su creación. En la década de los 60 desembarcó en EEUU y está detrás de algunos de los perfumes más vendidos del mundo como los de Paco Rabanne (1 Million) o Carolina Herrera.

Las aspiraciones de la firma catalana los últimos años han sido crecer más allá de los perfumes, por el lado de cuidado facial y de belleza. De ahí la compra de la firma de lujo Charlotte Tibury en 2020. Son, en definitiva dos de las familias más relevantes en el mundo de la belleza a nivel global que se han sentado a la mesa para valorar su futuro juntas y poder mirar frente a frente a gigantes como L’Oreal. «Sería imposible plantear una operación hostil», comentan fuentes financieras consultadas teniendo en cuenta el peso en el accionariado. Ambas firmas están controladas absolutamente por las familias fundadoras, los Puig y los Lauder. A pesar de ser dos empresas cotizadas, las familias quisieron mantener el control casi total del capital. Los Puig tienen el 93% de los derechos de voto, mientras que la familia Lauder conserva el 82%.

El valor bursátil de Puig es equivalente a una tercera parte de la capitalización de Estée Lauder en bolsa, que perdió los 30.000 millones de dólares tras la filtración de las conversaciones en la sesión del lunes, cuando llegó a desplomarse un 7,7%. El mercado da por hecho, vista su reacción, que se tratará de una adquisición más que de una fusión teniendo en cuenta los tamaños. La acción de Puig se disparó un 13%, hasta superar los 3.100 millones de euros tras conocerse la noticia, aunque su valoración total ronda los 9.000 millones de euros.

Fuentes financieras apuntan a conversaciones iniciales tras años de relación. «Mientras no exista acuerdo, no puede garantizarse que pueda haber una operación» ni los términos en los que se produce, versa el comunicado remitido en la noche del lunes por la compañía a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Uno de los accionistas de la compañía reconoce tener muchas dudas sobre que salgan adelante las conversaciones y que, en todo caso, el acuerdo de canje al que se llegue «no será beneficioso para el inversor minorista» teniendo en cuenta que es difífil recuperar las pérdidas que sufre Puig en bolsa desde su debut y porque todo se circunscribe más a una cuestión familiar, que será la que prime en la decisión.

Puig cerró 2025 con un crecimiento del 6,5% de su beneficio, hasta los 587 millones de euros y un ebitda de más de 1.045 millones de euros, con márgenes operativos del 20,7%, más cercanos al perfil de firma de lujo que al de la industria de la moda y retail general. Los ingresos llegaron a superar los 5.042 millones de euros. Por su parte, las ventas de Estée Lauder cerraron su año fiscal 2025 sobre los 14.323 millones de dólares (unos 12.300 millones de euros), en un nuevo año de caída para la compañía. No obstante, el aumento del 4% de sus ingresos en los últimos seis meses podría hacer presagiar la primera recuperación de sus cifras después de tres ejercicios consecutivos de caídas. El beneficio operativo de Estée Lauder fue de 1.146 millones de dólares (por debajo de los 990 millones de euros), un 28% menos que en 2024. Es una cifra muy parecida a la de Puig, a pesar de triplicar prácticamente su cifra de ventas.

Desde Estée Lauder valoran la operación como una «apuesta» por expandirse su negocio para «compensar el lento gasto de los consumidores en EEUU y la lenta recuperación del mercado chino», uno de los grandes consumidores de lujo del mundo que no para de encontrarse con dificultades como la nueva política arancelaria de Donald Trump, la crisis de la vivienda en China o, ahora, la guerra en Irán que impacta, principalmente al sudeste asiático.

«EEUU es el principal mercado para ambas compañías», analizan desde Goldman Sachs. Representa el 26% de los ingresos para Estée Lauder y el 12% para Puig; seguido de China con el 25% y el 2%, respectivamente, y la región de Europa, Oriente Medio y África que supone más del 55% para la firma catalana y el 38% para la estadounidense. Puig daría una mayor exposición a Estée Lauder a Latinoamérica donde cuenta con una presencia muy reducida y para el grupo español representa casi una quinta parte de sus ventas.

«La combinación de ambos negocios daría lugar al segundo mayor player» de la industria cosmética por detrás de L’Oreal con una cuota de mercado del 15% frente al 16% del grupo galo. Distintos bancos de inversión ven una clara lógica de negocio en esta operación porque se trata de dos empresas con orígenes muy similares y complementarias desde el punto de vista geográfico y de producto. Puig aportaría su profunda experiencia en la rama de fragancias y perfumes de alto valor, que suponen el 72% de sus ventas; mientras que Estée Lauder, mucho más focalizada en el cuidado de la piel -una línea de negocio donde Puig había puesto el foco de crecimiento-, registra la mitad de sus ventas en marcas tan reconocidas como La Mer, Clinique o The Ordinary y otro 29% viene de firmas de maquillaje (como Mac, entre otras).

Bestinver Securities entiende la lógica de la operación que «transformaría el sector de la belleza, creando un titán con 20.000 millones de dólares de ventas anual para revalizar con L’Oreal». Sin embargo, en el caso de que la operación no fuera una fusión, sino una compra de Estée Lauder a Puig, su analista sí ve «riesgo de ejecución» ya que la operación podría plantearse en un canje de acciones más efectivo lo que «diluiría el control» de la familia en la nueva compañía; y creen también que la deuda que han adquirido de Saks Global -declarada en quiebra y cuyos acreedores son ahora una treintena de compañías- «añade complejidad» a la valoración de ambas firmas a la hora de cerrar un precio.

En todo caso, las fuentes consultadas reconocen que Puig «no tiene ninguna urgencia por buscar un socio». Tiene un endeudamiento muy reducido, equivalente a 0,7 veces el ebitda del grupo, y cuenta con caja neta por valor de 664 millones de euros a cierre de 2025.

La operación que, según distintas firmas de análisis, se planteará en acciones y efectivo, podría cerrarse con una prima del 20%, que prácticamente ha recorrido ya la cotización tras conocer la noticia. Los analistas de Banco Sabadell plantean un acuerdo que diluiría el control de la familia Puig hasta el 27% de la compañía resultante. «La española lograría cristalizar una valoración netamente superior a los niveles actuales y pasar a cotizar en EEUU donde los múltiplos de los comparables son más elevados, lo que daría recorrido natural a la nueva compañía», señalan. Solo por multiplicadores Estée Lauder cotiza a 50 veces beneficio, L’ Oreal está sobre las 30 veces, frente a las 15 veces de Puig.

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